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[Relato] 12 Días

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[Relato] 12 Días

Mensaje por Khaizen el 2012-05-15, 17:24

¡Buenas! Hace muchísimo que no aporto nada al foro. Hoy lo haré con un pequeño relato que voy escribiendo en mis ratos libres y demás. Ya que está posteado en otros foro (concretamente en uno) también lo haré aquí ya que su introducción parece haber gustado. Sin nada más que decir, espero que os guste:

12 Días
Prólogo
Spoiler:

Pisada tras pisada, las negras botas de aquel hombre aplastaban la nieve que crujía bajo él. Lento y monótono caminaba por las heladas aceras nocturnas de la ciudad, callejeando cabizbajo mientras fumaba uno de sus cigarros de papel marrón. Llevaba las solapas del cuello alzadas y pegadas a la cara para contrarrestar el frío aire que soplaba por las tenebrosas callejuelas. Vestía de negro completamente, desde su sombrero fedora hasta las botas de cuero. Lucía unos pantalones azabaches, camisa blanca con corbata negra y, sobre ellas, un chaleco bruno; por encima de todo, un redingote largo hasta las rodillas, también oscuro. En su cara se hallaban unas pequeñas gafas de sol redondas que ocultaban por completo sus ojos y, en sus manos, unos guantes de cuero del mismo color que el resto de su atuendo.
Andaba sin rumbo fijo, sólo movía sus pies uno tras otro mientras que en su mano derecha portaba lo que parecía un pesado maletín de piel negra. El cierre del mismo estaba compuesto por una combinación de 7 dígitos y los soportes de apertura y bisagras estaban claramente reforzados. La parsimonia en el andar de aquel hombre era clara, parecía no tener prisa por llegar al lugar al que se dirigía.

Tomó, entonces, un lóbrego callejón sucio y mojado por la nieve derretida en donde se topó con tres jóvenes borrachos, tambaleantes y desorientados. El más cercano a él le miró con desdén, soberbia y socarronería mientras los otros se apoyaban contra la pared embriagados de alcohol.

― ¡Eh! ¡Tú! Ven aquí un momento… ¿Qué ­llevas… en ese maletín? –dijo mientras caminaba hacia el hombre, zigzagueando.

El ennegrecido individuo no cesó en su marcha y pasó de largo al joven borracho, ignorándolo. Éste, ofendido, se giró furioso y le agarró del brazo mientras sacaba del bolsillo interno de su chaqueta una navaja automática.

― ¡¿Cómo te atreves a ignorarme basura?! ―vociferó mientras retraía el cuchillo para asestar una puñalada. El hombre, sin apenas inmutarse, giró y esquivó ágilmente el golpe mientras agarraba la muñeca de la mano con la que su adversario sostenía la navaja; con un gesto seco, retorció la extremidad del joven y le rompió la articulación tras un crujido, haciendo que gritase de dolor y soltara el puñal. Seguidamente, el hombre soltó tranquilamente el maletín en el suelo sonando, al chocar contra la superficie, duro y macizo; miró fijamente al muchacho que no paraba de quejarse y llorar de dolor, metió su mano libre dentro de su redingote y detalló susurrando…

― El dolor es inevitable… el sufrimiento es opcional… ―dicho esto una bala atravesó el cráneo del joven desde la mandíbula hasta la parte superior, reventándolo posteriormente y convirtiéndose en un amasijo de sesos deshechos y sangre. El hombre soltó la muñeca del joven dejando caer el cuerpo exánime.

Posteriormente se giró y miró a los dos acompañantes que observaban atónitos la imagen; uno de ellos, horrorizado por lo que acababa de ver, vomitó descontroladamente mientras que el segundo salió corriendo, torpe y desorientado. El hombre, alzó de nuevo el arma con la que acababa de matar al primer muchacho, una MK23 del calibre .45 con silenciador y munición de bala hueca, apretó el gatillo y perforó la garganta del joven salpicando el muro contiguo de sangre. El joven cayó al suelo abatido mientras sus ojos reflejaban la más profunda angustia.

Inmediatamente, el hombre se acercó pasivo al tercer muchacho que sollozaba horrorizado mientras se intentaba esconder entre los contenedores de basura. Lo miró serio mientras el joven suplicaba por su vida.

― No me mates por favor, no te he hecho nada, te lo suplico déjame ir ¡¡No merezco morir!! ―gritó llorando y casi ininteligible.

―La muerte es un castigo para algunos, para otros un regalo, y para muchos un favor… Considera que te estoy haciendo un gran favor… ―y tras esto, volvió a apretar el gatillo atravesando la cabeza del joven y creando, posteriormente, un reguero de sangre que se uniría a los de sus compañeros y concluirían sinuosos en las vaporosas alcantarillas del callejón.

El oscuro individuo guardó en el interior de su abrigo su humeante pistola, se acercó a su maletín y reanudó su marcha perdiéndose en la niebla del tenebroso callejón con una mueca sádica en su rostro.

Capítulo uno – Veneno de Taipan
Spoiler:

“Servimos en la Élite durante 11 largos años. Por lo general nadie dura tanto, pero nosotros estábamos hechos de otra pasta; éramos duros, rápidos y letales, jamás fallábamos una misión en la que fluíamos como sombras resbaladizas en un muro, y golpeábamos con la precisión de un reloj suizo. No dejábamos rastro ni pistas, como si nunca hubiésemos estado allí… como si jamás hubiéramos existido…

Fue un 31 de Diciembre, el día de año nuevo estaba próximo y nuestro objetivo era un ostentoso magnate y su fiesta de fin de año. Debíamos colarnos en su mansión haciéndonos pasar por una pareja amiga de nuestra víctima… sencillo y simple. No había explicaciones ni razones, sólo una foto y una forma de morir. Nos acercamos, mi compañera y yo, engalanados con nuestros mejores trajes, a la altura del más alto standing, nos aproximamos a otra pareja que se dirigía también a la fiesta y tropezamos con ellos a propósito para poder hurgar entre sus atuendos y hacernos con sus invitaciones. Tras las disculpas de turno, nos alejamos de ellos y nos dirigimos a la puerta donde un mastodonte con cara de pocos amigos tendía la mano replicando los pases pertinentes. Se los dimos y entramos, el ambiente era cálido y distendido, en donde las damas exhibían sus sortijas de diamante como si de una joyería de ambulante se tratase. Lujo y grandiosidad era el hedor que se olfateaba en aquel lugar lleno de camareros con amplia sonrisa sirviendo champán y excesiva decoración navideña, aderezada con una chimenea natural de leña seca rodeada por rechonchos hombrecillos de fino bigote y voz estridente, riendo con desdén y dando golpecitos en la espalda de los camareros mientras les pedía otra copa.

Buscamos discretamente a nuestro hombre, en un principio debía ser fácil reconocerle: metro sesenta y ocho de altura, noventa y seis kilos, moreno de pelo medio engominado hacia atrás, tez morena, ojos oscuros, mandíbula ancha sin barba… Lo malo es que ese prototipo de hombre parecía reinar en aquella sala, me parecían todos asquerosamente iguales.

Al poco tiempo de haber entrado, cierto personaje apareció como de la nada mostrándose ante nosotros vestido completamente de blanco. Al grito de «¡Feliz navidad y próspero año nuevo!», fue descendiendo por las escaleras de alfombra roja y adornos dorados, con los brazos en alza y una amplia sonrisa falsa. Llegó hasta el que parecía un conocido suyo, al que abrazó y comenzó a hablar. Mientras, mi compañera y yo, nos pusimos en marcha; nos acercamos a él mientras nos agenciábamos un par de copas del amargo champán que allí servían y preparábamos la retahíla con la que lo convenceríamos para guiarlo a su fatal destino.

Vi como mi acompañante tomó la delantera, de forma casi literal y en todos los aspectos de la palabra, ofreciéndole una de las copas de champán que llevaba además de una vista privilegiada de su busto con el que el ricachón pudo deleitarse, aunque para ello mi compañera tuviese que inclinarse casi en ángulo recto. Se presentó como la representante de su invitado, al que achacó como escusa de su ausencia una grave enfermedad, y a mí como su escolta. Mientras ella hablaba y alababa con elocuencia su persona, yo oteaba la situación y simulaba mantenerme al margen aun estando pendiente en todo momento de la conversación. Mi compañera emulaba una actitud provocadora para así moldear y manejar la situación a través de los instintos más básicos de un hombre, cosa que odiaba pero que se le daba fabulosamente bien ya que combinaba a la perfección con su esbelta figura.

No queríamos desentonar, por lo que toda acción debía ser llevada a cabo allí mismo, no podíamos llevarlo fuera ni a ningún sitio que provocara sospechas por los demás invitados, así que sin más demora y mientras ella no paraba de agasajarle y coquetearle con el fin de distraerle, yo vacié una pequeña ampolla con una mezcla experimental de suero y veneno de Taipan en su copa. Esta mezcla, alterada químicamente para su actuación retardada y su sabor insípido, seda primeramente a la víctima y, una vez dormida, causa fallos respiratorios, cardíacos, renales, musculares y nerviosos hasta provocar una muerte silenciosa tras unos veinte minutos de agonía. Tras la muerte, el cuerpo libera una serie de toxinas en las cuales viajan los restos del veneno limpiando todo rastro del mismo en el organismo.

Al poco tiempo de verter el veneno en su champán, una pequeña tropa de elegantes hombres se acercó hacia nosotros, sonrientes y relajados con el fin de entablar conversación con el anfitrión y así presentarles a su exuberante acompañante. Ésta desistió excusándose de charlatana y entrometida ya que hablarían de importantes asuntos no pertenecientes a su persona, por lo que abandonó el grupo y se reunió de nuevo conmigo. Tras comprobar que se tomó la copa completamente, ambos nos quedamos pululando por la mansión de aquel hombre, paseando por las diversas salas y saliendo de vez en cuando a la terraza a pesar del gélido aire que a veces soplaba.

Disfrutábamos de aquello aun siendo nuestro trabajo y teniendo que estar siempre alerta. Lo tomábamos como un juego, demasiado arriesgado y peligroso, pero con una emoción inigualable, sobre todo cuando todo salía mal y había que improvisar cada gesto, por pocas que se dieran esas situaciones. Hacíamos una buena pareja profesionalmente hablando… aunque a veces no sólo lo veía así.

De pronto oímos un pequeño revuelo que indicaba que las doce de la noche estaban próximas y que todos se preparaban para recibir el año nuevo. El gran reloj de péndulo que oscilaba reluciente estaba a punto de dar por hora la media noche y todos estaban expectantes, por lo que decidimos reunirnos con ellos ya que a esa hora las puertas estaban cerradas y los gorilas de seguridad custodiaban la entrada. La alegría y el jolgorio representados por el exceso de alcohol en las jóvenes parejas de los ricos empresarios que allí se encontraban, se sumaban a la emoción del momento y a la reunión de todos en la misma sala, apiñados como sardinas en una lata. Escasos segundos quedaban para el fin de un año y el comienzo de otro nuevo, todos mirábamos impacientes el péndulo hasta que finalmente se escuchó el grave sonido interno del reloj que marcaba la hora en punto. Todos gritaron, alzaron sus copas y rieron al unísono mientras yo, en un impulso irrefrenable, agarré a mi compañera por la cintura y la besé en medio de la algarabía mientras, al mismo tiempo, serpentinas y confeti de color plata y dorado caían del techo semejante a una lluvia sinuosa y lenta de pétalos. Parecía que el tiempo se ralentizaba y que el ruido se enmudecía. Sólo existíamos ella y yo en ese preciso instante.

Nos separamos despacio, poco a poco, hasta que pudimos mirarnos a los ojos y ver así el rubor que en sus mejillas se hacía patente. Nos quedamos mirándonos fijamente sin decir nada, hasta que de repente uno de los invitados nos tiró encima un rollo desecho de serpentina al grito de «¡Feliz año nuevo!» a la vez que me abrazaba y hacía lo propio con ella.

Sin cavilar demasiado, no quise nombrar lo ocurrido y recordé de nuevo nuestro objetivo. Pasada la excitación del momento y una vez relajados todos, dispusimos de irnos con el resto de parejas atribuyendo nuestra marcha a la tardía hora. Nos despedimos del pródigo como si tal cosa y nos acercamos al coche que nos habían cedido para la misión, cuyas puertas estaban siendo abiertas por los aparcacoches del magnate. Ella entró y posteriormente lo hice yo, nos dirigimos a la salida en conjunto a los demás vehículos que se marchaban. Tomamos la carretera principal y descendimos por el sinuoso camino asfaltado de la ladera. Era muy tarde y había niebla, el tramo era estrecho y húmedo debido al relente. De repente, las dos ruedas del lado derecho del coche reventaron y perdí el control. Chocamos contra el quitamiedos que nos separaba del barranco y lo atravesamos, por unos segundos pudimos sentir que flotábamos en el aire para posteriormente estrellarnos brutalmente contra el suelo barroso… se hizo el silencio…

Desperté cansado y abatido, mire a mi derecha y vi que ella estaba inconsciente, tenía una brecha en la cabeza por donde su sangre fluía ondulante y recorría su cara. Por suerte el airbag saltó y amortiguó gran parte de los golpes. Me sentía muy mareado y confuso. La zarandeé con suavidad para que se despertase y di gracias al cielo cuando vi abrir sus ojos y nombrarme con voz quebrada. Pregunté por su estado y me respondió que bien, preguntó ella por el mío y no supe que responder. Estaba completamente magullado y dolorido, mi voz se quebraba constantemente y me resultaba difícil respirar, me dolía cada parte de mi cuerpo. Retiré el airbag, cada vez más desinflado, y fue entonces cuando me di cuenta de que parte de la carrocería del coche se introducía en mí. El golpe había abollado la parte delantera izquierda a causa del declive lateral de la pendiente, haciendo que esta se hundiese hacia la parte del conductor. Mi abdomen estaba empalado por un robusto saliente metálico y atascado con el asiento ya deforme. Pronto empecé a toser sangre, a marearme más y a nublárseme la vista. Ella se dio cuenta, me pedía que le hablase y la mirase, sus preciosos ojos empezaron a borbotar lágrimas que se mezclaban con la sangre dando como resultado un caldo rojizo y salado. Fue lo último que vi antes de que todo se apagase, lo único que recuerdo de este infausto mundo… sus ojos que brillaban en la oscuridad.

Al día siguiente la notica más sonada sería la muerte por infarto que sufriría un rico empresario el primer día del nuevo año, pero nada se supo de aquel que le dio caza ya que también partió esa misma noche, entre el silencio de la madrugada y los llantos de su amada.”

Capítulo Dos – Primer contacto
Spoiler:

“El miedo inhibe a las personas, las encierra en sí mismas y las cohíbe haciéndolas sumisas y dóciles. Yo uso el miedo como arma, como medio de acción…”

El misterioso hombre se encontraba sentado en la fría silla metálica de la sala de interrogatorios. Permanecía allí tal cual entró, ocultaba sus ojos bajo sus acostumbradas gafas redondas, colmaba su cabeza con su sombrero fedora y resguardaba sus manos en sus recios guantes negros. Su estado permanecía inalterable, con las manos entrelazadas y esposadas sobre la mesa y mirada fija, inexpresiva, focalizada en el inmenso espejo incrustado de la pared. Aquella sala impávida, sostenía un ambiente estéril y pulcro; sólo una mesa minimalista decoraba la estancia, acompañada por dos sillas de igual estilo, contando en la que él se hallaba sentado. Había un silencio sepulcral.

Al otro lado de la sala, la teniente DeWitt miraba incómoda la figura de aquel hombre a través del cristal. El reflejo que devolvía el vidrio dejaba ver la cansada imagen de la oficial, los surcos en su cara se hacían patentes pese a su joven edad, su cabellera rubia estaba recogida en una coleta alta dejando caer dos mechones de pelo a cada lado de la cara, su cuerpo era atlético y firme gracias al estricto ejercicio que practicaba a diario; vestía casi siempre igual: pantalones ajustados color café con leche, camisa blanca ceñida y botas marrones. En frente suya se elevaba una mesa alargada y estrecha en donde se habían depositado todas las pertenencias que se le habían sustraído a aquel hombre: una pistola MK23 y un maletín negro reforzado. En su mano derecha, la teniente sostenía una carpeta de color ocre en donde guardaba el informe que ella misma había elaborado días atrás y que inculpaban a aquella persona de múltiples crímenes.

Con paso decidido, se dirigió hacia la puerta mientras que ordenaba a dos subalternos que estuviesen vigilando por si acaso. Entró en la sala, se colocó delante del ennegrecido hombre y desplegó la carpeta sobre la mesa, dejando ver las fotos de los cadáveres hallados.

– ¿Reconoce esos cuerpos? –preguntó DeWitt de forma directa.
– ¿Se supone que debería? –inquirió él mirándola fijamente.

DeWitt estaba claramente incómoda. Tragaba saliva con dificultad. Las oscuras gafas de aquel hombre guardaban algo que parecía asustarle.

– ¡Aquí las preguntas las hago yo! –Exclamó, intentando imponerse e infundir miedo–. ¿Por qué llevaba encima una pistola modelo MK23? Ese tipo de arma pertenece a la Élite y no es muy común… ¿De dónde la has sacado?
– Es fácil responder a esa pregunta… es mía –dijo sin inmutarse.
– ¡¿Me estás intentando decir que perteneces a la Élite?! –interrogó, con una mezcla de sorpresa y miedo.
– Yo no he dicho eso…

A la teniente le exasperaban los tipos así. Era imposible sacar nada en claro de ellos… pero este tenía algo que no le gustaba nada, su voz quebrada y casi susurrante le hacía poner los pelos de punta y parecía que sus intentos de intimidación no funcionaban en absoluto. A él se le veía completamente relajado y tranquilo.

DeWitt se incorporó y empezó a rondar a aquel hombre sin decir nada, mientras él permanecía inmóvil sentado. Al momento, uno de los subalternos llamó a la puerta reclamando la atención de la teniente; ésta salió de la sala de interrogatorios.

– ¿Qué ocurre?
– Acaban de traernos el informe de identificación del detenido –comentó el policía mientras entregaba las hojas a la teniente.
– ¿Qué es esto?
– Son las notificaciones de rastreo de la SIM… ha dado negativo.
– ¡¿Cómo es posible?! –clamó sorprendida–. Debe haber sido un fallo. La SIM recoge la identificación de todas las personas nacidas a nivel mundial, es imposible que no esté registrado.
–Lo hemos comprobado varias veces. No hemos obtenido resultados ni por huella digital ni por prueba sanguínea, además… –se detuvo pensativo.
– ¿Además…?
– Es que es muy raro… según los de Identificación, la sangre extraída no pertenece a ningún tipo de grupo sanguíneo conocido, y su huella dactilar… prácticamente es intratable porque está muy desgastada, como si la hubiesen pulido a conciencia para no dejar marca. No sé, todo esto me parece muy raro, lo único que te puedo decir es que no vamos a poder identificarle con los métodos estándar.

DeWitt se quedó helada. Si con tan sólo verle ya le incomodaba y le hacía poner los pelos de punta, ahora esa sensación se acentuaba mucho más. Volvió a girar la cabeza para mirarle a través del cristal y observar la profunda calma y serenidad de la que aquella persona hacía gala.

Respiró profundo, cogió fuerzas y entró de nuevo en la sala. Se dirigió despacio, con las hojas que le acababa de entregar el subalterno en mano, y se sentó frente a aquel hombre. Le miró fijamente y observó cada parte de su rostro en silencio durante un tiempo, quería memorizar la cara de aquel ser que tenía enfrente.

– Quítese las gafas y el sombrero –le ordenó.
– No, estoy cómodo así –expresó él en tono burlón.
– ¡No es una sugerencia! ¡Es una orden! –gritó mientras echó mano al sombrero del misterioso hombre con el fin de quitárselo. Él, en un movimiento sagaz, esquivó la mano de la teniente moviendo la cabeza mientras le agarraba la extremidad firmemente por la muñeca con una de sus manos esposadas, a la vez que ambos se levantaban rápidamente. El hombre tiró del brazo, atrayendo a DeWitt, y lo giró haciendo que ella diese la vuelta y que su propia extremidad le rodease el cuello apretándoselo. La teniente intentó zafarse golpeando con su brazo libre, acción que contrarrestó el ennegrecido hombre estrellando el hombro de la oficial contra la pared con violencia, haciendo que se dislocase y quedase inmóvil. Tras el grito de dolor de DeWitt, él susurró a su oído:

– Recuerde que yo no soy uno de sus suboficiales, no me puede dar órdenes…

Todo había ocurrido tan sumamente rápido, que a los subalternos que aguardaban al otro lado de la sala ni les había dado tiempo a reaccionar. Al momento, ambos entraron rápidamente en la sala, encañonando a aquel hombre al grito de «¡Quieto! ¡Suéltala!». El tupido hombre sonrió sádicamente, quizás porque imaginaba en aquel momento cual sería el destino de todos los que allí permanecían.

– No sé si sois capaces de ver que no estáis en situación de exigirme nada, puedo romperle el cuello antes de que podáis hacer nada y librarme de vosotros dos aún estando esposado –soltó mientras apretaba más el cuello de la teniente a la vez que ella gritaba y se esforzaba por intentar respirar–. Yo, en vuestro lugar, soltaría el arma en el suelo y me alejaría de ella.

Los oficiales se miraron mutuamente y dudaron en obedecerle.

– Haced lo que os dice… –ordenó DeWitt con voz ahogada.

Ambos, dejaron las pistolas en el suelo y se alejaron de ella colocándose al otro lado de la mesa.

– Poneos al final de la sala, tumbaos bocabajo mirando a la pared y cruzad las piernas con las manos en la espalda –volvió a ordenarles el ennegrecido hombre.

Los agentes se miraron de nuevo dudando si debían o no obedecerle, pero espabilaron al oír las quejas de DeWitt, ahogándose por su propio brazo estrujado por aquel hombre. Éste se dirigió hacia la puerta agarrando fuertemente a la teniente, pateó las pistolas de los suboficiales para sacarlas fuera de la sala y, acto seguido, golpeó a DeWitt en la nuca dejándola inconsciente en el suelo. Rápidamente, salió y cerró la puerta bloqueando el pomo mientras los agentes se levantaban raudos a socorrer a su superior. Con tranquilidad, vació los cargadores de las pistolas de los suboficiales y recuperó sus pertenencias postradas en la delgada mesa de la antesala de interrogatorios. Entonces, de uno de los gemelos de su manga, obtuvo un fino alambre con el cual pudo abrir fácilmente las esposas y así dejarlas caer.

El misterioso hombre agarró de nuevo su pesado maletín y se encaminó tranquilo a la salida de la comisaría sin levantar sospecha alguna. Sabía que las cámaras de seguridad le estaban grabando pero parecía no importarle. Llegó hasta la gran puerta de entrada, la abrió y salió como si nada. Caminados unos cuarenta metros, varios policías salieron tras él encañonándolo al grito de «¡Alto ahí! ¡Arriba las manos!». Él soltó el maletín en el suelo y alzó las manos despacio mientras aún les seguía dando la espalda, los agentes se relajaron y empezaron a acercarse a él, cuando de repente una explosión surgió de las plantas superiores de la comisaría, haciendo saltar por los aires parte de los muros de ésta y refulgiendo llamas de las ventanas y boquetes que la detonación había provocado. Los policías cayeron al suelo, empujados por la onda expansiva y los reflejos, se miraban entre sí asustados y confusos mientras oían de fondo gritos de dolor y angustia. La planta superior estaba calcinada pero aún había gente viva dentro, la explosión incluso rompió parte del mobiliario próximo haciendo saltar alarmas de coches y escupiendo flamas y escombros en llamas. La gente de alrededor huía despavorida y entre esa masa aterrorizada se camufló el ennegrecido hombre.

Los policías permanecieron en el suelo, desconcertados y ensordecidos por el estrépito. Se levantaron lentamente, doloridos, mientras oteaban entre toda aquella multitud enardecida buscando al criminal que posiblemente había causado todo aquello, pero fue imposible… el caos era tal que preferían el orden y la asistencia a heridos, más que la captura de aquel hombre.

Al poco tiempo, los sonidos en la lejanía de sirenas de ambulancia y bomberos se hicieron notar. Los policías y civiles que permanecían en la planta baja de la comisaría empezaron a salir por la puerta principal tapándose la boca con sus ropas, evitando así respirar el negro humo que fluía por todo el edificio y que se propagaba raudo. Los pocos que no estaban heridos ayudaban a la evacuación de los que sí lo estaban, sujetándolos o directamente sacándolos en brazos, otros tantos alejaban a las masas curiosas advirtiéndoles del peligro que corrían y abrían camino para facilitar el acceso a sanitarios y bomberos. Éstos, nada más llegar, se desplegaron rápidamente y encañonaron sus mangueras hacia la segunda planta, a la base de las llamas, mientras que algunos se introducían dentro de aquel infierno en busca de más gente atrapada o en apuros. Al mismo tiempo, los paramédicos atendían a los primeros heridos apartados de aquella masa ardiente, aislados de los posibles riesgos que se pudiesen dar. Había heridos de todos los calibres, gente sangrando por miles de sitios, ensordecidas por la explosión, gritando y llorando por el dolor y la confusión.

El interior del bloque se venía abajo por momentos, escombros en llamas caían del techo mientras el humo impedía ver gran cosa. De repente, uno de los bomberos pudo oír los gritos de socorro provenientes del final de la primera planta. Se dirigió hacia allí y pudo encontrar a tres personas encerradas dentro de una sala, se trataban de los dos agentes y la teniente DeWitt, aún inconsciente. Los suboficiales no cesaban en aporrear la puerta para hacer ruido, el humo se había filtrado por las rejillas de ventilación y por la celosía de la puerta contaminando el habitáculo, ahogándolos. Nada más ver a los bomberos llegar, le indicaron que la cerradura estaba atascada y que uno de ellos estaba inconsciente; el bombero, mediante su hacha, rompió la cerradura dejando libre a los agentes y ayudándoles a salir.

Al mismo tiempo, el blanquecino vaho proveniente de las exhalaciones del misterioso hombre se perdía en la tenue niebla de la ciudad, filtrándose entre sus dientes y elevándose hasta desvanecer. La figura del cenceño hombre negro se perdía lejos ya de las sirenas, las luces rojas y azules y los gritos de auxilio entre llamaradas de tormento. Mientras andaba, se pudo escuchar un susurro proveniente de sus labios que decía: “uno menos…”.

Saludos, Khaizen.


Última edición por Khaizen el 2012-05-21, 12:03, editado 3 veces
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Re: [Relato] 12 Días

Mensaje por Metalero el 2012-05-16, 14:44

Nadie comenta? Bueno es un poco largo XD

No termino de comprender aun la relación entre el prologo y el primer capitulo, pero al menos, por separado. ambos estan excelentes.

No es fácil lograr buenos ambientes y eso a vos te sale muy bien, basta con decir que puede imaginar gráficamente cada momento del realato.

En fin, felicitaciones, y a esperar (mucho otra vez supongo :P) que salga el resto de la historia.

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Re: [Relato] 12 Días

Mensaje por Khaizen el 2012-05-16, 21:53

Bueno, la verdad es que escribo muy de vez en cuando, cuando me viene la inspiración casi siempre.

La relación entre ambos es todavía muy difícil de ver ya que la historia está empezando, además que en cada capitulo se van dando saltos en la trama y poco a poco se va anidando todo. Muchas gracias por lo de los ambientes, la verdad es que me lo imagino como si fuera una película y voy detallándolo tal como lo voy viendo.

Siento postear los capítulos tan de vez en cuando, pero ya adelanto que el segundo ya está de camino y espero que pronto esté por aquí.

Saludos, Khaizen.
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Re: [Relato] 12 Días

Mensaje por reyerta el 2012-05-16, 22:09

Si, creo que apoyo a Metalero, planteas la historia con tanta incognita, que no eres capaz de revelar la relacion entre una y otra jajajaja. Aunque senti un gran interes por el 1er capitulo, debo reconocer que me quede perplejo con el prologo, insisto con que le das ese toque psicopatia a el personaje, pero creo que seria un error nombrarle de ese modo, ya que da la idea que sus asesinatos los hace con un fin justo, un fin humano. Siento un increible interes por ese personaje, parece calculador, frio y hasta sadico. Pero en su actuar muestra un deseo por no hacer esas cosas, por querer cambiar de camino o talvez como lo haria cualquier humano, solo quiere olvidar ese mundo. Espero no equivocarme,jejejeje, y si lo hice, te pido que me asombres...
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Re: [Relato] 12 Días

Mensaje por Khaizen el 2012-05-16, 22:32

@reyerta escribió:planteas la historia con tanta incognita, que no eres capaz de revelar la relacion entre una y otra jajajaja.

Jajaja ¡Que va! Lo tengo todo bien hilado, no os preocupéis y ya os digo que os asombrará... o eso espero :P

@reyerta escribió:Aunque senti un gran interes por el 1er capitulo, debo reconocer que me quede perplejo con el prologo, insisto con que le das ese toque psicopatia a el personaje, pero creo que seria un error nombrarle de ese modo, ya que da la idea que sus asesinatos los hace con un fin justo, un fin humano. Siento un increible interes por ese personaje, parece calculador, frio y hasta sadico. Pero en su actuar muestra un deseo por no hacer esas cosas, por querer cambiar de camino o talvez como lo haria cualquier humano, solo quiere olvidar ese mundo. Espero no equivocarme,jejejeje, y si lo hice, te pido que me asombres...
Gracias, me distes tranquilidad este dia

Si te digo la verdad, no vas mal encaminado en algunas cosas, pero dejemos que la historia continúe un poquito a ver si vais viendo por donde quiero ir, pero sin perder la sorpresa y suspense. Muchas gracias por leer, la verdad es que es muy grato leer cosas así, anima mucho a escribir, y como tal (y dado a que acabo de acabar justo ahora el segundo capitulo) pues ahí lo tenéis. Reconozco que puede ser un poco "enredar mas la cosa" pero poco a poco iréis entendiendo todo... o al menos espero hacerlo bien y que lo entendáis jejeje. Por cierto, las gracias te las doy yo por leer Colega

Saludos, Khaizen!!
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Re: [Relato] 12 Días

Mensaje por mrhawi el 2012-05-20, 23:34

Me gusta la historia y como la relatas, he seguido varios de tus escritos, si bien no soy fan de éste tipo de relatos, me gusta cómo lo has planteado todo. Hay cosas que me dejan con bastante ganas de saber el resto de la historia, se te da bien enganchar al lector, eso es algo bueno y la forma en que haces la descripción del ambiente es genial, no es simple ni tampoco densa, es decir no se me hace pesado leer y puedo ver con claridad lo que te imaginaste al escribir, en fin, estaré esperando más, saludos! good job soldier!

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Re: [Relato] 12 Días

Mensaje por Metalero el 2012-05-22, 00:54

¿Un tipo de sangre no identificable?

Ahora quiero seguir leyendo XD Muy bueno el 3º capitulo (igual que los anteriores).

Tenes definido cauntos capitulos van a ser?



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Re: [Relato] 12 Días

Mensaje por Khaizen el 2012-05-23, 19:15

Exacto, un tipo de sangre no indentificable. La verdad es que es un sujeto un poco extraño pero todo tiene su razón de ser. Me gusta que te atrape, a ver para cuando puedo sacar el 3º capítulo (el que acabas de leer es el 2º :P) , ya estoy pensando incluso en el 4º.
La verdad es que tenía pensado hacer 12 capítulos y por lo pronto será así, a no ser que haya algo que me haga cambiar de opinión.
Muchas gracias por tu comentario.

Saludos, Khaizen.
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Re: [Relato] 12 Días

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