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Los escritos de Orochii

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Los escritos de Orochii

Mensaje por orochii el 2010-05-02, 22:30

Bueeenas. Como ya... talvez habrán visto,soy asiduo a escribir de VEEEEZ en cuando. Ésta vez, como había olvidado llevarme mi Maravilla del Pasado pa'llacito, pues empecé a escribir otras tonterías.
Por si les interesan... allí vaaan xD.

Nombre de la novela: STRIKE - “Las eras de las divinidades efímeras”
Autor: ¿Quién mas?
Descarga: Acá (PDF).

CAPÍTULO I – La era de L’ark
Spoiler:

La era más oscura estaba por comenzar. Surcaban los cielos máquinas voladoras, los mares grandes buques mercantiles, y por el suelo las colosales locomotoras. Todo un universo tecnológico vivía junto a los humanos, quienes dentro de sus simples vidas existían su pan, su cama y su familia. Todo lo demás, como si de hollín se tratase (algo sin importancia), pasaba efímero, pero con paso hondo, puesto que la costumbre ha hecho que todo nos parezca común pero necesario.

En esos tiempos de prosperidad, un joven pasaba su rato libre en los bosques cercanos, lejos de la muchedumbre. Le gustaba a veces salir a dar un paseo, observar los animales, sentir la vegetación. Era un completo amante de la paz, de la serenidad de los prados y los arbustos. Su nombre, L’ark Mitsinikos.

Uno de esos tantos días entre árboles, caminando por la espesura del bosque, L’ark logró divisar un pequeño objeto que brillaba entre los matorrales. Sin malicia alguna, el muchacho se acercó, mas el mismo en ese instante saltó hacia él, como si tuviera vida. Viéndose cara a cara, el objeto extraño, que parecía más un ser que un simple cachivache, se reintrodujo entre las malezas, donde nuestro amigo lo perdió de vista. Como era una historia que no muchos creerían, L’ark lo guardó como secreto.

Pero la historia, para que podamos entenderla, no queda allí. Otro día, un tiempo después, pensemos en unos meses, una familia se trasladó del pueblo vecino, Mianmar, hacia el pueblo de nuestro colega, el pueblo de Windmill (se imaginarán porqué se puede llamar un pueblo así, ¿no?). Ésta familia rápidamente se hizo amiga de la familia de L’ark, sobre todo porque eran vecinos contiguos. Anteriormente la casa de al lado estuvo vacía porque los anteriores dueños no terminaron de pagarla, aunque fue hace mucho tiempo.

En fin, ésta familia en sí es parte del círculo de nuestro protagonista, sin embargo entre ellos había una persona bastante más interesante, Sui. Era la hija de Wang Lee y Mai. Una chica bastante curiosa, pero sobre todo muy comprensiva y muy afable. L’ark era un chico algo peculiar entre los chicos normales (tampoco era anormal), pero Sui era una muchacha aun más peculiar. Aunque normalmente estuviese serena, podía cambiar de estado de ánimo sin avisar, o terminar haciendo locuras. Su récord personal de altura desde la cual haya saltado era de 3m, a los 3 años. Aunque ahora hacía cosas peores…

En fin, hablemos de otra cosa. Por ejemplo… el pueblo de Windmill. Si, por supuesto el nombre es porque se destaca por sus molinos de viento, algo que aunque se estaba haciendo común en ése entonces, era bastante interesante. En sólo el pueblo de Windmill había cerca de unos 300 ejemplares, de alas con envergaduras de hasta 20m, algo insólito para ese entonces. El resto de cosas no eran excepcionales, aunque el ambiente resultante era acogedor. Casas de adobe y tejas, un río que pasaba por el centro del pueblo, cerca de la plaza, y en los exteriores estaban los terrenos de los hacendados, con extensas fincas y miles de trabajadores. En fin, si no trabajabas para los hacendados, reparabas molinos, en la mayoría de casos los pueblerinos eran así.

En fin, ¿qué más puede alguien decir sobre el lugar? Además de eso, no hay mucho por retratar, así que pasaremos a algo más interesante. Tenemos a dos personitas con importancia clave, la historia puede empezar a desarrollarse.
Nuestro diestro compañero L’ark hizo una gran amistad con Sui, como era de esperarse, ¿cierto? Como se podría suponer también, la misma le metió en más de un lío. Cierto día, caminando ambos por el bosque, L’ark le contó a Sui sobre aquello que había visto en el bosque hace bastante tiempo ya…

- ¿Es en serio? – Dijo con asombro Sui, puesto que nunca se había imaginado que pudiese existir un animal de ese tipo-.
- Ni yo mismo creo lo que vieron mis ojos aquella vez, pero tengo que decir que es cierto –L’ark responde-.
- Es increíble, - L’ark no acató a cambiar de conversación, puesto que lo que seguía iba a hacer que sus vidas cambiasen bastante- ¿qué tal si intentamos buscarlo? Recuerdas dónde lo viste aquella vez, ¿o no?
- ¿Buscarlo? Pues… no sé qué me sorprende más, el que me hayas creído que existiera o que quieras buscar algo como eso.
- ¿Porqué? Acaso me tomabas el pelo – dice Sui con tono de enojo-.
- Claro que no, lo que pasa es que justamente lo mantuve en secreto porque no creí que nadie me creyera. En fin… si quieres buscarlo puedes hacerlo…
- Tú te vienes conmigo y punto – interrumpe Sui, dirigiéndose al interior del bosque, dejándole atrás.
- Supongo que no me queda de otra… - Suspira entonces L’ark.

Después de haber caminado un poco, Sui se devuelve hacia donde L’ark. Le pregunta sobre la dirección, y siguen caminando. Al parecer L’ark recuerda el lugar, total el siempre ha gustado de merodear por el bosque y se lo sabe de memoria. Cada árbol, cada piedra… ya saben a lo que me refiero.

Al llegar a un pequeño claro, al este del pueblo, al fin logran divisar aquello que tanto buscaban, un bicharraco metálico, que descansaba sobre las raíces de un árbol, tomando la sombra plácidamente… ¿qué rayos? Sui se acerca sigilosamente, con la curiosidad retratada en su rostro. L’ark, aunque no podía dejar de sentir lo mismo, puesto que viéndole de nuevo no parecía tan feroz como lo recordaba, mantenía distancia. Era todo calma hasta que los impulsos de Sui estropearon todo de nuevo, ella saltó sobre la criatura para intentar atraparla, pero ésta despertó antes y esquivó el movimiento de Sui, poniéndose en guardia. L’ark sentía de nuevo la inquietud, y mientras veían ambos cómo aquella pequeña pelota se convertía en una gigantesca bestia. Las cosas empeoraron cuando más de su clase se unían al inquietante escenario.

Ambos empezaron a correr a como sus piernas podían, sin embargo L’ark se resbaló y cayó en el suelo, mientras Sui le ayudaba a levantarse una de éstas bestias les alcanzó y estaba a punto de atacarlos, cuando algo en el brazo de L’ark empezó a brillar, así iba apareciendo un tatuaje con forma de serpiente enrollada en un báculo. Ha de parecerles conocida esa descripción, pues algo así era éste símbolo en el brazo de L’ark. La bestia, como hipnotizada, se tranquilizó y se fue, sin más. Un extraño incidente había ocurrido, ya no era algo del montón como que un loco inventase una historia, sino que era algo tangible que L’ark se llevaba consigo, sea por el momento o para siempre.

El símbolo no parecía hacer nada, simplemente era un tatuaje del montón, con una forma conocida incluso. No tenía indicios de parecer una forma ancestral ni por el estilo, simplemente pintura con forma, un símbolo que aparece hasta en libros escolares. En ciertos ángulos parecía titilar, como si emanase luz, pero además de eso, simple y llano como todo tatuaje.

Al llegar a casa, L’ark, como todo adolescente, fue castigado, mandado a su habitación o como sea. Los padres siempre hacen eso al ver que sus hijos se salen de su propia normalidad. Como sea, la cuestión acá no es sobre padres. Centrándonos en el meollo de la situación, Sui llegó a la ventana de L’ark, como a veces hacía en ese tipo de situaciones. Ambos tenían gran curiosidad por saber exactamente el origen, porqué apareció en el brazo de L’ark, porqué en ese momento, y qué significaba, entre otras interrogantes. Se rompieron la cabeza, mas no había ni la más mínima idea, o al menos aceptable. Hubo suposiciones tontas como que eran producto de ovnis y por el estilo, nada con sentido.

Al día siguiente, L’ark se dirigía de nuevo a contemplar la calma del bosque, como de costumbre, y como era también acostumbrado, Sui salía de su casa a seguirle. Pero ésta vez Sui le detuvo, puesto que quería investigar un poco la cuestión del tatuaje de L’ark.

-Éste día deberíamos hacer algo distinto, levemente distinto.
-¿Distinto? ¿A qué te refieres?
-Vayamos a investigar por el pueblo. Ese símbolo en tu brazo me parece conocido.
-Pues si que me parece haberlo visto en algún lugar…
-¿A que si? Pues veamos un poco por el pueblo, como en la biblioteca o talvez preguntándole a la gente.

El diálogo explica cómo terminaron haciendo tal cosa. De cualquier forma, preguntaron a la madre de L’ark, que estaba en casa en ese momento. Preguntó primero: “¿entonces porqué te tatuaste algo sin saber primero su significado?”. Sabia pregunta, aunque no aplica en éste caso, algo que no podía L’ark explicarle a su madre… ojala supiera él cómo hacerlo. Con algunas evasivas, lograron averiguar algunas cosas, que tenía que ver con medicina y demás. Así que fueron a preguntarle al padre de Sui, Lee. Era un respetable médico, así que algo tendría que saber al respecto.

Les encomendó primero algún recadillo, ya que necesitaba urgentemente preparar algunas medicinas, así a cambio del favor les daría una extensa explicación. Un cambio bastante razonable.

Fueron al mercado, compraron algunas hierbas, fueron a cierto claro, recogieron otras y regresaron con Lee. Aunque no lo creyesen L’ark tenía grandes dotes de botánico y en estos meses estuvo a veces ayudándole a Wang Lee con el consultorio. Parecía tener vocación para ello.

Lee les explicó que el símbolo tenía algo que ver con medicina. Los detalles no eran importantes, sin embargo básicamente el báculo retenía el mal. Al parecer el que ese tatuaje les hubiera salvado la vida como un completo milagro no era algo que hubiera pasado porque si, sino que tenía algo qué ver con el significado del mismo. El resto de la amplia explicación de Lee es irrelevante para la historia, cuestiones demasiado específicas.

Agradecieron la información, y al mismo tiempo Lee les agradeció la ayuda. Al salir de la casa de Lee, algo en el otro extremo del camino captó el interés de ambos, ya que era un algo conocido… era una esfera viviente de las que encontraron en el bosque. Estaba inmóvil, por lo que la gente no le prestaba tanta atención. Saber cómo llegó allí era un misterio, pero pensar en lo que podría ocurrir si se desbocaba en pleno centro del pueblo era un dilema aun mayor.

-L’ark, ¿qué podemos hacer? No podemos dejarlo estar así como así, tampoco podemos empezar a llamar la atención y hacer entrar en pánico a la gente – la sensatez de Sui brillaba.

L’ark se quedó mudo, pero se acercó al objeto sin precauciones, como si tuviera confianza. El cachivache metálico no se inmutó, parecía estar descompuesto. Al ver esto, decidieron llevarlo a casa para observarlo de cerca, era algo bastante poco común y la curiosidad era desbordante.

En casa de Sui, que estaba en las cercanías del lugar, miraron más de cerca el ente. Además de esférica y metálica, era liviana, por lo tanto hueca. Parecía tener algo por dentro, como si tuviera partes vivas en su interior. Lo que más les sorprendió fue ver tornillos en la sección inferior – viéndose como si estuviera parado en el suelo –. Con un desternillador, L’ark y Sui retiran una placa de metal, y logran echar un vistazo a lo que ésta escondía: era un ser hecho tanto de metal como de carne. Unos órganos eran artificiales, otros eran como extraídos de animales vivos. L’ark y Sui no sabían qué expresión poner en su rostro, era algo que iba muy allá en lo que podían imaginar.

-¿Qué rayos es esto entonces? ¿Es un animal o una máquina? – L’ark comenta, buscando una respuesta a una pregunta que no obtendrá.

CAPÍTULO II – La era de Ai
Spoiler:

Caminaba por los callejones de la ciudad, buscando terminar con mi objetivo. Era un día lluvioso como cualquier otro, en una polución permanente y característica de éste cielo gris como el concreto que lo rodea al estar inmerso dentro de la ciudad. Un escenario enteramente gris, sin vida, sin color y sin forma. Entre tales condiciones, caminaba para acabar con mi sufrimiento.

Después de un día de ardua búsqueda, fui a tomar al bar de la esquina, como mayoría de veces hacía después de una larga jornada, sin paga por supuesto. El dinero escaseaba, por lo que además trabajaba lavando trastes de cocina en el mismo bar, como pago por mi cuenta, el dueño del bar era una antigua amistad, aunque eso no le quitaba el derecho de prohibirme la entrada cuando quisiera.

Luego de darme un descanso, salía de nuevo, en dirección a mi apartamento. Era un chiquero, un nido de ratas, mi única alternativa en esa basta ciudad. No tenía recursos para algo mejor, siquiera ligeramente, más bien era un milagro el que hubiera algo para mi decadente presupuesto.

Los jueves jugaba en el casino, eran mi día de suerte. Esos pocos centavos que iban escaseando al pasar la semana volvían a nacer. Por arte de magia podía seguir viviendo en tal pobreza.

¿Mi banquete? Piezas de pan con moho. Pueden pensar que es arriesgado comer algo en mal estado, pero cuando tienen la fortaleza física que tengo yo eso no es nada (más que un dolor de estómago en las mañanas). Lo mejor era beber de la fuente agua fresca, puesto que era lo más decente que podía permitirme.

Nada tenía importancia en realidad, a como mi único objetivo era vengarme de aquel que destrozó mi vida, que hizo que todo valiera igual que el excremento de un perro callejero. Aunque no estaba dispuesta a morir, no era la misma persona que hace algunos años…

CAPÍTULO “II.5” – La era de Ai y sus antecedentes
Spoiler:

Eran felices días de verano. Verde por todos lados, en contraste al día pútrido y solitario que vivo ahora. Arroyos y manantiales por los campos de la finca de mis padres. Mi madre, una moza amable y siempre con una sonrisa. Mi padre, un hombre serio pero que cuidaba de su familia. Eran días de perfección, nostalgia aparte.

Mi madre solía contarme historias de mundos fantásticos, de doncellas en apuros y de príncipes que las salvaban. Me gustaba oírle, pero me apetecía más el ser la heroína que simplemente estar en problemas, no me agradaba ser un estorbo. Mi madre, cuando comentaba éste tipo de cosas, sonreía y decía que tenía bastante coraje.

A raíz de esto, empecé gracias a mi padre clases de esgrima. Era bastante mala para ello, parecía no avanzar nada sin importar cual fuera el tiempo que pasara. Con decir que cuando cumplía ya los 14 años, tuve un combate contra el más novato de la clase, teniendo una penosa derrota. Aunque la esgrima no fuera lo mío, era lo que me gustaba hacer.

Pasaron varios años, en la finca de mis padres fue como estar en el paraíso. Todos los días eran divertidos, todos los días tenían una luz distintiva, todos los días eran irremplazables, todos los días los pasaba con mi madre y mi padre, todos los días era de día.

Uno de esos grandiosos días un hombre llegó de visita, esa fecha las nubes empezaron a tapar el sol. Ese hombre tenía por apellido Xanabris. Era un hombre de aura oscura, aunque intentaba aparentar bondad su oscuridad se abría paso por las sombras. Venía a hacer tratos con mi padre, el cual normalmente, con mucha amabilidad rechazaba. Venía frecuentemente, tan frecuentemente que aburría verle tan seguido. Siempre con la ambición en el rostro. Mi padre nunca desconfió de la gente, pero de éste hombre en particular… era un caso aislado.

El hombre iba desistiendo, sus visitas iban siendo menos frecuentes. La amabilidad de mi padre había al fin dado sus frutos, y aquel desapareció por un tiempo. Todo era luz de nuevo, más las nubes no se retiraron.

Unos meses después el aire se puso turbio. Las nubes iban tornándose de color oscuro, y caía una pequeña llovizna. En la lejanía se veían algunas siluetas, entre ellas había una muy conocida. Era el hombre de apellido Xanabris. Venía con una orden de arresto hacia mi padre, a quien en mi vida nunca había visto quebrar ley alguna.

Muy seguro de sí mismo, el demonio con cara de hombre acusó a mi padre de varios crímenes, entre ellos asesinato y corrupción. La orden de arresto tenía el sello del comisario, y junto a él venían dos policías. Mi padre, después de escuchar las acusaciones del individuo, aceptó la culpabilidad. Fue llevado a la comisaría, para ser encarcelado. Los bienes familiares fueron embargados y mi madre moría de tristeza al ver a mi padre ser llevado hacia un agujero.

Mientras se alejaba, la lluvia iba cobrando fuerza, y una densa niebla empezaba a aparecer. Corrí hacia donde él estaba, pero terminé perdiéndole de vista. No volví a verle. Ese día, al cielo esclarecerse, pudo verse que había luna nueva.

CAPÍTULO II – La era de Ai
Spoiler:

Busco a aquel hombre desde que tengo memoria. Desde ello, busco el porqué de aquello, porqué mi padre tuvo que irse del lado de mi madre y yo. Del porqué me arrebataron ese día parte de mi felicidad, y todo fue trastornado. Quiero saber porqué nuestra familia se desintegró, y mi madre tuvo que morir de preocupación.

A veces la visito, en el sanatorio de la ciudad. Gracias a la iglesia, el coste es pagado de su parte, aunque eso me cueste tener que hacer algunos que otros trabajos para pagarles el favor. Aun les agradezco la ayuda.

Le cuento a mi madre lo que hago, pero mantengo completamente en silencio la parte de mi sed de venganza. Mi madre, aún con la sonrisa en su rostro, ahora vacía, me escucha con atención, sin pronunciar palabra. No sé si en realidad me escucha, pero me da la fortaleza de seguir mi empresa.

Otro día más entre el gris, camino de nuevo por las calles de la ciudad. Hace bastante tiempo ya que estoy acá después de haber oído que éste era su último paradero. Para suerte, mi madre tiene lugar para quedarse. En ésta ocasión, un hombre se acerca a mí dándome alguna información sobre el paradero del hombre, aquel hombre a quien he buscado durante varios años ya.

-Oiga señorita, aquel día me preguntaste sobre ese tal… ¿cual era su nombre?
-Xanabris. Su apellido es Xanabris. ¿Sabes algo de él?
-Un día estuve conversando con un compañero de tragos, en la cantina de la siguiente esquina, me dijo que había escuchado de alguien con ese nombre. El tal Nathaniel Xanabris.
-¿Nathaniel? Lástima que no recuerde su nombre entero… ¿su dirección?
-Bueno, creo que no tiene pérdida. Trabaja como guardaespaldas para el señor alcalde. No sé qué quieres hacer con la información, pero mientras no sea ninguna locura te deseo suerte, ojala sea él quien tanto buscabas.

Después de agradecerle por la información, me dirigí hacia el centro de la ciudad, desde donde podía divisar la casa del alcalde. Pensar que tantas veces pasé por el frente de esa edificación, y estaba justo allí el que incriminó a mi padre.

(Continuará...)
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Nombre de la novela: El Amanecer de los Dragones
Autor: ~_~ Orochii desu.
Descarga: Acá (PDF).
Comentarios: Al fin estoy escribiendo un poco de lo que es la novela de Ragnarok X - Amanecer del dragón.

PRÓLOGO
Spoiler:

Talvez hayan oído la historia de la clérigo, Eve, proveniente del pasado de nuestras tierras de Midgard. Escapó de un futuro para llegar a uno posterior, donde la humanidad está de nuevo luchando por sobrevivir. Talvez es el destino cíclico de la civilización.
Ésta vez no hablaremos mucho de Eve, al menos no será nuestro personaje de atención, sino hablaremos de otros dragones, otros seres que alcanzaron lo inimaginable, aquello que sólo en relatos ficticios los seres humanos podríamos hacer.
Si no eres de los que gustan de dragones, tecnología sin sentido, objetos por recoger, mazmorras y tonterías cliché del medioevo y los relatos de fantasía… creo que no le agradará al menos esa parte, porque ésta historia lleva eso y más. Tranquilo, soy humano y como tal no centro mi atención en sólo mis fantasías, sino también en la realidad.
Desde la llegada de Eve a nuestro futuro, allá por el año… ¿4007502? (contando desde la cronología de Después de Cristo, porque el conteo va ahora sólo por 493), no han pasado grandes cosas. En realidad fue antes de su llegada, para conocer más de nuestro mundo.
La Gran Guerra Internacional, donde la humanidad declaró abiertamente la exterminación de toda amenaza, toda aquella especie hostil sería erradicada. Fue en ese momento donde iniciaron los tratados de paz, los cuales no fue hasta 200 años después que quedaron consolidados y las organizaciones mundiales iniciaron su funcionamiento. Además todavía quedan aquellos restos de las antiguas civilizaciones, como es el caso de los Mid Asgardians, quienes en su momento prosperaron y adquirieron gran conocimiento sobre las criaturas florecientes en los últimos 4 millones de años, esas que una vez estuvieron a punto de destruir a la humanidad. Mid Asgardians, nacidos de la unión de los Asgardians y los humanos, una raza fuerte que luchó y prosperó, pero como todo lo que existe se desvanece. Todavía no hay forma de saber qué ocasionó su desaparición de la faz de la Tierra. Sólo hay una gran piedra donde ellos tallaron el advenimiento, o talvez regreso, de una gigantesca criatura devoradora de mundos que acabaría de una vez por todas con nuestro querido planeta.

¿Será esto una premonición, una advertencia o simplemente un simbolismo del ciclo?

CAPÍTULO I
Spoiler:

Rasgaba el cielo la furiosa tormenta, en donde el horizonte marcaba solamente la torcida línea de las olas del impávido mar. En medio de tal desastre, se podía divisar una pequeña embarcación, que cargaba con el grave delirio de ir en busca de aquella tierra madre de todos los que la tripulaban. Un barco como cualquiera, madera sólida, gran mástil, por supuesto las velas estaban ya recogidas o sería suicidio en medio de tales vientos. Su hélice luchaba por sacar delante al navío, intentando huir de la ira del mar.
El barco venía desde las lejanas tierras de Yamashiru, el continente que estaba en manos del imperio neojaponés, el único imperio conocido, puesto que el resto de naciones y pueblos habían firmado el tratado de paz, más los nipones no por la discriminación que sufrieron al ser conejillos de indias en las investigaciones hechas sobre ingeniería mágica.
Además de la tripulación, el barco estaba habitado por una familia, que constaba de cuatro integrantes, entre los cuales está nuestra protagonista. Hikari Morishita, quien en ese entonces tenía 6 años, siempre ha sido alegre, extrovertida y un poco temperamental. Su hermana, Kyoko Morishita, dos años menor que ella, era la parte serena entre ambas, puesto que se parecía más a su madre. Y sus padres, Rei Ono –la madre- y Taro Morishita -el despreocupado padre-, quienes en conjunto viajaban hacia el continente de Aleko, huyendo de la persecución del imperio, por algunos dilemas personales de Taro -acusado erróneamente de traición, talvez en otro momento se aclare la situación-.
Aunque hubiera tormenta, la tripulación controlaba muy bien la situación. En el momento de claridad, cuando la tormenta se disipó, Taro sale a cubierta a tomar el saliente sol.

- ¡Bien! Creo que ya falta poco para llegar. Solo espero que… bueno no sé qué espero –Comenta Taro, y después empieza a reírse como maniático – Jar jar jar … ja ja ja.

En ese momento, caída del cielo, Rei hace su aparición en nuestro escenario, el exterior del barco, para silenciar la horrenda risa de Taro.

- ¡Taro! Deja de decir babosadas, asustas a Hikari y Kyoko. – luego toma un suspiro y dice – Debí hacerle caso a mamá cuando dijo que era… bueno eso…
- Oye, no me trates así no ves que soy muy sensible.

De pronto, el cielo se torna extrañamente oscuro. Grandes explosiones rodean el barco, como si hubiera una persecución y los cañones de los buques enemigos estuvieran asediando al pequeño navío.

- ¿Qué rayos fue eso?

No toma un segundo, pero después de que el cielo cambia del color celeste natural, un gran haz de luz cae sobre el barco, y lo único que puede verse son las partes del mismo arrancándose, dejando simplemente un puño de trozos.

- “Poresito” yo snif snif…
- ¿Qué rayos?

La embarcación, destruída, el futuro de nuestros personajes es incierto.
Encontrábanse Rei, Kyoko y Hikari en la costa. Talvez por obra divina, además de la fortaleza de Rei, las tres pudieron llegar con vida a la costa. En ése momento, Rei se percata de su ubicación. Al fin llegaron a las cercanías de Aleko, aunque el destino fuese Fierro no costaría tanto el llegar al mismo desde allí. En ese momento despiertan Kyoko y Hikari.

-¿Dónde estamos? – pregunta Hikari.

-Al parecer es la costa de Aleko. Nos falta poco para llegar a Fierro.

-¿Dónde está papá? – pregunta ahora Kyoko.

-No lo sé… - expresa Rei, con voz preocupada, puesto que como mínimo no se hallaba cerca.

-Deberíamos empezar a buscarlo – expone Hikari.

-¿Pero por donde empezamos? – interrumpe Kyoko.

-Yo qué sé, nada más empecemos a buscar por donde sea, pero hagámoslo ya – dice Hikari.

Mientras las hermanas discutían, Rei siente cómo las fuerzas le dejaban. De un momento a otro, se oye un cuerpo caer al suelo, y detiene la discusión de golpe. Era una señal de problema, de inquietud, de peligro para una vida, o talvez para las tres.

-Mamá, ¿qué te pasa? – Pregunta preocupada Hikari.

-No es nada, sólo un poco de fiebre… no te preocupes – responde débilmente Rei – ahora debemos preocuparnos por… buscar a papá.

No se veía nada bien, ni las palabras de su madre les calmaban. Era evidente para cualquiera que su vida estaba en peligro. Más que una fiebre llana y simple parecía peligro de muerte. Lo que podían hacer era pedir ayuda, pero se negaban a separarse de su madre. Por lo que en una de tantas Hikari salió corriendo hacia una dirección en concreto. Antes de alejarse dijo a Kyoko…

-Cuida de mamá.

A Kyoko no le quedó de otra.

Mientras corría, gritaba ayuda, además de que revisaba un poco alrededores. Esperaba ver una persona, una cabaña, cualquier rastro de personas. Llegó a un lugar que parecía ser una granja, donde encontró a un aparentemente amable anciano. Era alguien que después tomaría mucho mayor relevancia, un hombrecillo con un tono de piel pálido, verduzco… bastante extraño, siquiera pareciese que estuviera vivo. Pero a Hikari no le quedaba tiempo.

-Señor verde, oiga señor verde, ayúdeme por favor – decía con urgencia.

-Lo siento, estoy ocupado –respondía entre murmures, con el pensamiento ido.

-¡Viejo verde! Necesito su ayuda por favor.

La frase aunque sin intención era un poco… fuera de lugar. El hombre salió de su ensimismamiento y prestó atención a la aparente grosería de Hikari.

-¿Qué rayos dices a la gente que le intentas pedir favores? – decía un poco sonrojado – en fin, ya que me perdiste en mis cuentas, ¿qué deseas?

En ese momento, Hikari contó de la forma que pudo al “señor verde” (bastante descriptivo supongo) lo que ocurría. El hombre, pues al saber qué era el problema, le siguió hasta donde estaban Kyoko y Rei. Les llevó a su cabaña, donde acostó a Rei en la cama e intentó tratar su fiebre. Mientras, les dio algo de comer, estaban bastante hambrientas. Kyoko no quiso comer.

La enfermedad de Rei empeoraba a pasos agigantados. Ese mismo día, tras el atardecer, Rei murió.

CAPÍTULO II -Escribiéndole (o algo así, ¿o como diría la gente normal, en proceso?)-

Saludos y ojalá que no les disgusten xD (aaah es una tradición ya poner esto así), suertex,
Orochii Zouveleki
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