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Cielos Ardientes

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Cielos Ardientes

Mensaje por luigidicarlo el 2013-08-31, 16:53

Salut!

Hace ya mucho publiqué por estos lares la continuación de una historia no muy vieja que escribí porque quise (?) y tenía la inspiración (?). En fin, he vuelto para traerles la primera parte de esa saga, la cual está completa y subida a cierta página que seguro más de medio mundo conoce (o si no la conocen, pues, háganlo, duh). Bueno, vayamos a lo que nos interesa:

Título: Cielos Ardientes (es la versión 2.0 de la misma historia, que antes poseía el nombre de Burning Skies [lo mismo pero en inglés xD])
Autor: L. E. Huerta (o sea yo, Luigidicarlo)
Género(s): sci-fi, angst, hurt/comfort, guerritas por aquí y por allá, entre otros.

Bien, ahora procederé con una pequeña demostración (el primer capítulo de la historia xD):
Spoiler:

Primera Parte: Ilusiones.

Capítulo Uno: Cielos en llamas.


Camino por el pequeño pasillo de siempre, con la cabeza agachada, mientras miro el suelo de madera. Me siento completamente vacío, triste, decepcionado y no sé qué otra cosa, pero reconozco que se trata de una emoción a la que ni siquiera puedo darle nombre. Camino solo por este pasillo oscuro para encontrarme con la repentina luz del día tras cruzar el portal que conecta al patio de la casa. El cielo está de un naranja pálido, pues pronto atardecerá. Puedo distinguir los sonidos bucólicos que caracterizan a esta zona: aullidos de lobos a lo lejos, burros rebuznando en los establos, gallinas moviéndose en su corral y el leve maullido de mi gato, Scratch. Es feo, debo admitirlo, pero es la única cosa a la que me puedo permitir amar, pues no tengo a nadie a quien canalizar este sentimiento.

Vivo con mis tíos, mi prima y mi abuela en una casa de campo, muy lejos de cualquier gran metrópolis de este mundo. He escuchado rumores sobre esas grandes ciudades: miles de personas, automóviles que no producen ni humo ni sonidos estrepitosos, pantallas gigantes con vívidas imágenes publicitarias y la maldad corrompiendo los antes inocentes corazones. Los humanos no lo podemos evitar; tarde o temprano terminamos cediendo nuestra pureza por conocimientos corruptos. A veces, cuando mi abuela me entrega mi tazón de avena durante la cena, me dirige una mirada efímera de odio para luego decirme con sumo desprecio: "tú naciste del mal y morirás podrido en él".

Siempre intento rehuir de ella y de mis tíos. Son personas crueles que me culpan por algo de lo que no soy responsable. Cuando empiezan a gritarme, yo me tapo los oídos para no escucharlos, pero me toman por los brazos, me llevan al sótano y empiezan a azotarme hasta que mi espalda queda llena de laceraciones profundas. En una ocasión, mis heridas se infectaron, por lo que estuve ardiendo en fiebre durante muchos días. Mientras estuve así, ellos me continuaban tratando igual, pero su hija no. Ella es la única persona que me tiene compasión.

Alice es diferente, sin embargo, yo me siento incapaz de corresponderle. Desde hace muchos años, mi vida se concentra sólo en ser una especie de sirviente inhumano para lo que queda de mi familia. Soy alguien inferior, soy una coraza que esconde a un monstruo; nací de una relación impura y por ende, soy alguien impuro. Aún rodeado de los sonidos del campo, miro a Scratch, le coloco un poco de comida que he logrado guardar del almuerzo sobre una vasija rota que asigné como su plato y entonces me quedo viendo cómo la devora.

Me vuelvo hacia la puerta, pues noto que alguien se acerca. Me escondo tras un montón de paja cercano, viendo hacia el portal. Se trata de mi abuela, una anciana amargada, encorvada, con muchas arrugas y un pelo canoso grasiento que no le ayuda a mejorar su deprimente aspecto. Mi pecho se inunda de impotencia cuando aquella vieja toma los restos de una silla plástica y los lanza al pobre Scratch, quien sale corriendo hasta unos arbustos cercanos. Gracias a su pelaje oscuro, logra camuflajearse bien, por lo que mi abuela decide dejar de perseguirlo (aunque jamás lo hubiera logrado alcanzar gracias a su muy reducida velocidad de movimiento).

Comienzo a soltar un suspiro de alivio cuando unas manos me toman por los hombros, lanzándome después contra la pared de la casa maltrecha en la que vivimos. Se trata de mi tío, quien tiene la cara roja debido a la ira. Lo veo venir, pero soy lo suficientemente sumiso como para no poder esquivar el puñetazo que me deja sobre la tierra fría, sintiendo un líquido caliente que sale por mi nariz.

El dolor es terrible, pero eso no le importa a mi tío, quien me patea en mi costado derecho para luego tomarme nuevamente por los hombros y llevarme al lugar que más odio. Siempre concibo a esta casa como un lugar sombrío, pero cuando me arrastran al sitio donde me azotan, todo se torna aún más umbrío. Intento zafarme de él, pero, ¿para qué? Lo único que gano con esta acción es que me diga un montón de insultos que ni siquiera logro comprender y que a continuación me golpee en la oreja, aturdiéndome aún más.

Por fin llegamos. Todo está oscuro. Mi tío toma una soga, atándome con ella a un pilar en medio del cuarto y obligándome a darle la espalda después. Me arranca la camisa de un jalón. A continuación siento el primer azote. El dolor es demasiado agudo; la sangre surge de mi herida al igual que un chillido de mi garganta. Más y más golpes son asestados sobre mí, abriéndome grandes brechas, hinchando mi carne y ahogándome en sufrimiento.

Cuando cesan los azotes, relajo todo el cuerpo. Noto el daño que ese ser me ha hecho: sangre, laceraciones profundas, heridas anteriores reabiertas y mi sudor provocándome más ardor. Estoy tan débil que no puedo moverme; estoy tan reducido que creo que moriré ahí y todo acabará, pero no sucede así. Mi tío deja su herramienta de tortura sobre una repisa a mi derecha que está pegada a la pared. Luego me patea, haciendo que quede acostado de lado sobre el suelo para en última instancia, retirarse mientras no deja de murmurar insultos hacia mí.

Todo es silencio y dolor. Mis lágrimas resbalan por mis mejillas hasta el suelo frío. Quisiera recostar la espalda contra el piso, pero hacerlo significaría demasiado dolor y un riesgo elevado de infección. Me quedo así, encogido y patético. No sé qué pensar; estoy tan acostumbrado a ser tratado de este modo que sólo me resigno a quedarme en esta posición. ¿En verdad soy un monstruo? No lo sé. No quiero serlo, nunca lo quise. Es en estos momentos cuando su recuerdo vuelve a mí y necesito de sus abrazos.

Mi madre murió cuando más la necesitaba. Mis tíos siempre me odiaron y mi abuela también; todos ellos me aborrecen por algo de lo que no tengo culpa. Pero no importa cuántas veces me repita esto: mi familia se encarga de hacerme creer que soy un ser indigno e inhumano, una persona que no merece vivir. Se trata de mi origen: soy producto de una violación.

La luz inunda la habitación y me ciega por unos instantes. Me vuelvo hacia la puerta, de modo que veo una silueta acercándose precipitadamente. Mi corazón se alegra de saber que Alice aún lucha por mí, pero sus escasos conocimientos en medicina no son suficientes para cerrar mis profundas heridas, tanto físicas como psicológicas. Estoy trastornado, perdido en mi mente débil con mi cuerpo agonizando por el terrible dolor de los azotes.

La joven me desata las manos, las cuales caen al suelo como si estuvieran muertas, pues no poseo la fuerza suficiente como para controlarlas; me toma con sus suaves manos y entonces me susurra palabras ininteligibles para mí, ya que estoy aturdido. Gracias a mi escaso tamaño, la chica me sostiene entre sus brazos con el propósito de llevarme a mi habitación. No quiero abrir los ojos para verla llorar por mí; tengo miedo de que le prohíban verme y que la castiguen por mi culpa.

Sube las escaleras, encontrándonos así en el único pasillo de la casa que se encuentra levemente iluminado, ya que tiene dos  ventanas por las que penetra la luz del sol. Entreabro los párpados, viéndola: un rostro redondo con pómulos prominentes; nariz pequeña, redondeada; ojos verdosos, muy brillantes; boca pequeña, de labios finos; y su cabello largo y con leves bucles al final. Es hermosa mas nadie lo reconoce.

Los sádicos hombres del pueblo suelen dirigirse a ella como si se tratara de una perra en celo que carece de derechos como persona. Recuerdo que una vez la acompañé a comprar una botella de miel que su madre le pidió y mientras caminábamos por la calle principal de ese pueblucho deprimente, un grupo de hombres de complexión robusta y caras terroríficas empezó a decir cosas que prefiero no evocar.

¿Por qué dirigirse así a una niña tan delicada y hermosa? Alice me recuerda a mi madre, pues sólo ella despertaba esta sensación de seguridad en mí. Tras los terribles castigos a los que su padre me somete, la chica siempre baja para limpiar mis heridas y llevarme a mi habitación.

Llegamos al cuarto y ella me deposita sobre la cama, bocabajo para que pueda tratar mis heridas. Con una toalla mojada en alguna clase de medicina, empieza a limpiar las profundas laceraciones. El ardor aumenta, pues esa sustancia que siempre usa es fabricada por ella misma utilizando hierbas silvestres. Pasados unos minutos noto que el dolor se torna cada vez más leve hasta casi desaparecer.

Cuando dejo de sentir sus manos sobre mi espalda demacrada, me vuelvo un instante para verle la cara, dándome cuenta que tiene los ojos abiertos al máximo. Su piel se está tornando muy pálida y tiene una expresión de horror que nunca antes había visto en ella. Hago un esfuerzo sobrehumano para levantarme de la cama, de modo que me le aproxime. Murmuro su nombre, pero no obtengo respuesta. Acerco mi mano a su nariz y espero a sentir su respiración, pero no… Ha muerto.

Mi corazón se acelera conforme el suyo deja de latir. No sé qué hacer… Seguramente sus padres creerán que todo fue mi culpa, que yo la maté. La desesperación me domina, obligándome a gritar sin control. Ellos entran y no saben cómo reaccionar al verla ahí: fría, entumecida, pálida, inerte… muerta. Las lágrimas salen de mis ojos como nunca antes lo han hecho. De nuevo veo venir la violencia sobre mí, pero ni siquiera intento esquivarla.

El puñetazo me hace caer sobre la cama, golpeándome mi sien izquierda contra el alféizar de la ventana. La sangre pinta las sábanas de rojo, pero eso no lo detiene. Me agarra y me lanza fuera del cuarto. Estoy demasiado aturdido como para reaccionar, además de que verla morir me ha dejado devastado. ¿Por qué tenía que hacerlo justo ahora? ¡¿Por qué tenía que abandonarme como lo hizo mi madre?!

Una patada me hace rodar escaleras abajo, estrellándome contra la pared al final. Los golpes me duelen como nunca antes y estoy a punto de desmayarme, pero no lo haré. No puedo permitírmelo. Quiero ponerme en pie, pero antes de poder lograrlo, mi tío me toma por el cuello para estrangularme. ¿Acaso me matará? Seguramente sí. Después de todo, este pueblo está exiliado de la protección del gobierno: aquí puedes matar y nunca nadie se dará cuenta. Además, soy un don nadie. Todos pensarán que nunca existí y entonces significaré un mal recuerdo para los monstruos que tengo por familia.

Es mejor así. Morir de una buena vez por todas y desaparecer. Conforme su mano aprieta mi cuello, el aire deja de entrar a mis pulmones, llenándome de agonía. No lo puedo evitar: mi cuerpo empieza a luchar con todas sus fuerzas para liberarse, pero es inútil. Estoy atrapado y me encuentro en el borde que divide a la vida de la muerte. Pienso en cuánto me amó; en cuánto entregó por mí para darme cuenta que nunca sirvió. ¿Acaso el remordimiento lo dejará dormir? ¿Tiene mi tío una conciencia? Tal vez no y por eso me estrangula. Lo único que me pregunto a estas alturas es: ¿por qué no muero?

De pronto, todo se torna demasiado oscuro. Descubro que el dolor que experimentaba desaparece. Empiezo a sentirme muy ligero y poco a poco realizo que el lugar en el que me hallo está frío. Muy frío, pero no lo suficiente como para quemarme. De hecho, creo que es un líquido. Quiero moverme, pero no puedo: hay muchos tubillos insertados en mis brazos, inyectándome alguna sustancia helada. Sobre mi cara se encuentra algo que me permite respirar. Creo que mi espalda está pegada a algún aparato.

Pasados unos minutos, descubro que puedo abrir los ojos. Hay una luz muy intensa que se cuela por un cristal. Estoy dentro de una especie de cápsula, inmerso en un líquido espeso y rojizo. Quiero salir, pero no puedo moverme. Sólo controlo mis dedos, con los cuales palpo todo lo que se halla a mi alcance. Pronto toco una especie de botón y entonces sucede lo que más deseo: el líquido rojizo se va por unos pequeños hoyos que sirven de drenaje, los tubillos salen de mis brazos y lo que me mantenía unido a la cápsula se desprende, permitiéndome salir. Empujo levemente el cristal que está enfrente de mí, colocando un pie afuera después.

Noto que llevo puesto un traje blanco que me cubre todo el cuerpo, exceptuando manos, pies y cabeza. Al salir del todo, me doy cuenta que estoy en una especie de plataforma circunferencial unida a la pared, habiendo en ésta miles de cápsulas con más gente. ¿Dónde rayos estoy? La estancia es un cilindro enorme, con cientos de plataformas y millones de personas encerradas en aquellos aparatos. ¿Qué pasó? Se supone que mi tío estaba ahorcándome y yo moría. ¿Por qué aparecí aquí sin más? Deseo desaparecer para que todo cese por fin y logre alcanzar algo de paz, pero en vez de eso, he terminado apareciendo en un lugar que nunca antes he visto.

Todo es demasiado blanco, gigante e irreal como para que yo pueda concebirlo posible, pero aquí estoy. Mis pies descalzos tocan el frío suelo de metal, mis ojos atrapan la poderosa luz que desciende a través de la enorme estructura y mis oídos consiguen percibir un ligero golpeteo que poco a poco parece aumentar su sonido, dando la sensación de que se aproxima. ¿Qué es este sitio? ¿Dónde está el cuerpo de Alice? ¿Qué ha sucedido con mis tíos, con los campos donde vivíamos, con Scratch y con todos los elementos de mi vida? ¿Se han esfumado sin más? Me acerco a la baranda de la plataforma, comprobando así que aquella estructura desciende hasta perderse de vista. Miro hacia arriba, consiguiendo ver unos cientos de plataformas más. ¿Cómo saldré de aquí?

Por unos instantes se me ocurre una idea que me alegra momentáneamente, sin embargo, resulta tan buena y feliz, que termino descartándola. ¿Y si éste fuera el sitio donde llegan todos los muertos? ¿Y si mi madre estuviera aquí, aguardándome? Es demasiado improbable, aún así, aquel pensamiento permanece latente en mi cabeza. El golpeteo se ha pronunciado más, por lo que me llama la atención. El corazón me da un vuelco cuando veo a un par de hombres corriendo hacia mí.

El terror se apodera de mí e intento huir, pero no funciona. No sé por qué mi mente no logra sincronizar bien mis movimientos. Termino tropezando para caer estrepitosamente de bruces sobre el suelo. Aquellos hombres se me acercan, me voltean, abren el traje que llevo puesto para dejar al descubierto mi pecho y entonces introducen algo en él que me produce un dolor terrible. Es frío, rasga la carne y la quema. Me desmayo en medio proceso.

~•~•~•~•~

Despierto sobre una camilla, desnudo y con un tubillo insertado en mi brazo izquierdo. Mi cabeza da vueltas y el pecho me duele demasiado. Quiero levantarme para salir de ahí, aunque no puedo. No sé dónde estoy ni qué pasa conmigo. El frío entumece mi piel; mis párpados se tornan pesados, pero me resisto a caer inconsciente. No quiero ser víctima de los sueños terribles que siempre oscurecen mi ritual de descanso. Aunque pienso, ¿soy digno de descansar cuando he sido convencido de ser un monstruo? ¿De verdad soy una aberración? Alice. Alcanzo a murmurar ese nombre antes de caer en la penumbra de mis pesadillas.

Es lluvia, fría y torrencial. Cae del cielo y me moja. Menos mal que llueve, porque si no todos serían testigos de cuánto sufro. No me gusta llorar, pero siempre lo hago porque no me queda ninguna otra manera de expresar mi agonía interna. Crecí junto a ella y hoy he sido privado de su amor. Hoy me ha abandonado para marcharse y no volver jamás; para dejarme a mi suerte junto a personas que sólo se preocupan en pensar qué terrible método utilizarán para hacerme pensar que soy un monstruo.

Mi madre fue violada y yo nací de esa relación impura. Crecí, inmerso en los cuidados de ella y ahora se ha marchado para siempre. Su sangre se esparce hasta llegar a mis pies descalzos; sus ojos me miran sin ver; su cuerpo está encogido, acongojado por el dolor. Estoy de pie enfrente de su cadáver, llorando, impactado, destrozado, abandonado... Si yo la amaba, ¿por qué murió? Si yo la necesitaba, ¿por qué se dio por vencida? Si yo deseaba sus abrazos, ¿por qué decidió quitarse la vida? ¿Por qué? Las imágenes se retuercen, transformándose en figuras tan horribles que empiezo a gritar de terror. El cielo se desfigura; el sonido de la lluvia desaparece, dando lugar al eco de mis chillidos incesantes. Alzo la vista para observar la gran bóveda celeste envuelta en llamas: gigantescas brasas que desean devorarme, consumirme en su infierno.

Deseo verla una vez más, pero no logro hacerlo. Su cuerpo se ha esfumado, quedando sólo un charco de sangre que forma palabras tenebrosas  con el objetivo de sembrar miedo en mí. Y lo hacen. Quiero huir de aquí. ¡Quiero despertar! Las llamas del cielo ardiente me envuelven, pero no me consumen. El sonido del fuego inunda mis oídos; cierro los ojos con fuerza. Me repito sin cesar: "no quiero estar aquí", pero no importa cuántas veces lo diga, no puedo despertar. De repente todo se torna blanco, luego negro y justo después abro los ojos.

Sigo desnudo sobre aquella camilla, con un tubillo insertado en mi brazo, aterrado por mis pesadillas. Tengo la piel perlada gracias al sudor y jadeo levemente. Mi garganta está muy seca, seguramente debido a los gritos que di mientras vivía ese horrible sueño. Al calmarme, alguien entra en la habitación. Me altero, pues pienso que se trata de alguien más que viene para hacerme daño, y así es.

Aquel tipo coloca un aparato extraño sobre mi cabeza que rasga mi piel para luego taladrar mi cráneo. En algún momento caigo en la inconsciencia gracias al terrible dolor. Todo se vuelve tinieblas.

~•~•~•~•~

Despierto. Estoy sobre una camilla, desnudo, con una venda en mi cabeza y con un tubillo conectado a mi brazo izquierdo. Mi cabeza duele un poco, pero logro aguantar la sensación. Me pongo en pie para ver lo que me rodea: una máquina con múltiples pantallas al lado de la camilla; una pequeña repisa con ropa y un sofá al lado de la puerta de la habitación. Cojo las prendas y me visto con ellas. La tela resulta bastante suave y ligera, además de que este conjunto parece estar escogido para saciar mis gustos.

Aprovecho que estoy enfrente de un espejo para verme. Siento como si tuviese demasiado tiempo sin saber cómo soy y por fin me veo: ojos azules; nariz redondeada, ligeramente grande; cabello corto, castaño oscuro y una expresión seria que se me hace imposible cambiar. No recuerdo absolutamente nada, a excepción de mi nombre, claro. Me doy la vuelta hacia la puerta y entonces ésta se abre. Es automática, por lo que al uno acercarse lo suficiente permite el paso.

La persona que entró me dedica una sonrisa mientras me palmea el hombro como si fuésemos viejos conocidos. Yo estoy muy confundido como para pensar en devolverle un gesto amable y sólo pienso en encontrar una solución a mis dudas. ¿Qué es este lugar? ¿Quién es esta persona? ¿Por qué no logro recordar nada? Veo al desconocido, dándome cuenta así que se trata de un anciano bastante alto, con pelo largo canoso, ojos azules, nariz ganchuda, pómulos prominentes, barba plateada que le desciende hasta la boca del estómago y yace vestido con una sencilla túnica violeta. Tiene una expresión de nobleza que si bien no es verdadera, puede llegar a convencer al mejor de los incrédulos.

− ¿Quién es usted? – pregunto tras un corto rato de silencio. El hombre vuelve a sonreír, abre la puerta y me invita a salir. Hago lo que me pide, hallándome después en un pasillo largo, con un extraño aparato sobre el suelo que libera luz en el extremo más cercano, a mi derecha –. Dígame, ¿dónde estoy? ¡Responda a mis preguntas!

– Estás en el Bastión del Edén, Craig – el hecho de que conozca mi nombre me produce un escalofrío que recorre toda mi espalda –. No te asustes, nada malo sucederá.

– ¿Por qué no recuerdo nada? – pregunto. Empiezo a sentirme perdido, impotente ante lo incierto de este lugar. Mis ojos se anegan en lágrimas, pero aquel tipo sólo sonríe mientras me ve enloquecer –. ¡Dígame por qué no logro evocar nada! ¡Míreme! ¡Soy un muchacho de dieciocho años! ¡¿Dónde están los recuerdos de todo lo que he vivido?!

– El Bastión del Edén es la fortaleza definitiva que protege a la humanidad en su momento más oscuro – la sonrisa del anciano acaba de desaparecer. Habla como si yo nunca hubiese dicho nada. Enloquezco aún más, tomándolo por los hombros y zarandeándolo con fuerza.

– ¡¿Quién soy?! ¡¿Qué me pasó?!

– La súper computadora que mantenía en funcionamiento el sistema de aislamiento ha sido saboteada. Algunos de los que yacían en el Intramundo han sido devueltos al Extramundo – el anciano se libera de mí y con suma agilidad me inmoviliza contra la pared –. Estás en la verdadera realidad, en el mundo auténtico que acunó a la humanidad desde su origen.

Entonces todo lo que viví fue una farsa. Pero, ¿qué viví? No recuerdo absolutamente nada y eso es lo que me desquicia. ¡No sé quién soy! Hay imágenes demasiado efímeras guardadas en mi memoria, pero no me dan una idea de quién era antes de aparecer aquí. Sólo recuerdo el nombre "Alice" y que crecí sin madre, pero no recuerdo quién era, qué fue de ella o qué sucedía conmigo antes de aparecer aquí.

En realidad no me importa el hecho de que haya vivido en un mundo ilusorio; lo único que me afecta es que todo lo que fui, todo lo que construí, lo que me identificaba, ha desaparecido. ¿Quién era Craig Taylor? ¿Quién soy si nunca antes existí? Miro mis manos y por unos segundos creo recordar algo, pero no logro hacerlo. Las lágrimas caen sobre ellas. Todos los órganos de mi tórax parecen comprimirse contra mi corazón. Me siento perdido.

Bien. Si les gusta y quieren seguir leyendo un poquito más, pues pueden visitar la página que mencioné arriba (esperen, no la he mencionado xD). Aquí el link:

http://www.fictionpress.com/s/3050497/1/Cielos-Ardientes

Espero sus comentarios con respecto a la historia (espero que sea de su agrado xD).
Au revoir!
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Re: Cielos Ardientes

Mensaje por silvanash el 2013-09-01, 01:20

Vale, por fin he terminado de leerme todo el primer capítulo. Ha sido... largo, eso lo primero. Supongo que por eso no ha comentado nadie más, ni siquiera OZ.

La paliza que le dain a Craig es demasiado... monótona. Vale, que sí, que lo dejan hecho un trapo, pero no transmite todo el dolor que debería transmitir. En teoría, Craig ha sido tratado como un despojo desde que nació (o al menos desde que su familia se encargó de él, tras el suicidio de su madre). Habría preferido que relatara la paliza con un tono un poco más de rutina. Algo como que ya está acostumbrado al dolor, y que en realidad ya ni siquiera le importa, porque es una sensación pasajera.

Tochazo escribió:su muy reducida velocidad de movimiento
Esa frase ha sido más de RPG que de novela xD. Quizás algo como "movilidad disminuida" o "con muchas dificultades para moverse" hubiese sido mejor.

Con respecto a Alice (ya somos dos los que abusamos del nombre de Alice), noto la relación un poco necesitada de más idealismo. Está bien eso de te recojo y te vendo, pero hacen falta unos párrafos más diciendo lo buena persona que le parecía a Craig, para que el lector se identifique más con el protagonista. Total, con lo largo que es el capítulo de por sí, un par de párrafos extra casi ni se habrían notado.

La forma de describir a los personajes no acaba de gustarme.  Eso de "veo a alguien y digo cómo es" es un método demasiado simple después de una narración así. Podrían haberse descrito sus rasgos intercalándolos con sus diálogos.

Cosa escribió:- Supongo que no- dijo, mostrando una media sonrisa que dejaba entrever unos dientes torcidos y varias encías desocupadas
Hay un par de frases construidas de forma extraña. No sé si será por diferencias culturales, pero quedan raras.

Por lo demás, ninguna falta de ortografía, historia interesante (o al menos diferente a lo habitual) y muchas posibilidades de futuro.
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