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Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

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Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por llavebulacio el 2013-11-19, 16:12

¿Han visto esas paridas que solía escribir? Pues esta es otra de ellas. Con un poco de suerte, será algo mejor. Ojalá disfruten la historia.

Capítulo 1:
Las olas restallaron de nuevo contra el pronunciado barranco. Ese profundo olor salino, tan familiar y tristón como siempre, me inundó las fosas nasales apenas asomarme. Me senté en la cornisa, y miré al horizonte, como otras tantas veces. Este día, la siempre hermosa puesta del sol se vió reemplazada con una línea grisacea, llena de nubarrones, que avanzaba hacía la costa inexorablemente, repentinamente iluminada por relampago fugaz. Mis lágrimas volvieron a resbalar por mis mejillas para, como todos los días, alimentar aquel vasto oceano.

Bajé la vista y, cientos de metros bajo mis pies, el pacifico se arremolinó, golpeando con furia la pared del barranco, como queriendo lamer la suela de mis zapatos. La linea grisacea era ahora un cumulo de nubes, cada ves mas cerca de mi casa. Me volteé a verla: Esa pequeña construcción de piedra y madera era mi hogar desde hacía muchos años. Y antes de eso era mi casa de Verano. Claro, todo eso pasó antes de aquello. Esa vez... No. No debo pensar en eso. NO quiero pensar en eso. Es mejor dejarlo estar.

-¡Ayuda! ¡Ayuda!

Sacudí la cabeza para distenderme, y miré a mi alrededor. La voz parecía venir de debajo del acantilado, pero eso era imposible. No había un tramo de costa en kilometros. La única manera de bajar, era cayendo. Se caía sobre el agua, sí. Pero la poca profundidad del agua volvía la caída algo mortal.

-¡Aquí, señor, aquí! -Los gritos sonaron, resonantes, en mi cabeza.

Fue entonces cuando ví lo imposible. Una niña pequeña, de ocho años, tal vez, agitaba su pequeña manito desde el agua. Realmente, la suerte de esta niña era tremenda: Justo en este momento la marea parecía estar en un momento de quietud. Las olas habían dejado de chocar contra las piedras, y lo único que se oía, a parte de los gritos de la niña y los remotos truenos, era el leve murmullo del agua.

Pero no me alivié. Porque, al levantar la cabeza, comprobé lo que temía: El cumulo nuboso ahora ocupaba toda la boveda celeste. Aquella calma no era mas que la quietud en la que devenía la tempestad. La conozco perfectamente. Era igual aquella vez... ¡NO! Concentrate, por Dios, concentrate.

Corrí hacia el cobertizo, pero el apuro me hizo tropezar en el camino. Me levanté y seguí corriendo.  Abrí la puerta apresuradamente y agarré aquella vieja pero resistente cuerda de alpinismo que solía usar. Corrí de regreso hacía el acantilado, y até la soga a un viejo enganche que había clavado en el borde del acantilado hace mucho tiempo. Lancé la soga, pero la niña no tenía fuerzas para sujetarse.
Un trueno repentino iluminó el cielo, y el viento comenzó a arreciar con fuerza. En el horizonte, las olas comenzaron a elevarse. Hice, entonces, algo que no había hecho hacía mucho tiempo. Me lancé al abismo, me dejé caer rápidamente a través del aire y, casi a último momento, agarré la soga. Puse fuerza, y detuvé el impulso de la caída. Me solté de la soga y caí el metro que faltaba de manera impecable. Sacudí un poco los brazos, adoloridos por las fuerzas G, y miré a mi alrededor.

-¡Aquí! Aquí...

Bajé un poco la vista. La niña estaba tirada contra el lecho de roca, medio desvanecida. La tomé con un brazo y, con el otro, volví a sujetar la cuerda.

***

El rugido del viento a mis espaldas, y la cada vez mas cercana espuma marina salpicandome los tobillos me recordaban la tempestad que se acercaba. La niña, ya completamente inconsciente, se me resbalaba a cada momento, pero, pese a todo, no la dejé caer. Minuto tras minuto, metro tras metro, fui ascendiendo aquel risco de cien metros del altitud. Yo mismo lo había medido. Los pies postrados con fuerza en la roca, y la mano firme en la cuerda, ese era el único contacto que tenía con la realidad. Fuera de eso, todo era viento y bruma. Viento que soplaba en mis oídos, susurrandome que caiga. Bruma que humedecía mis piernas adoloridas. Viento y bruma, y yo. Avanzando inexorablemente. Nada mas me importaba, ni la tormenta ni las cada vez mas altas olas.

No sé cuanto tiempo pasó. Podría haber sido una hora, tal vez dos. Tal vez fueron quince minutos. Tal vez treinta. Solo sé que, para cuando corría hacia la casa, la lluvia había resuelto empezar a caer. Los pocos metros que me separaban de casa fueron casi insalvables. Los truenos, a veces cercanos y a veces lejanos, el viento, que a veces era un murmullo y a veces gritaba en mi oído... Todo conformando aquella terrible sinfonía de tempestad... Entré a mi casa empapado y con la niña en mis brazos. Tras un momento de deliberación, la deposité en mi cama.

Una vez comprobé que estaba fuera de riesgo, el cuerpo volvió  a responderme. Cientos de espamos de dolor me recorrieron la espalda, y las piernas, temblorosas, me reclamaron descanso. Fuí hacia la cocina y agarré el botiquín. Me senté en  aquel viejo y mullido sillón que siempre solía usar los fines de semana y, metodicamente, comencé a vendar cada uno de los raspones que me había hecho subiendo el acantilado. El dolor muscular, por otro lado, lo traté con dos aspirinas. La experiencia había sido tan fuerte que, durante el tiempo que duró, no había notado nada. Pero, ahora que volvía a la realidad, aquella vulnerabilidad humana se mostraba ante mí con toda su fuerza: Estaba muerto de hambre y sed, y tenía muchas ganas de ir al baño. Pero lo mas fuerte era el sueño. No hice tiempo ni de levantarme. A los pocos segundos, me quede dormido.

***
Me despertó un suave aroma a huevos fritos. Hacía mucho que la fragancia de unos huevos bien hechos no impregnaba mi casa...

Abrí los ojos. Muy alegremente, y aún con aquellos desvaídos harapos, la niña fritaba huevos en una sartén. Me incorporé y miré a mi alrededor. A travez de mi ventana, seguía lloviendo torrencialmente, y ocasionales relampagos iluminaban el cielo. Me fijé en la niña, y ella me miró. No estoy seguro que pasó luego, solo puedo decir que pasé mucho tiempo tratando de discernir que sentí exactamente al ver aquellos profundos ojos azules. Pero sí algo recuerdo bien es como, con la voz clara y propia de una niña pequeña, me sacó de mis ensoñaciones.

-¡Buenos días! Parece que Thor aún no se rinde con su fiesta, pero aquí nada puede pasarnos. ¡Venga a desayunar, señor Mead!
Capítulo 2:
Mientras devoraba el huevo frito, me tomé un momento para contemplar aquella extraña niña. Tenía pelo castaño y ojos azul claro, y una piel anormalmente pálida. A pesar de que su delgadez denotaba que hacía tiempo que no comía como es debido, la pequeña se desenvolvía con suma elegancia. Tanto en sus gestos y maneras como su forma de hablar, aparentaba un porte que, con sus ropas harapientas y su extrema (Y muy evidente) desnutrición, no tenía.
Decía llamarse Helena. No sabía de donde venía, aunque, según ella, sus padres eran muy adinerados. Bueno, si he de ser franco, no parecía una chica de padres ricos, era sencilla, amable, y se conformaba con lo que había en mi casa. Sin embargo, sus andrajosas ropas, al verlas con cuidado, ciertamente habían sido, en el pasado, parte del algún conjunto. Y por la (Arruinada) calidad de la tela, debía de ser un conjunto muy caro.
Le dije que al día siguiente la llevaría en mi coche a la ciudad, y me preguntó que era un coche. Sonreí y le pregunte si estaba bromeando. No, no estaba bromeando. Me dijo que en la isla donde vivía no había nada de eso. Y que ella había crecido en una...

-¡¿CUEVA?! ¿Creciste en una cueva?
-Sí, ¿Donde sino? Aunque la suya, debo admitirlo, es bastante mas suntuosa que la mía... -Dijo con una sonrisa inocente y toda la naturalidad del mundo.

La cosa no terminaba ahí. Era una isla a la que solo se podía llegar llendo directamente hacia el atardecer, partiendo directamente desde...

-Su acantilado, señor Mead.
-¿Como sabes mi nombre? -Le pregunté.
-Se le vé en los ojos... -Pareció tan sorprendida por su respuesta como yo.

Le pregunté como era su isla, y me dijo que no la conocía.

-¿No conoces tu propio hogar?
-Eh... Conozco cada centímetro de mí cueva, si a eso se refiere. Pero nunca nos dejan salir a jugar afuera...
-¿Y como terminaste en altamar?
-Eh...Ví... Lo ví. -De repente, su mirada se crispó en una especie de gesto de locura- Me desmayé... Y cuando volví en mí estaba allí abajo.

La chachara de la niña tomo rumbos inesperados, desde las bellas flores que crecían alrededor de mí casa hasta mis terribles habitos a la hora de comer. La ráfaga de preguntas, pasó, entonces al sentido inverso:
Sí, mi nombre era Johnatan Mead. Sí, esta era mi casa. No, no vivía con nadie. Y así por varias horas. Cuando lo tedioso de la conversación llego al nivel insoportable, la interrumpí y le pedí amablemente que se sentara en la sala. Necesitaba un poco de paz. Aquella curiosa niña me había taladrado el cerebro con sus preguntas. ¿Y cual era la mejor manera de distraerla para poder descansar? Encendí la televisión y le dí el control remoto. La niña lo miró, extrañada, sin saber como usarlo. Tras deliberarlo por varios minutos, me decanté por dejar que ella lo dedujera. Subí las escaleras y me fui a mi habitación. Me acoste en mi aún destendida cama, y continúe durmiendo.

***
Desperté con Helena tironeandome del brazo.

-¡Señor Mead! ¡Señor Mead! ¡Me ha seguido!

Me incorporé de la cama y me dirigí a la ventana. La lluvia había amainado un poco, pero seguía cayendo con fuerza. A algunos metros de mi casa, contra el límite del bosque, se erguía una figura solitaria.
De repente, un relampago iluminó el cielo. Tras una milesima de segundo, ahogé un grito y me aparté rápidamente de la ventana. Contra la oscura silueta del bosque se erguía un ser vestido de traje y, sobre todo, sin rostro.
Capítulo 3:
-¿O-Ocho páginas?

Helena me sonrió.

-¡Sí, señor Mead! ¡Ocho páginas!
-Pero... ¿Para qué?
-Para que no lo mate. -Dijo, y río por lo bajo. De repente, aquella chiquilla me causó escalofríos.
-¿Y donde dices que debo encontrarlas?

Ella levantó sus manos, como si no pudiera hablar del tema.

-Eso arruinaria el juego, señor Mead. Deben estar esparcidas por el bosque. -señaló hacia fuera, donde aquella espectral silueta seguía allí, inmovil.- ¡Vamos, usted puede hacerlo! Ji, ji, ji...

A semejantes horas de la noche, con aquel ser fuera de mi casa, y la lluvia cayendo torrencialmente,  la risita de Helena no pudo hacer menos que erizarme el vello de la piel. Me estaba mandando a mi muy probable muerte y, sin embargo, parcía divertida con la situación...

-¿Vendrás conmigo?
-¿Esta loco? ¡Me calaría hasta los huesos!

Como dándose por ofendida, Helena se cruzó de brazos y salió de la habitación. Viendo que no me quedaba otra alternativa, salí de mi habitación y descendí lentamente las escaleras. Iba a morir... No sabía que mierda sea esa cosa, pero seguro me va a matar... ¿Qué... voy... a hacer...? Mi casa esta a varios kilometros del pueblo, y nos separa un vasto y frondoso bosque de robles añejos. Me acerqué  a la puerta de mi casa, y la acaricié. Sentí la rugosa textura de aquella vieja puerta que había cuidado la entrada desde que tenía memoria. Tenía que salir. Sabía que tenía que salir... Pero antes... Volteé la cabeza hacia la derecha, hacia un viejo y polvoriento anaquel que otrora perteneciera a mi padre, donde descansaba un viejo rifle de caza. Me acerqué al anaquel como un muerto de hambre a un pedazo de pan pero, antes de que pudiera abrirlo...

-No le servirá de nada... En esta situación, un paraguas y una linterna podrian serle infinitamente mas útiles...

La voz venía desde arriba de la escalera, y pertenecía a Helena, obviamente. Aunque un rifle me hubiera hecho sentir definitivamente mas seguro en aquella situación, decidí seguir el consejo de mi “amiga”, ya que, de alguna forma u otra, parecía conocer a aquel misterioso ser. Así que me encaminé a la cocina, donde saqué de un cajón una potente linterna que solía usar cuando se me cortaba la luz. Luego, volví a la sala y agarré un viejo y desgastado paraguas de su correspondiente percha. Una vez me hube aprovisionado como (Según Helena) era debido, agarré con mi mano la manija de la puerta.

-¡Oh! Y señor Mead... No le vea el rostro.
-¿Por? -Le pregunté, aunque no deseaba saber la respuesta.
-Si lo mirá directamente al rostro por mucho tiempo... Morirá. -Dijo, con un tono que, aunque parezca una locura, me sonó alegre.

Inhalé y exhalé un par de cientos de veces, hasta que por fín junte suficiente valor como para abrir la puerta. Sostuve el paraguas, para evitar empaparme, y encendí la linterna. Tal y como me había indicado Helena, me encaminé hacia donde aquel ser se encontraba. La parte trasera de mi casa. Mientras avanzaba, observécomo el viento parecía arremolinarse contra mis ojos, y como con cada paso la lluvia parecía intensificarse. Finalmente doblé la última esquina. Y alí estaba, parado como una fuerza inexpungable, expectante. Me acerqué a él, pero se mantuvo inmutable. Me detuve a unos pocos pasos de él. Y fijé en mi vista en su pecho. Él se mantuvo inmutable, emitiendo una prescencia fría e implacable, como la muerte. No, no debo pensar en eso...

Y así nos quedamos, vigilandonos mutuamente, por un minuto que pareció siglo. Cuando parecía que nada iba a pasar, un rayo cayó donde el Ente. La potente luz me cegó un instante y, cuando recuperé la vista, el ser había desaparecido. Todavía siguiendo las instrucciones de la niña, me acerqué al lugar donde había estado el ser. Me cercioré de que no hubiera nadie a mi alrededor y me agaché para recoger la primera página. A pesar de que llovía torrencialmente, la sentí seca. Apoyé mi paraguas sobre el hombro y agarré la linterna con una mano mientras sostenía la hoja con la otra. Una vez hecha esta maniobra, pude ver su sombría inscripción:

Te estoy viendo, rezaba.

El juego había comenzado.
Capítulo 4:

Capítulo 4: El Juego del Ente
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!

La linterna se me cayó de la mano, y se apagó con el golpe. Me lancé al suelo rápidamente, buscandola. No debía quedarme a ciegas, no con ese terrible ser enfrente mío. Tanteé el suelo durante varios minutos, siempre esperando un golpe mortal que nunca llegó. Finalmente, encontré la linterna y, un par de sacudidas mediante, la encendí. Pero el ser ya no estaba. Miré a mi alrededor, pero no lo encontré por ningún lado. Entonces...

-¡Sí!

Mi alegría era poco menos que mayuscula. Algunos metros delante, clavada en un árbol, había una cosa que parecía reflejar la luz de mi linterna. Recorrí rápidamente los pocos metros que separaban de ella, y recogí la cuarta página.

No escaparás por siempre.

Me la guardé en el bolsillo, y continúe buscando por el bosque. Cada paso que daba me causaba un profundo terror, pues arrancaba un terrible crujido de la gruesa capa de hojarasca que recubría el suelo. De vez en cuando, me parecía ver la silueta de aquel monstruo una milesima segundo pero, cuando apuntaba la linterna hacía allí, ya no estaba. Entre estos sobresaltos, encontré otras dos páginas. Solo dos me faltaban para terminar el macabro juego de aquel ser. De vez en cuando, y cada vez mas a menudo, la oscuridad parecía envolverme, y todo se volvía negro, únicamente interrumpido por la luz de la linterna. Rebusqué en mi bolsillo, solo para asegurarme de que aún tenía aquel par de pilas de emergencia. Las tenia, así que seguí recorriendo aquel bosque.

Tenía mucha suerte, en realidad. Pues conecía esta masa forestal de cabo a rabo, de tanto recorrerla en mi infancia. Era el abrigo de muchos bellos recuerdos, pero también... De recuerdos horribles.

-¡Ja!

Al lado mío, apoyada en una roca, descansaba la séptima hoja.

Estoy detras de tí, rezaba.

Entonces lo sentí. Había algo detras mío. No podía verlo, y no escuchaba nada. Pero, de alguna manera, lo intuía. Moví mi paraguas hacia atrás, y se topo con algo. Algo que, definitivamente, no estaba hace cinco segundos, cuando había caminado por ahí. Me quedé ahí, durante algunos segundos. Hasta que algo comenzó a estrujar mi paraguas, y, con una fuerza tremenda, me lo arrancó de la mano. La lluvia cayó sobre mi con todas sus fuerzas, empapandome al instante. Me incliné y protegí la linterna con el cuerpo. Algo me rozó el hombro, y eché a correr por mi vida.

Corrí como nunca había corrido, con una agilidad que nunca me hubiera atribuido. Al final, resultó que era mucho mas hábil de lo que pensaba. Solo que... No tanto. Tropecé contra la raíz de un árbol. Y volé, fácilmente, dos metros. Una depresión en el terreno me permitió volar mas lejos antes de tocar el suelo y, cuando finalmente lo hice, se me cortó la respiración.

La linterna se escapó de mi mano y cayó un par de metros delante mío. Y el agua la arruinó al instante.

-¡¡¡NO!!!

Me di vuelta, para quedar recostado de espaldas, y miré al cielo. El agua me limpió el barro de la caara y me despejó la vista. Me encontraba a los pies de un viejo y nudoso roble, de decenas de metros de alto. Uno de los ejemplares mas altos del bosque, seguramente. Entonces, un relampago repentino iluminó el cielo. ¡Allí! Arriba de todo, en la parte mas alta del roble, estaba la página. A cincuenta metros de altura, enganchada en una rama, se hallaba mi salvación.

Me incorporé y comencé a escalar el árbol. Era mi última esperanza de salvación. Escalé diez, veinte, treinta metros. Entonces miré hacia abajo, y allí estaba: Aquel ser. De su espalda brotó una especie de brazo hecho de negrura, que me agarró por el pie y me lanzó de espaldas al piso. Me retorcí de dolor durante varios minutos hasta que, finalmente, abrí los ojos. Entonces lo ví: aquel ser estaba parado al lado mío. Y esta vez no hubo manera de evitarlo. Lo miré directamente a su rostro ausente.

La mas completa oscuridad me envolvió. La vista se me nubló, los ruidos se distorsionaron y todo me era insensible al tacto. No sentía ni el suelo en el que estaba apoyado, ni la tierra en la que apretaba mis manos. Finalmente me desmayé.

***
Los gritos de un niño y una mujer aún resonaban en mi cabeza cuando abrí los ojos. Seguía lloviendo, aún era de noche, pero no era aquel Ente el que estaba al lado mío. Con su andrajoso vestido ondeando con el viento, y completamente empapada, Helena se erguía a mi lado con toda su pequeña figura de ocho años. Me lanzó una hoja, LA última hoja, y puso los brazos en jarras.

-¡Al final he tenido qué salir y calarme hasta los huesos para ayudarle, señor Mead!
Capitulo 5:
Capítulo 5: Dolores ajenos al miedo
Esta era, sin duda, la situación mas rara de la que había formado parte. El inverosimíl panorama incluía a Helena, una niña de ocho años que se comportaba como si tuviera veinte, a mí mismo, un hombre de treinta y tantos calado hasta los huesos, con una hoja aún aferrada a la mano, y, por último pero no por eso menos extraño, un ser de mas de dos metros de altura, vestido de traje y sin rostro, que hacía apenas media hora tenía por principal objetivo matarme. Mientras Helena, con su cálida e indiferente sonrisa en el rostro, servía el té, releí el mensaje que portaba aquella última reliquia:

No todos los que caen mueren.

Al levantar la vista, había una humeante taza de té delante mío. Sorbí con gusto aquella cálida sustancia, que me revitalizó el cuerpo y me relajó las piernas, doloridas de tanto correr por el bosque. Pasó un momento y, como el silencio se volvía incomodo, decidí romperlo.

-Y... ¿Puedo mirarlo a la cara? -Pregunté yo.
-Bajo su propio riesgo. -Mientras hablaba, Helena revolvia de forma incesante su té, como si el remolino producido por sus movimientos la hipnotizara.
-Pero... ¿No nos hará nada? -Lo miré de reojo, pero no a la cara. Seré tonto, pero no tanto.
-¿Porque lo haría? -Dijo ella, mientras sorbía su té con el meñique estirado.
-¿No es él el que “viste”? ¿No fue él el que te trajo aquí?
-¡Ji, ji, ji! ¡Que gracioso es usted, señor Mead! Este ser es completamente inofensivo.
-¿No decias que me mataría si no terminaba su “juego”? -La increpé.
-Eh... Puede que haya exagerado un poquito... Pero la parte de verlo a la cara sigue siendo cierta.
-¡¿Y te parece que la diferencia entre sí me va a matar o no es una exageración menor?!
-¡Vamos, señor Mead! ¿No fue divertido? -Al son de sus palabras, sus ojos azules se humedecieron, y su boquita se torció en una mueca triste.

¿Merecía esta niña mi perdón? Me hizo creer que moriría indefectiblemente, me envió en una busqueda de cuatro horas a travez del bosque, a mitad de la noche y en medio de una tormenta, con aquel ser persiguiendome... No, definitivamente, no lo merecía. Un instante antes de increparla por sus acciones, fijé mi vista en su angelical carita.

-Sí... ¡Supongo que fue divertido! ¡Je, je, je! -Las cosas que hará un hombre para complacer una carita adorable, por Dios... Bueno, si soy franco, no debería quejarme. Despues de todo, así fue como comenzó aquello...

Por mi mente pasaron imagenes de un viejo y destartalado edifico al que, en mi niñez, solía llamar escuela, y también... ¡NO! ¡No debo recordar!

Como aquella exclamación mental no bastó para despertarme de mis ensoñaciones, mi cerebro ordenó instintivamente a mi puño golpear la mesa. Pese a eso, tardé varios minutos en volver a la realidad y, cuando lo hice, la situación no podía estar en peores condiciones. La taza de Helena había pasado a mejor vida al chocar contra el suelo, y su última portadora lloraba a lágrima viva, cubriendose los ojos con sus pequeñas y fragiles manos.

-¡Es usted un hombre malo, señor Mead! -Dijo ella, entre sollozos cada vez mas elevados.- ¡Mire que asustarme así...!
-¡De acuerdo, de acuerdo! ¡Lo siento! Pero por favor... Ya no llores... -Le dije. Por alguna razón, su llanto me taladraba la cabeza. -Entonces... Si no quiere matarnos, y no es quien te trajo a tí... ¿Quién es este ser? ¿Y a que ha venido?

Con las mejillas aún humedecidas, la niña inclinó su frágil cuellito hacía aquel ser esperpentico, para dar lugar a un muy curioso dialogo. No puedo estar seguro de si reamente oí algo, pero podría jurar que, cada tanto, podía detectar un constante susurro entre aquella pareja. ¿De cual de los dos interlocutores provenía? Jamás lo supe.

-Él era mi amigo en la isla... -Comenzó ella.
-¿Amigo?
-Sería mas indicado decir mascota, pero podría herir sus sentimientos. -Dijo, al tiempo que su delicada manita acariciaba aquella cabeza calva.
-De acuerdo... ¿Por qué te siguió? -Preferí pasar de largo del tema de su mascota, realmente no quería saber donde la había conseguido.
-Sintió un presagio.
-¿Presagio?
-Solo sabe que tenía que venir aquí. -Continúo.
-¿Y para qué, exactamente? -Pregunté. Por un segundo, pude ver como la habitación se ensombrecía. No era la primera vez que tenía esa especie de premoniciones. Lo que sea que pasara a continuación, no iba a gustarme.
-Para que le vea el rostro. -La naturalidad de su respuesta no hizo mas que aumentar lo macabro de sus palabras.
-¡¿EH?! ¡¿PERO NO SE SUPONE QUE MORIRÉ SI LE MIRO EL ROSTRO?!

Tan rápido como habían desaparecido, las lágrimas de Helena volvieron a aparecer en su rostro. Con una brusquedad tan impropia de ella que, por un segundo, me hizo dudar de su identidad, se apartó de la mesa y se dirigió a la salida.

-¡De acuerdo, señor Mead! ¡Si quiere ignorar mis consejos, allá usted! -Mientras caminaba con sus pasos ligeros, se cruzó de hombros. Ya habían pasado unos instantes desde que había atravesado el umbral, cuando escuché su voz.- ¿Realmente cree que lo enviaría hacia su muerte?

¡Muy gracioso! ¡Ni dos hora hacen que me hiciste creer que iba a mi muerte segura!
Fijé mi vista en el pecho de aquel ser. La discusión no parecía haber causado ningún efecto en él, que se mantuvo todo el tiempo quieto e inexpresivo. Levanté un poco la cabeza, hasta la altura de su cuello.

-¿Debo... mirarte al rostro? ¿Nada más?

No obtuve respuesta alguna.

Contra cualquier instinto lógico, contra mi propia voluntad, levanté la cabeza. Fijé mis ojos oscuros en aquella masa pálida y totalmente carente de facciones que este ser tenia por rostro. Instantaneamente, me ví envuelto en un torbellino de oscuridad. Allí donde mis ojos se posaran, solo existía la negrura. El suelo ya no existía, tampoco la silla en la que estaba apoyado. Perdí completamente la orientación. Estaba flotando en medio de la oscuridad. Entonces comencé a sentir pequeños roces, como ligeros toques de manos invisibles... Eran fricciones repentinas, que se iban  tan rápido como llegaban, pero dejaban sensaciones en mi cuerpo, como si se estuviera ejerciendo presión sobre él.

De repente, aquella terrible masa oscura se abrió en dos, formando enfrente mío una gran franja de luz. Dentro de la luz, cientos de miles de millones de extrañas partículas parecían unirse para tomar formas, como si estuviera enfrente de una pseudo-pantalla. En un comienzo, las formas eran indistinguibles, como partes de un rompecabezas que hasta el hombre mas despierto del mundo tardaría miles de años en resolver. Sin embargo, aquellas formas fueron uniendose para formar algo reconocible. Lo primero que se formó fue una pared de roca, dura y fría. Luego, unos fríos grilletes de metal que parecían moverse solos. Unas manos suaves tomaron forma, solo para encajar dentro de ellos, y sacudirse con fiereza, tratando de liberarse. Les siguieron muñecas y brazos. Las partículas se detuvieron un momento en aquel voluptuoso cuerpo, formando unas familiares curvas. Unas largas piernas y unos delicados pies se unieron a aquel cuerpo, indudablemente femenino. Levanté la cabeza, solo para presenciar como se completaba el rompecabezas, porque no tenía dudas de la cabeza que correspondía con ese cuerpo. Podrían haber pasado diez años, sí... pero no la he olvidado. Por fin, las particulas formaron su cabeza, solo para confirmar mis peores temores. Como si me hubieran hechado un balde de agua fría, volví a la realidad.

-¡LEONOR!
Capítulo 6:

Capítulo 6: No puede ser real...
Al volver en mí, miré a mi alrededor. No podían haber pasado mas de unos instantes. Un solo vistazo comprobó aquello que ya presentía: Aquel ser ya no estaba. Helena, a mi lado, me tendía una mano para ayudarme a levantarme.
Dado que el ayudarse en una dama era impropio de un caballero (Aunque ella no era una dama, ni yo un caballero), rechazé su mano y me levanté solo.
Con un gesto, le indiqué que me acompañara a la sala de estar, donde me dejé envolver por mi mullido sillón. Cerré los ojos, para visualizar todo lo que había visto en mi visión. Para olvidar todo aquello... Porque todo aquello no podía ser verdad...

-¡No puede serlo! -Grité, parandome de un salto.

Helena, por primera vez desde que nos conocimos, me plantó cara.

-¿Qué pasa, señor Mead? -Aquellos ojos suyos se veían oscuros e inexpresivos, como si estuviera haciendo un gran esfuerzo por no pensar, como si se preparara para aguantar un gran dolor.
-Eso... No fue real... -Comencé yo. En el fondo, sabía como terminaría aquella discusión, pero necesita hacer catarsis, necesitaba hacerlo.
-Por supuesto que fue real, señor Mead. -Respondió ella con toda calma- Usted no quiere aceptar lo que...
-¡NO VI NADA! -Hacía muchos años que no estaba tan enojado.- ¡NO VI NADA, PORQUE NADA FUE REAL!
-¿Nada fue real? ¿Y qué soy yo, señor Mead? ¿Yo no soy real? -Dijo ella.
-Tú... Tu eres simplemente una loca. Estas demente, simplemente eso... Debes de haberte escapado de un manicomio...

El aire se lleno de silencio. Helena bajó la vista, hacia su pies, como si le estuviera dando vueltas a mis palabras. Como si considerara la idea de que todo lo que conocía eran ilusiones.

-Pero... Mis padres... Mi isla... -Sus ojos se humedecieron.
-Vete a dormir. -Intenté con todas mis fuerzas retener mi enojo. Despues de todo, no puedo tratarla así.-Mañana te llevaré con la policía.
-Señor... Mead... -Me miró, con sendas cataratas en los ojos. Con una mirada tan clara y dulce que aplacó un poco mi furia.
-Vete a dormir. -Concluí. Y mas le valía obedecerme, no podría retener mi enojo mucho tiempo.

Helena se tapo la cara con sus manitas y corrió escaleras arriba. Jamás olvidaré como, unos segundos antes de cerrar la puerta de un portazo, pude oír un sollozo reprimido.
Al cabo de unos minutos me dí cuenta que Helena había corrido a mi habitación. Aunque estaba en todo mi derecho de echar a esa indeseable inquilina de allí, decidí que, por una vez, cerrar la bocaza y conformarme podía ser lo mejor. Ya la lastimé suficiente con semejante discusión, y no soy ningún monstruo. Así pues, me lancé de nuevo al sillón, e intenté dormir.

***

Una fría y lastimosa corriente que me acariciaba la cara fue la causa de mi despertar. Aún era de noche, aunque un tenue resplandor se asomaba en el horizonte, y, a pesar de hallarme en un estado de vigilia, no necesité mucho para ubicar su origen: La puerta principal de mi casa estaba abierta. Guiado por un presentimiento, me levanté del sillón a una velocidad inusitada. Cuando me asomé hacia afuera, el aire nocturno se encargó de despabilarme. Miré hacia el pronunciado barranco y... ¡Allí estaba!
Helena se erguía al borde del abismo, con los delgados brazos extendidos a los lados, como si estuviera por saltar al mar.
Mis pies respondieron solos a una fuerza que yo no comprendía. En pocos segundos, recorrí los metros que separaban mi casa de aquel infame lugar, dispuesto a lanzarme sobre Helena si era necesario. Cuando me dí cuenta, estaba susurrando.

-No otra vez...  No otra vez...

Hasta que llegué al borde del abismo, con las manos dispuestas a sujetar a Helena por detras. Estuve a unos pocos centímetros de hacerlo... Milímetros, tal vez. Sin embargo, ella se apartó con la ágilidad de quien ya tiene su movimiento planeado. Y yo me precipité, irremediablemente, al abismo. En el último instante, cuando mi cabeza pudo estar lo mas cerca posible de Helena, la oí susurrar:

-No todos los que caen mueren.

Entonces caí hacia el mar. Sus olas parecían rugir de impetú ante la idea de reclamarme como víctima. Sería la tercera, que yo sepa. La vida pareció ralentizarse, como si la estuvieran pasando fotograma por fotograma y, como el mar parecía cada vez mas cercano, decidí darme vuelta para ver aquella cornisa que había marcado mi vida por última vez. Y allí pude ver a Helena, asomando su inocente rostro por el saliente y, a su lado, a una forma oscura y extraña que no pude distinguir bien. Los últimos momentos de mi vida los pasé intentando identificar a aquella forma, pero lo único que pude dilucidar acerca de ella fue que no tenía rostro. No pude distinguir otra cosa, porque en ese momento...

...me ví envuelto en un torbellino de oscuridad, y perdí la conciencia de mí mismo.

***

Inhalé varias veces y miré a mi alrededor. La luz del sol, mas cálida que nunca tras aquella noche tan larga, me acariciaba la cara a travez de mi ventana. Estaba, por supuesto, en mi cama. A mi lado, Helena servía el desayuno, casi ajena a todo lo que acababa de pasar.

-Lo salvó...
-Fue solo un sueño. -La interrumpí, dando el asunto por zanjado.

Capítulo 7: Malas bienvenidas
Su risa, entrelazada con la mía, me dejaba hoy una sensación de victoria, como si todo pudiera irme bien. Sin embargo, era incapaz de dejar de pensar en eso...

-Johny... ¿Te sientes bien?

Mi vista se desvió del vaivén de las olas marinas, que se arremolinaban bajo el acantilado en el que estabamos sentados, para fijarse en el bello rostro de mi esposa, aún en su traje de novia.

-Sí... Me siento bien... Pero... No sé, esto es lo que él siempre habría querido...
-No pienses en eso. -Me respondió.- Tu no tuviste la culpa, Johny. Déjalo estar...
-No puedo... Ví sus caras... La de tus padres... La de la gente que nos veía pasar... ¡Aún lo creen, Leonor, aún lo creen!
-¡Yo sé que no es verdad! Eso es... Lo único que debe importarte.

El grito de terror de Helena previno una catastrofe, pues fue un volantazo hábil el que impidió que nos estamparamos contra los árboles.
Puerto Merileo, la ciudad mas cercana a mi casa y hogar de todos los recuerdos de mi niñez estaba a cuatro horas de viaje. Es por eso que, a pesar de haber partido con el alba, el sol del mediodía seguía brillando sobre nuestras cabezas, y aún nos faltaba media hora para llegar.
Podía ver a Helena a travez del retrovisor. La niña se aferraba con todas sus fuerzas al cinturón de seguridad, como dandole su vida. Su ojos iban y venían de un lado a otro, como buscando una posible ruta de escape de aquella trampa mortal.

-¿Es... esto... totalmente... seguro... señor... Mead...? -Murmuraba cada tanto.
-¡Por supuesto! En este país, solo hay cerca de diez mil accidentes por año. -Le respondí la sexta o séptima vez.
-¡¿Y eso le parece seguro?! -Me chilló, enloquecida.

Tras la densa maraña de árboles ya podían vislumbrarse los edificios mas altos del pueblo. El sol, que ya había traspasado su punto medio en el cielo, me causaba una molesta sensación en la nuca cuando paré a cargar combustible. La estacion de servicio, vieja y destartalada, estaba en este mismo lugar desde que era niño, y el dueño y único encargado era amigo de mi padre.

-¿Quieres un chocolate? -Le pregunté al ovillo tembloroso de mi asiento trasero.
-¿Cuantos... accidentes... causan... por... año...? -Me preguntó.

Agarré el surtidor y cargué el combustible. Mientras lo hacía, fijé la vista en Helena. Llevaba puestos uns pantalones cortos y una remera vieja, ambos sacados de mi ático y de mi juventud. Aún así, ambos le quedaban grandes. Cuando hube llenado el tanque, entré al local para pagar. Al abrir la puerta, fui recibido por la desconfíada mirada del encargado.

-¿Johnatan Mead? -Dijo él, como si contuviera la furia en su voz.
-El mismo que viste y calza. -Al responder, incliné la cabeza, como burlón. No esperaba menos, en realidad.
-Tienes valor de volver despues de lo que hiciste... -Comenzó.
-Tanque lleno. -Al tiempo que lo interrumpía, pusé el dinero en el mostrador.
-Tal vez esos idiotas que se hacen llamar policías te hayan soltado, Johnny, pero todos sabemos la verdad. No serás bien recibido en la ciudad.
-¡Ah! Y un chocolate. -Pusé un par de monedas sobre el mostrador, y pasé una mano por sobre la vitrina para sacarlo.

Mi camino desde la puerta del local hasta mi auto se vieron acompañados por los gritos del encargado, que había salido para “despedirme”.

-¡No nos olvidamos, Mead! ¡No importa como te liberó la policía! ¡Sabemos la verdad! ¡Asesino!

Y pensar... Que era amigo de mi padre... Dios, ¿Qué hice yo, exactamente, para que todos me crean capaz de todo aquello...?
Mis ensoñaciones fueron interrumpidas por la inquisitiva mirada de Helena. Para evitar una conversación, intenté concentrarme en la ruta y acelerar. A pesar de que mi intención era acelerar solo un poco, una furia contenida me hizo apretar el acelerador con todas mis fuerzas. Solo mi habilidad al volante y mis reflejos evitaron, por segunda vez, el accidente. Para evitar que la situación se repitiera, detuve el auto. Por unos minutos el retrovisor, que seguía reflejando la curiosa mirada de Helena, reclamó toda mi atención. Sin embargo, mi furia era mas fuerte. Y, para no asustar a la niña, decidí salir afuera. Apenas hube cerrado la puerta, corrí a toda velocidad hacia los árboles, adentrandome rápidamente en el bosque.

-¡¿Asesino?! ¡¿Asesino?! -Grité, con todas mis fuerzas. Y es que no podía ser que despues de tantos años, despues de tanto tiempo... No lo hubieran olvidado.

Mi mano, entre lerda y perezosa, me limpió las lágrimas de la cara. Caminé en silencio los pocos metros que me separaban de los lindes del bosque y volví a subirme al auto. Debía ir a la ciudad, sí. Pero no quería hacerlo. ¿Como iba a dar la cara? ¿Como? Por unos momentos, sentí la irrefrenable tentación de dar la vuelta con el auto, volver a casa y, sin detenerme, lanzarme por aquel condenado barranco que, con tantas desgracias, había marcado mi vida. Pero, al girar la cabeza, pude ver que el  Universo me había dejado un pequeño regalo.

A mi lado, en el asiento del acompañante, había una niña.

Con movimientos torpes, Helena intentaba abrocharse el cinturón de seguridad. Volví mi vista adelante, para distraerme, y giré la llave en el contacto. Mi súbita frenada había gastado un poco el motor, por lo que fueron necesarios un par de intentos antes de que pudiera arrancar. Una vez listos para volver al camino, volví a mirarla. Sus delicadas manitas seguían debatiendose con la hebilla de su cinturón, sin nunca vencerla. Tras varios minutos contemplando los vanos intentos de Helena, me incliné hacia ella y le abroché el cinturón, todavía ríendome para mis adentros. A modo de agradecimiento, Helena me recompensó con una de sus miradas, claras e hipnoticas, en la que cualquiera podía perderse por horas. Le pasé la mano por el pelo, dandole una caricia consoladora, y le sonreí. Ella también me sonrío y, por un minuto, fui el hombre mas feliz del mundo.

No estoy seguro de cuanto tiempo nos quedamos ahí, mirandonos en silencio. Solo sé que, cuando continuamos nuestro camino a la ciudad, el sol parecía haber cambiado de sitio. Como si una fuerza invisible lo hubiera forzado a avanzar un cuarto de su camino en lo que habían parecido unos pocos minutos.
___
Ni siquiera yo estoy seguro del final de este cuento xDDDDDD ¿Qué les parece hasta ahora?

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Última edición por llavebulacio el 2013-12-02, 23:07, editado 9 veces
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Re: Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por silvanash el 2013-11-19, 16:41

1: "Fe" no lleva tilde. No voy a mencionar el resto de las faltas de ortografía del texto, pero he tenido ganas de asesinar a alguien.

2: El tal Mead debe de ser un hijo de titanes o algo. No creo que haya mucha gente capaz de escalar un risco de 100 metros cargando con una niña.

3: No está mal el texto. Ambiente correctamente descrito, buen flujo emocional y Titán-salva-loli. Lo que me gustaría saber es quién es lo bastante imbécil como para intentar ese rescate en esas condiciones.
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Re: Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por llavebulacio el 2013-11-19, 16:51

@silvanash escribió:1: "Fe" no lleva tilde. No voy a mencionar el resto de las faltas de ortografía del texto, pero he tenido ganas de asesinar a alguien.
Okey... Revisaré mas la proxima... Maldito OpenOffice, no me vino con corrector xD

@silvanash escribió:2: El tal Mead debe de ser un hijo de titanes o algo. No creo que haya mucha gente capaz de escalar un risco de 100 metros cargando con una niña.
No te preocupes, se pondrá peor. Muchos misterios, personajes invitados y algún que otro guiño mezclados con la historia que inventé. Por cierto, Mead es el apellido del protagonista de "El Peatón" de Bradbury. Creo que ambos están perdidos de alguna forma u otra xD

@silvanash escribió:3: No está mal el texto. Ambiente correctamente descrito, buen flujo emocional y Titán-salva-loli. Lo que me gustaría saber es quién es lo bastante imbécil como para intentar ese rescate en esas condiciones.
Se pondrá peor... xD Y tiene algo que ver con ciertos traumas. Me divertiré escribiendo esta historia tanto como nadie se divertirá leyendola.

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Mensaje por Ledai el 2013-11-19, 16:58

Me gusta, me parece bien tratado y argumentado, pero aún así me parece un tanto apresurado, suceden los acontecimientos un tanto amontonados, y en realidad sé que es necesario imprimir la tensión en el ambiente, pero no es bueno hacerlo suprimiendo descripción, por lo demás resulta coherente y plantea una situación creíble, lo que no entendí tan bien fue la bajada del héroe a la cala... Sé tiró sin tener agarrada la cuerda??? Y luego la agarró en la caída??? Tu sabes lo que duele eso en los hombros??? XDDD...

No, en serio, está bien... solo un detalle que me llamó la atención; "la manito" en españa no suelo escuchar eso... supongo que te refieres a la manita no??

Bueno, Un saludo y continúa la historia ^_^
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Re: Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por llavebulacio el 2013-11-19, 19:38

La-espada-de-Auron escribió:Me gusta, me parece bien tratado y argumentado, pero aún así me parece un tanto apresurado, suceden los acontecimientos un tanto amontonados, y en realidad sé que es necesario imprimir la tensión en el ambiente, pero no es bueno hacerlo suprimiendo descripción,
Lo escribí en un momento medio... Especial, así que sí, supongo. Se pone MUUUUUUUUUUUCHO peor... xD

La-espada-de-Auron escribió:por lo demás resulta coherente y plantea una situación creíble, lo que no entendí tan bien fue la bajada del héroe a la cala... Sé tiró sin tener agarrada la cuerda??? Y luego la agarró en la caída??? Tu sabes lo que duele eso en los hombros??? XDDD...
Y cuanto xD Nah, ni idea... Pero creo que en la parte en la que le duele toda la espalda por el final lo explica un poco. Estaba brutalmente anestesiado por la adrenalina.

La-espada-de-Auron escribió:No, en serio, está bien... solo un detalle que me llamó la atención; "la manito" en españa no suelo escuchar eso... supongo que te refieres a la manita no??
Seh... Debe ser porque soy argentino xD (Aunque tal vez sea mi culpa).

¿Nadie preguntará por el nombre?
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Mensaje por orochii el 2013-11-19, 22:52

Yo, pregunto. ¿Vas a explicar cuándo es que la niña supo que el hombre se llama Mead? O si se lo está inventando o qué (algo como "¡tú te llamas Alfredo y punto, tienes cara de Alfredo!").
EDIT: Ah claro, y pregunta 2 respecto a nombres. ¿Inuj?

La historia me gusta. Hay dos cosas que quiero mencionar eso sí. La primera, que en el comienzo, en la parte introductoria, veo un exceso en el reordenamiento de los adjetivos, cosas como "el pronunciado barranco". Una o dos veces, pasa, pero fueron como cinco, no sé, me sonó un tanto raro, quiza es gusto personal. O es gusto personal quizá (o el personal gusto -?-).

Lo otro es que esa introducción es muy intensa. Ciertamente me atrapó. Ahora que habrá que ver cómo avanza, que lo intenso se vaya dando a pequeñas dosis, y esas dosis aumentando. En fin, hago referencia a aquellos vídeos de aquel tema xDDD...

Pero no, pues, quiero siguiente parte =DDD,
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Mensaje por llavebulacio el 2013-11-19, 23:53

@orochii escribió:Yo, pregunto. ¿Vas a explicar cuándo es que la niña supo que el hombre se llama Mead? O si se lo está inventando o qué (algo como "¡tú te llamas Alfredo y punto, tienes cara de Alfredo!").
EDIT: Ah claro, y pregunta 2 respecto a nombres. ¿Inuj?
Bueno, eso se "explica" (O complica) más en el siguiente capítulo. Sí... La loli (Ya me contagiaste, Silva xD) es bastante interesante. Inuj... Tecleo al azar para guardar el texto en el Escritorio xDDDDD Me terminó gustando.

@orochii escribió:La historia me gusta. Hay dos cosas que quiero mencionar eso sí. La primera, que en el comienzo, en la parte introductoria, veo un exceso en el reordenamiento de los adjetivos, cosas como "el pronunciado barranco". Una o dos veces, pasa, pero fueron como cinco, no sé, me sonó un tanto raro, quiza es gusto personal. O es gusto personal quizá (o el personal gusto -?-).
A mí me pareció bien. Ni idea :P

@orochii escribió:Lo otro es que esa introducción es muy intensa. Ciertamente me atrapó. Ahora que habrá que ver cómo avanza, que lo intenso se vaya dando a pequeñas dosis, y esas dosis aumentando. En fin, hago referencia a aquellos vídeos de aquel tema xDDD...
En el segundo capítulo, preparate para bizarrada a pleno. Probablemente lo publique mañana, si tengo tiempo (Cosa que no creo), en caso contrario, y si la fortuna me acompaña, lo publicaré esta noche misma.

¡Gracias por leer!
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Mensaje por llavebulacio el 2013-11-20, 03:11

Añadido capítulo 2

PD: Es una especie de costumbre, o me gusta actualizar así xD Sí el admin lo considera innecesario, puede borrarlo.
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Mensaje por silvanash el 2013-11-20, 04:16

Vamos a lolificar un poco esto:

Spoiler:
No pude evitar miradas de reojo hacia la niña que vivía ahora en mi casa. Sus rasgos, que no pude apreciar durante la escalada, se me hicieron evidentes. Así, me fijé en la mirada clara que estaba enmarcada por una maraña de pelo castaño. Mechones desiguales se empeñaban en arremolinarse delante de su frente, tratando de ocultar, sin resultados, los ojos azules que brillaban con la inocencia de la juventud. Unos labios delgados, curvados en una sonrisa permanente, descansaban debajo de una nariz redondeada que no hacía sino acentuar sus rasgos infantiles.

La niña sacó un plato de uno de los armarios y sirvió los huevos. El gesto agitó el vestido que llevaba, revelando parte de la piel que yacía bajo la tela. Pude ver una piel pálida, tan clara que no parecía haber sido tocada jamás por el sol. Sus dedos, tan delicados que se romperían ante la menor presión, exhibían el mismo tono que la cara interna de sus muslos. Fuese quien fuese, esa niña no debía de haber estado mucho tiempo bajo el sol.

Asintió, satisfecha con el resultado de su cocina, y la cascada de mechones desiguales se balanceó con ella, acariciando la suave piel del cuello que se insinuaba a través de los restos de su vestido. Extendí un brazo por instinto para sentir el calor de su cuerpo, y me reprimí a tiempo para evitar una catástrofe. La niña malinterpretó el gesto y se acercó con el plato, pensando que tenía hambre.

Desvié mis pensamientos, en una torpe maniobra para no alejarme de las convenciones establecidas por la sociedad. Mis ojos vagaron por la habitación, hasta que finalmente se fijaron en en el nuevo elemento que había en ella.

Ciertamente, era difícil pensar en otra cosa que no fuera esa niña.

Ahora que estaba más cerca pude dedicarle algo de tiempo a la ropa que llevaba. El mar y la lluvia habían hecho estragos con el vestido, pero era indudable que en otro tiempo había sido algo hermoso. No resultaba difícil imaginarse un vestido con lazos y cintas, algo que haría que la niña llamase aún más la atención.

La niña se sentó en la cama, con el plato en sus manos, y sonrió. El vestido se había desgarrado un poco por debajo de sus hombros y ligeramente por encima de sus rodillas, permitiéndome deleitarme con el aroma a huevos recién hechos y la palidez de su piel.

Fin. Inserte línea de "onii-chan!" a su gusto.

He escrito esto a las 4 de la mañana, así que la calidad del texto es bastante mala, pero es lo que hay. Media página de descripción de una loli y ni una línea de diálogo.

PD: ¡OZ streamea RPGs de hace 20 años por las noches!

Edito: el experto en lolis es Trau, no yo. ¡Trau, ven aquí y lolifica esto!
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Mensaje por llavebulacio el 2013-11-20, 11:27

@silvanash escribió:Vamos a lolificar un poco esto:

Spoiler:
No pude evitar miradas de reojo hacia la niña que vivía ahora en mi casa. Sus rasgos, que no pude apreciar durante la escalada, se me hicieron evidentes. Así, me fijé en la mirada clara que estaba enmarcada por una maraña de pelo castaño. Mechones desiguales se empeñaban en arremolinarse delante de su frente, tratando de ocultar, sin resultados, los ojos azules que brillaban con la inocencia de la juventud. Unos labios delgados, curvados en una sonrisa permanente, descansaban debajo de una nariz redondeada que no hacía sino acentuar sus rasgos infantiles.

La niña sacó un plato de uno de los armarios y sirvió los huevos. El gesto agitó el vestido que llevaba, revelando parte de la piel que yacía bajo la tela. Pude ver una piel pálida, tan clara que no parecía haber sido tocada jamás por el sol. Sus dedos, tan delicados que se romperían ante la menor presión, exhibían el mismo tono que la cara interna de sus muslos. Fuese quien fuese, esa niña no debía de haber estado mucho tiempo bajo el sol.

Asintió, satisfecha con el resultado de su cocina, y la cascada de mechones desiguales se balanceó con ella, acariciando la suave piel del cuello que se insinuaba a través de los restos de su vestido. Extendí un brazo por instinto para sentir el calor de su cuerpo, y me reprimí a tiempo para evitar una catástrofe. La niña malinterpretó el gesto y se acercó con el plato, pensando que tenía hambre.

Desvié mis pensamientos, en una torpe maniobra para no alejarme de las convenciones establecidas por la sociedad. Mis ojos vagaron por la habitación, hasta que finalmente se fijaron en en el nuevo elemento que había en ella.

Ciertamente, era difícil pensar en otra cosa que no fuera esa niña.

Ahora que estaba más cerca pude dedicarle algo de tiempo a la ropa que llevaba. El mar y la lluvia habían hecho estragos con el vestido, pero era indudable que en otro tiempo había sido algo hermoso. No resultaba difícil imaginarse un vestido con lazos y cintas, algo que haría que la niña llamase aún más la atención.

La niña se sentó en la cama, con el plato en sus manos, y sonrió. El vestido se había desgarrado un poco por debajo de sus hombros y ligeramente por encima de sus rodillas, permitiéndome deleitarme con el aroma a huevos recién hechos y la palidez de su piel.
¿Gracias por leer? Creo que quedó medio pedofilo para mi gusto xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
Y omitiste cualquier opinion acerca del relato xD
De nuevo...

¿Gracias por leer?
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PD: Yo les advertí que se iba a poner bizarro... Yo les advertí...
PD2: ¡Contemplen el día en el que he vuelto a meter a SlenderSuper Man en una de mis historias!
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Re: Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por llavebulacio el 2013-11-22, 03:15

Añadido capítulo 3

La cosa se va alocando... xD
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Re: Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por orochii el 2013-11-22, 05:07

Okay, la ñoña parece haberse hecho toda una maniática, no sé si de pronto o desde el inicio. O quiza es como esos niños que dicen cosas sin saber exactamente qué significan exactamente (mami me gustan las tetas =-D!).

Pero en fin, al parecer el ente es un slenuperman. Y aparte, anda el tipo recogiendo papeles, de una obra indefinida (y aparte escriben 3 palabras por papel, ese ente es un descarado pffff coincidencia, mira qué desperdicio de papel).

No sé qué serán esas páginas, en fin, no entiendo cuál es el motivo, pero esperaré en respetuoso silencio a una explicación.

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Mensaje por llavebulacio el 2013-11-22, 10:05

@orochii escribió:Okay, la ñoña parece haberse hecho toda una maniática, no sé si de pronto o desde el inicio. O quiza es como esos niños que dicen cosas sin saber exactamente qué significan exactamente (mami me gustan las tetas =-D!).
...Es una niña que creció en un lugar bastante loco, sin dudas. Ahora vienen un capítulo para el recuerdo, seguido por otro para la risa y un tercero para la nostalgia xD (Dígamos)

@orochii escribió:Pero en fin, al parecer el ente es un slenuperman. Y aparte, anda el tipo recogiendo papeles, de una obra indefinida (y aparte escriben 3 palabras por papel, ese ente es un descarado pffff coincidencia, mira qué desperdicio de papel).
...Simplemente... No sé que decir xD

@orochii escribió:
No sé qué serán esas páginas, en fin, no entiendo cuál es el motivo, pero esperaré en respetuoso silencio a una explicación.
La explicación será aún mas bizarra xD

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Re: Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por llavebulacio el 2013-11-23, 00:28

Capítulo 4 añadido
Creo que con la escena final se podría hacer un buen dibujo de una loli, tierra llamado a Silva y a Traumend xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
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Re: Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por llavebulacio el 2013-11-25, 15:39

Capítulo 5 añadido
Me he esforzado por darle un estilo menos apresurado a mi escrito. Prometo continuar así de ahora en adelante xD

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Re: Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por Kawaii Loli el 2013-11-26, 06:03

A criticar se ha dicho yeey!
Llave no onii-chan, me leí los 5 capítulos que escribiste, me gusta la forma en la que describes tu forma de jugar Slenderman la historia y sus series de eventos desu~, el final del capitulo V me dejo algo intrigada quien es Leonor-san? *se cruza de brazos* ahora tendré que esperar al siguiente capitulo,-hmph~ baka~! \("⌣̀_⌣́)

@Silva no onee-sama tu versión hace decir doki doki a mi corazón ( ˘ ³˘)♥, deberías lolificar mas historias. ♥ *・゜゚・* (-‿◦)

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Re: Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por llavebulacio el 2013-11-27, 23:16

@Kawaii Loli escribió:A criticar se ha dicho yeey!
Llave no onii-chan, me leí los 5 capítulos que escribiste, me gusta la forma en la que describes tu forma de jugar Slenderman la historia y sus series de eventos desu~, el final del capitulo V me dejo algo intrigada quien es Leonor-san? *se cruza de brazos* ahora tendré que esperar al siguiente capitulo,-hmph~  baka~!     \("⌣̀_⌣́)
Pues... No he aclarado todo con respecto a Leonor... Pero prometo hacerlo en el siguiente capítulo :D

Añadido Capítulo 6

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Re: Inuj - Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7

Mensaje por llavebulacio el 2013-12-02, 21:53

Capítulo 7 añadido
¡Nuevo capítulo! No habrán pensado que me había olvidado, ¿O sí? Es que los siguientes capítulos requirieron un mayor nivel de... Concentración. Estamos llegando, aunque los protagonistas no lo sepan, a un punto álgido de la historia.

ATTE,
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PD: Cualquier indicio de pedofilia... Nada. xD

PD2: ¡SANTO DIOS! Lo siento, gente. Ha habido mucho calor en mi zona, y mi maquina (Y mi mente, también) se ha puesto lerda. Creo que este texto necesita una tercera revisión... Dejo el capítulo 7 por cosa de... De que ya puse la actualización, pero prometo subirlo corregido en breve. Perdón por las molestias.

(Igual, nadie me lee... xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD)
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