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Escape del Seducto Destino

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Escape del Seducto Destino

Mensaje por kyonides-arkanthos el 2017-11-15, 04:30

Escape del Seductor Destino


Escrito por Kyonides


Capítulo Primero


Viajeros Nocturnos


A Emprender El Viaje


Los Plateados Muros de Nycia, la Ciudad del Destino, el mejor lugar para averiguar todo sobre lo que nos depara el futuro, así es como los antiguos cuentos de hadas describen a la ciudad olvidada hace mucho tiempo. Los rumores esparcidos por todos lados hablan de escrituras crípticas que cuentan maravillosas o imposibles historias sobre cada una de las personas que habitan nuestro planeta. En la actualidad solo un grupo está interesado en la búsqueda de la ciudad plateada y es mejor conocido como la Orden de la Luna Roja, su nombre siempre ha sido asociado a un mal y sangriento presagio.

Lo que haría interesante a este puñado de aventureros sería que ninguno es humano. Un sirviente de nombre Hugh Lowridge le ha estado haciendo visitas a todos los chismosos y mensajeros de Gnashvale, una región del noreste, para conocer más acerca de este grupo. Hasta el momento solo podría contarles que la gente sospecha que los llamados viajeros nocturnos incluyen a sus monstruos favoritos como los vampiros y los hombres lobos en sus filas, pero otras razas también los respaldan.

Hace unos cuantos años yo, Sir Julius of Grayvale, me había encontrado con él en la taberna Hedgehog Stool a las afueras del pueblo Crystal Ceil. Luego de muchas jarras de cervezas lager consumidas, comenzó a hablar de su adorable amiga, una mujer de las nieves llamada Claudine, y cómo ella estaba preocupada por el futuro de su raza y el suyo propio. Ella era fría por naturaleza, aun así pudo encontrar rastros de tristeza en sus palabras y en su mirada distante. Había una razón por la que pudo sostener una conversación con ella en aquel entonces.

Era probable que la chica fuera instigada a buscar cualquier pista sobre el actual paradero de místicos sabios o monstruos. Al ser un hombre promedio, él no podría ofrecerle ninguna información valiosa para ella, ya que los ancianos de su villa lo ignoraban todo acerca de los oscuros cuentos sobre la ciudad plateada, por tal motivo ella no tenía razón alguna para permanecer en su región por más tiempo. Pasaron semanas hasta que él supo que ella fue vista en la cabecera del mismo Grayvale. Nada le impediría recorrer las ciudades humanas, por cuanto ella tenía una meta muy clara.

La bebida nunca ha sido un problema para mí, pero en serio pensé que mi cerveza era tan mala como para hacer que escuchara semejantes exageraciones. ¿Acaso las mujeres de las nieves aún existían? Mis ancestros habían luchado contra todo tipo de criaturas malignas incluidos esos fríos monstruos, se suponía que se habían extinguido hacía siglos. Nuestro mundo se había calentado más en el presente milenio que en el anterior, no hay tantos picos nevados como en los tiempos del fenecido Rey Merwalle; incluso los desiertos gélidos se han ido retirando a un ritmo constante.

Yo comencé a pensar entonces que nuestro encuentro podría formar parte de los planes del Destino, tenía la oportunidad de terminar lo que mis ancestros habían comenzado; mis hallazgos se habían convertido en todo un llamado del deber. Al detener a esas mujeres por la fuerza, podría obtener tanta información como hubieran recopilado hasta ese punto y todavía podría impedirles que cumplieran con su travesura de misión, fuera la que fuera. Lord Fiehl me compensaría mis esfuerzos apropiadamente sin duda.

Después de meses de luchar contra malvivientes predecibles como los Bandidos de la Colina Sangrienta, pelear contra monstruos sería entretenido por decir lo menos. Es cierto que las mujeres de las nieves no son la gran cosa, pero yo tenía la esperanza de que otros bichos pronto aparecerían para defenderlas o incluso vengarlas. ¿Qué caballero no desearía poner a prueba sus habilidades frente a contrincantes formidables?

Unas tareas menores no me permitieron ir en busca de esa mujer por unas siete semanas, la llama de la guerra nos mantuvo ocupados porque debíamos derribar a algunos jefes militares rebeldes de poca monta que alguna vez aspiraron a derrocar a nuestro ilustre Barón Fiehl de Murne. Nosotros entonces teníamos que asegurarnos de que ellos nunca más pudieran levantarse en su contra, muchos de ellos fueron ejecutados al poco tiempo.

Habían rumores que se esparcieron por toda la región diciendo que dos rebeldes pudieron haber escapado de nosotros en aquel entonces, ellos podrían planear algo increíblemente espantoso que pudiera hacer que la humanidad menguara hasta llegar al punto de la inevitable extinción. Hasta ahora no hemos podrido confirmar esa loca teoría y estamos confiados de que hicimos un excelente trabajo allí. Además sería la primera vez que siquiera escuchamos acerca de esas conspiraciones risibles que ocurren por todo el mundo. Una vez incluso se atrevieron a decir que empezarían a secuestrar gente sin que lo notáramos y ¡pronto seríamos superados por miles de zombis sin mente! ¡Qué exageración tan ilógica fue eso realmente!

También fue menester asistir a nuestro capitán el Paladín Victorius von Gerstental en someter lo que una tribu local de gente de ojos rasgados y que nunca usan cubiertos de metal llamaron kappa. En un inicio nos reímos de esos bichos, pero a la mañana siguiente nos despertamos solo para encontrar a más de ellos que ya nos estaban esperando para que los pisoteáramos. La única molestia fue que no éramos capaces de zambullirnos en el río para acorralar a esos estúpidos cobardes, dondequiera que se fueran a esconder. Esos resbaladizos kappa de veras se esforzaron por sacarnos de nuestras casillas por así decirlo.

Como una humilde muestra del aprecio de la gente, el anciano de la villa me hizo saber de un viajero nocturno, estaban completamente seguros de que no era un vampiro ni un hombre lobo sino algo más, de hecho debía ser algo realmente fuera de lo común. Lo que sí pudieron confirmar con toda certeza en aquel momento, era que no podía volar ni nadar, los testigos decían que le gustaba escalar rocas o árboles. Me pregunté si se trataría de un tipo de monstruo felino o una lagartija.

Honestamente yo no esperaba que me diera la primer pista que había encontrado en mucho tiempo, así que le pregunté por el destino de ese monstruo. El anciano me dijo, para mi sorpresa, que él se dirigía a un pueblo con un nombre bastante difícil de recordar, estaba seguro de que estaba ubicado en Murne y en ningún otro lado. Tal vez se refería a alguno en Gerstental, la región de la que provenía mi capitán, allí hay muchos pueblos con nombres que suenan algo extraños.

No mucho después de haber dejado la villa, yo le pregunté al Paladín Victorius si me daría permiso para ir en busca de la extraña criatura, incluso si yo debía ir de cacería por mi propia cuenta, pero se rehusó a permitirme que lo persiguiera. Entonces pensé que sus motivos eran totalmente insondables, ya que él nunca pretendió explicarse, algunos colegas estuvieron de acuerdo conmigo en que él se comportaba de manera inusual para un noble como él mismo.

Cinco días después habíamos arribado al pueblo Stoneridge, un pequeño lugar que era mejor conocido por su gran vista y todo tipo de minas, más algunos artesanos medio habilidosos. Nuestro capitán habían leído muchos reportes que contaban increíbles historias de gente que nunca volvía de una de las cavernas, fuimos llamados para hacer que los nativos finalmente entendieran que no había ningún misterio del todo. Eso sin duda significaba que nosotros debíamos lidiar con cualquier criatura desconocida que pudiéramos encontrar allí o simplemente capturar a todos esos trabajadores perezosos que se estuvieran escondiendo adentro, en un oscuro rincón de la mina.

De Una Adorable Y Tierna Mesera En Apuros


Es un pueblo pintoresco de seguro, no puedo contarles nada más al respecto, incluso sus platillos no son tan exquisitos como aquellos que pueden encontrar en Grayvale. Allí había una amable mujer en sus tempranos treintas que trabajaba como una mesera en la taberna local, creo que su nombre era Cherry Faintlit, me ofreció un pastel de manzana y pera que valía la pena comerlo. Sí, la comida se volvía una carga para todos los caballeros, así que nuestro capitán consideró que era necesario que fuéramos a descansar justo después de terminar nuestras cenas, no estaba permitido que bebiéramos nada de cerveza esa noche.

Ella iba en serio o eso es lo que pensé de ella en un principio cuando discretamente abrió la puerta, mientras yo reposaba en mi cama y recordaba algunos de los errores de mi pasado. Como yo ya estaba comprometido con una cause, debía de decirle–señorita, siento mucho que la decepcione ahora, pero no puedo lidiar con sus emociones justo ahora, ya que tengo algunos problemas serios sin resolver.

La mujer lo vio como algo muy triste de hecho, y aun así pretendió que ella tenía una razón diferente para entrar sola en la habitación de un hombre. A un ritmo lento ella comenzó a contarme su historia–sé que esto es realmente embarazoso para una soltera como yo, pero de verdad debe saber algunas cosas sobre las minas que están a punto de inspeccionar, sin embargo, su jefe no quiso escucharme a mí ni al dueño…

Sus palabras podían ser solo otro intento de asustarnos con cuentos de hadas sobre una extraña maldición o algún duendecillo peligroso que recorría esas condenadas minas. Estaba a punto de colmarme la paciencia con eso, su mirada inocente me hizo cambiar de parecer y espere que se explicara mejor a sí misma y todas sus preocupaciones más importantes. Se atrevió a sentarse en mi cama y jugaba con su delantal por el nerviosismo.

–Al inicio no había ninguna historia aterradora sobre las cuevas, lo trataban como solo otro caso de persona desaparecida, el tiempo había pasado y la gente casi había olvidado todo eso, pero ¡más mineros desaparecieron también!–aseveró con firmeza, se preocupaba por el futuro de ellos. Se suponía que eran profesionales y debían de saber qué hacer si se perdían o enfermaban o siquiera eran heridos en el trabajo, así que debía de haber otra razón para sus inusuales desapariciones. ¿Qué sabía ella acerca de ellos?

Pensé de pronto que había dado con la verdadera motivación para que ella se quedara a mi lado y le pregunté–¿esta historia tuya se trata de algún hombre desaparecido?, tal vez sea un amigo cercano–.

Sospeché que no podía haber ninguna otra razón para molestarme tan tarde en la noche más que su intenso deseo por reunirse con su novio. Al saber ella de antemano que yo era un caballero, no pensaría que yo querría aprovecharme de ella; sin embargo, lo vi extraño en mi propia opinión. Ella me había escogido a mí y a nadie más. ¿Acaso tenía yo una de esos rostros amistosos que no se encuentran a menudo en otros nobles?

Sus ojos casi se salen de sus cuencas antes de responderme–¡de ninguna manera, señor, él solo es mi querido hermano menor, eso es todo–!

A la señorita Faintlit se le dificultó sobreponerse a eso, yo estaba muy seguro de que estaba en lo cierto y simplemente ignoré cuán sensible ella podía estar al poder perder a su pariente. Luego de colocar mi mano en su hombro, le di a entender con mis propios ojos que realmente estaba apenado por lo que ella y su familia pasaban, ella entonces se calmó no sin que una lágrima se escabullera de su ojo izquierdo.

Me sentí culpable por hacerla llorar un poco, debía tomar en serio su petición y pronto aproveché la oportunidad para preguntarle–puedo estar equivocado al respecto, pero algo me hace pensar que eso no es todo lo que sabes, ¿de qué se trata eso–?

Levanté mi mano para luego tomar la de ella de forma que pudiera confiar más en mí, si eso era posible aún, de veras pareció que funcionó.

–Mi hermano… Él me había hablado de unos extraños ruidos que habían escuchado en los últimos meses, verá, él era uno de los pocos que podía ir muy adentro en la temible mina porque era joven y fuerte como para extraer cosas y empujarlas todo el largo viaje de vuelta–confesó unos minutos después.

Temía que su hermano se hubiera encontrado con esa extraña criatura que producía esos extraños sonidos, era capaz de asustar a muchos de los trabajadores más viejos que de vez en cuando lo ayudaba a empujar el carro tan pesado.

Como una manera de hacerle saber que no necesitaba escuchar ningún detalle más, me levanté y la abracé fuerte para susurrarle–es suficiente, sé lo importante que es nuestra misión para tí y tus parientes, no desistiré hasta conocer el destino de él como mínimo, aun así ¡no pierdas las esperanzas, señorita Faintlit!

Me agradeció por apoyarla, a una humilde mesera en apuros, pero debía agregar algo más sobre las fantasmales minas.

La mujer afirmó–sabe señor, hay más que debo contarle antes de que ingrese en ese maldito lugar, mi querido hermano una vez me dijo que él y un colega vieron unos ojos amarillos que los vigilaban en cierta ocasión, cuando otro minero escuchó al respecto, los siguió al mismo corredor antes de que se toparan con los mismos ojos que luego se volvieron rojos, como si estuvieran llenos de odio, fue unos momentos antes de que atacara al hombre atrevido y lo raptara. Lo último que recuerdan es que él no paró de gritar mientras ellos trataban de huir de aquel monstruo desconocido.

Solo pude inquirir–¿y de casualidad sabes por qué nunca habíamos sabido nada sobre el tema antes de arribar al pueblo?

La tierna Cherry explicó con tristeza–no fueron notificados sobre eso porque el jefe de mi hermano nunca admitiría que algo así había ocurrido allá dentro, escondió todos los reportes y silenció a todos sus empleados, solo algunos recibieron un incentivo algo significativo por guardar silencio…

Nuestra misión no iba a ser aburrida después de todo porque pronto tendría la oportunidad de luchar contra un verdadero monstruo, solo si ella estaba realmente en lo cierto sobre la verdadera causa de las desapariciones inexplicables. Como caballero, debía estar preparado para lo que fuera que pudiera enfrentar allí, así que debía de escoger cuidadosamente las mejores herramientas para lidiar con un vampiro sediento de sangre o alguna bestia feroz.

–Estimada mesera, ¿podría traerme algunos ajos por favor? Es solo como una simple precaución–le pedí a la espera de que ella pudiera ingeniárselas para encontrar suficientes ajos para que todo mi equipo pudiera llevar un poco.

Nada más ocurrió esa noche, a la mañana siguiente me desperté temprano como era de esperarse, terminé de ataviarme y salí a la espera de que apareciera la mesera. La señorita Faintlit arribó más tarde, se sentía avergonzada por no ser capaz de recolectar ningún ajo, no pude culparla por hacer su mejor esfuerzo. Todos simplemente pedíamos que no enfrentáramos a ningún chupasangre allí dentro. Un camarada, Sir Howard of Windkeep, fue capaz de hallar unas estacas, así que las llevamos donde el sacerdote de la localidad y a regañadientes él las bendijo porque seguía medio dormido entonces.

Antes de abandonar la capilla, ella me abrazó y me besó en mi mejilla derecha, después me dijo con ojos aguados–por favor asegúrese de regresar, Sir Julius, ¡que yo estaré orando por su seguridad!

Sus palabras me hirieron, sé que ella no tenía ninguna forma de saber que una vez estuve comprometido con una mujer del clan de los Tigres de las Tierras Altas del Norte y aun así me sentí increíblemente incómodo en ese momento. Claro estaba que yo solo era un ingenuo escudero, quien ignoraba todo sobre las dificultades y lo crueles que podían llegar a ser esas malditas bestias. Realmente pensé que me había enamorado de esa chica rayada. Nada me permitió prever lo que su primo le haría pronto por acceder a casarse conmigo, mi corazón era tan frágil como una cáscara de huevo rota. Además su familia se había atrevido a acusarme de asesinar a mi propia novia, alegaron que yo me había vuelto demente porque ella prefería más a su hijo que a un simple humano como yo.

¿Por qué les cuento esto ahora? De hecho no estoy seguro de eso, supongo que era bueno que lo supieran, ya que mi querida Cherry no era completamente humana. Hubo momentos en los que pensé que había percibido una especie de esencia bestial manando de su piel, aún sospecho que ella podía ser un cuarto jaguar o gata montés. Rescatar a su hermano perdido pudo haber significado que las cosas se volverían horribles en poco tiempo si yo hubiera estado saliendo con ella, en ese específico momento fue que finalmente comprendí la postura del Paladín Victorius sobre enamorarse de chicas nativas.

Como una probable repercusión por acercarme demasiado a la señorita Faintlit, mi capitán me empujó porque solo deseaba que yo liderara la expedición y no me quejé al respecto, incluso me sentí culpable por casi romper una de sus reglas de oro. No había nada más que hacer que ir directo al frente, al interior de las oscuras cuevas, yo sería el primero en arriesgar su propio pellejo, los ruidos y los latidos sonoros casi hacen que me acobardara o golpeara a algún camarada en varias ocasiones. Muchos de nosotros teníamos la ligera impresión de que había un monstruo que trataba de controlar nuestras mentes desprevenidas.

Uno de los mineros que nos mostraba el camino nos contó que la cueva tenía un extraño olor que flotaba por todo el lugar, después de exponerse a eso por unos minutos podía provocarnos a ver cosas que no existían en realidad.

–Al menos eso era lo que mi estúpido jefe me pidió que les narrara, chicos, pero yo tengo una teoría muy diferente; en su lugar debe de tratarse de un monstruo siniestro con algún aliento muy fuerte y alucinógeno–nos confió el trabajador.

Su abuelo alguna vez le contó muchas historias horripilantes sobre una peligrosa criatura que merodeaba en los bosques del sur, cierto día fue forzada a adueñarse de una cueva porque los humanos habían talado casi todos los árboles. Eso ya no tenía un buen lugar para acechar a los intrusos y probablemente quería comérselos sin ser molestado por nadie. Se había vuelto muy común que se hicieran hallazgos de esqueletos tirados por todas partes en el bosque de antaño. La posterior concesión real para explotar las montañas de los alrededores le habría dado a la bestia hambrienta otra fuente de alimento, una mejor que todos esos malditos murciélagos y roedores que ya habitaban las cavernas.

El minero de pronto dejó de caminar, me hizo señas con la mano para hacer que me acercara a su posición actual, habíamos encontrado rastros de un pico y los seguimos hasta que nos llevó a pensar que un trabajador había sido arrastrado por más de una milla por algún monstruo implacable. Otros caballeros pudieron hallar sus efectos personales esparcidos por todas partes, incluían algunos pedazos desgarrados de su camisa gris y sus pantalones negros. En el último tramo de nuestra incursión, pudimos confirmar que habían muchas manchas de sangre en el suelo, sin embargo, eso no implicaba que su víctima ya hubiera fallecido.

Como todo un cobarde, nuestro guía nos abandonó a nuestra suerte, lo que hizo que todos me siguieran mi vacilante paso. No estaba seguro de qué nos atacaría en cualquier momento, empero, ya no parecía tratarse de un vampiro, su obra era sucia, torpe, brutal, con toda libertad podíamos afirmar que simplemente carecía de estilo y también de hipnotismo. Entonces necesitaríamos encontrarle otro uso a nuestras estacas, cuando de pronto escuchamos los gritos de terror de un hombre pidiendo auxilio por una última vez…

Uno de nuestros caballeros entró en pánico, tiró su espada como si ya hubiera renunciado a su vida, hasta que Sir Howard se le acercó y lo golpeó en su estómago para hacerlo salir de ese penoso trance.

–¡Sé un hombre con valor, jovencito, o muere al tratar de convertirte en uno!–Sir Howard of Windkeep lo sentenció al infantil caballero.

–¡Me gusta eso último, eso de veras hace que su carne sepa mucho mejor, je, je, je–un bicho desconocido gritó mientras seguía escondido entre las sombras.

Sus pasos producían un eco en las paredes, era como si tratara de engañarnos al simular que había más monstruos a nuestro alrededor a la espera de un chance para destrozar nuestros cuerpos en medio de una danza sangrienta de alguna clase. ¿Qué pasaría si la advertencia del trabajador era real y todos nuestros sentidos se nublaban? ¿Cómo podrían sobrevivir incluso los estúpidos guerreros como aquel joven en esas difíciles circunstancias?

–¡Usa ya un cebo, condenado imbécil!–de pronto pensé por razones desconocidas.

¿Cómo podría deshacerme de la vida de un camarada con tal ligereza? ¿A dónde irían a parar los valores del respetable caballero que soy? Además nadie podría garantizarnos que eso siquiera funcionaría y hablamos de una criatura capaz de pensar a un nivel más alto del que un basilisco o una salamandra podrían hacerlo jamás.

Ahora que he mencionado a la salamandra, recuerdo a una estúpida que podía hablar o simular que hablaba como un humano. Es solo mi humilde opinión, pero creo que él siseaba y escupía demasiado al conversar. Preguntó por un imbécil, un tal luchador llamado Al para ser más específico, le guardaba rencor por pisar su cola mientras se bronceaba temprano por la mañana como suele hacerlo. El bicho le reservaba un escupitajo envenenado exclusivo para él, eso fue lo que nos contó antes de dejarnos para ir en busca de un lugar para esconderse de una amenaza desconocida.

–¿Por qué no se muestran si están tan seguros de que pueden derrotarnos a todos nosotros?–le pregunté con la intención de retarlo, tenía la esperanza de que ambos nos enfrentaríamos en un duelo, aunque no fuera el más justo de todos los duelos.

El monstruo se tomó su tiempo para responder–mmm, no estoy seguro de si debería aceptar tu reto, pero de veras estoy aburrido aquí, así que solo hagámoslo!–.

Ser un boca floja se convirtió en un grave problema en ese entonces, en lugar de un único enemigo debía enfrentar a cerca de cincuenta bichos al mismo tiempo, lucían como una extraña clase de duendes. Pensé que mis colegas caballeros me apoyarían, Sir Howard fue el único que luchó a mi lado en ese momento, pero yo le temía a su mirada porque parecía que disfrutaba mucho el descuartizarlos para el gusto de un caballero de verdad.

Después de matar cerca de la mitad de ellos, ellos comenzaron a mezclarse con los cuerpos de una forma asquerosa y retorcida. Enfrentar a veinticinco monstruos del doble del tamaño de los anteriores era algo desconsolador, nos hizo pensar que herirlos sería contraproducente. Probablemente podríamos derrotarlos al incinerarlos, estaba agradecido de que hubiéramos traído un poco de combustible con nosotros para encender nuestras antorchas, el problema sería que no pudiéramos acercarnos lo suficiente para hacerlos arder.

Entonces yo me las ingenié para engañar a uno de ellos y envolverlo en un mar de llamas, aun así ese monstruo parecía que soportaba el calor en aumento con facilidad. Nos imaginamos que más bien debíamos de congelar a ese estúpido bicho, ya que se nos agotaban las ideas, prácticamente todo valía la pena intentarlo. Me asusté cuando vi a Sir Howard morder a una de las alimañas casi indestructibles, ¿en qué rayos estaba pensando en ese instante? Debía de ser asqueroso, a pesar de eso solo lo escupió como si nada le hubiera pasado.

Mi intuición he hizo creer que yo ya no debía confiar más en mi compañero de armas, su atrevimiento podía haberle costado un castigo del cielo como convertirse en uno de esos horripilantes monstruos contra los que luchábamos. Estaba muy ocupado tratando de idear un plan asombroso para librarnos de ellos, cuando uno de los mineros desaparecidos, creo que era un cuarentón, apareció sin aviso previo.

–¿Qué crees que estás haciendo aquí, minero idiota? ¡Abandona este sitio de inmediato o nos harás más difícil que nunca el que derrotemos a esos malditos bichos!–le grité con furia a ese imbécil.

¡Qué impresionante fue saber la triste verdad! El trabajador había sido poseído por una de esas malvadas criaturas, pero la peor sorpresa fue darme cuenta de que empezaba a convertirse en uno de ellos. Así habían hallado la manera de aumentar en número al poseer y consumir a humanos indefensos.

Sin ninguna razón específica simplemente les pregunté–¿y cómo debería dirigirme a ustedes, malditos monstruos–?

El antiguo minero pronto me miró con sus ojos rojos y una sonrisa maligna y alegremente me respondió–bueno, puedes llamarnos hagglers o regateadores de ahora en adelante, pero supongo que “sus excelencias” deberían servir a dicho propósito por el momento, je, je, je–!

Los arrogantes monstruos de veras me sacaban de mis casillas, ¡cómo se atrevían a robarle el cuerpo a un hombre trabajador para convertirlo en un tipo de nido para unas asquerosas alimañas como ellas! En serio deseaba que tuviéramos algo para destruirlas, lo que incluía al pobre minero. Tal vez exponerlas al sol los ralentizaría lo suficiente como para permitirnos decapitar a las criaturas sin permitirles que se regeneraran del todo, mas no había oportunidad de hacer que nos siguieran de regreso a la entrada, la que estaba ubicada a muchos kilómetros de nuestra posición actual. Y pensar que ese desertor imbécil debía de estar en lo cierto al querer huir de esos monstruos me hizo sentirme extremadamente enfermo.

–Mis colegas caballeros, simplemente preferiría no sugerirles hacer algo como esto, pero no veo otra manera de resolver este terrible problema que tenemos a mano, simplemente volemos esta sección de la mina para atraparlos aquí por la eternidad!–les dije a mis camaradas con la esperanza puesta en que me escucharían y me ayudarían a destruir este túnel específicamente por nuestro bien. Excepto por ese cobarde, nadie estuvo de acuerdo conmigo, aparentemente ellos esperaban que me enfrentara a ellos y los venciera de alguna forma. ¿Había algo que no hubiéramos intentado ya?

Entonces levanté mi orgullosa frente y les dejé saber la extraña decisión que había tomado–no importa, mis estimados camaradas, solo reúnan suficiente pólvora y enciéndanla para hacer que el túnel colapse, me quedaré aquí para impedir que los sigan hasta la entrada principal–.

Pensé en ese momento que yo debía de ser un verdadero idiota por preferir una muerte espantosa por una causa perdida, probablemente la desesperación ya no dejó que mi penosa mente pensara con claridad.

Después de percatarme de que no tenía nada que pudiera utilizar para exterminar a mi enemigo, realmente abandoné mi voluntad de vivir. No estaba entre mis planes para el futuro que me convirtiera en un nido de criaturas repulsivas, pero todavía tenía una oportunidad de dar con su debilidad. No le había contado a nadie sobre mi pendiente mágico, así que estaba seguro de que podría guardar información valiosa allí antes de morir. Entonces lo enviaría todo al otro pendiente, el de mi amiga Lady Josephine, ella lo guardaba en un lugar seguro. De hecho ambos le pertenecían a su familia. La culpa ya me tragaba sin piedad alguna, porque le había prometido que estaría a salvo y algún día le regresaría su pendiente…

Mi hoja hizo lo que pudo para impedir que el monstruo avanzara, aún así algo me hizo pensar que se trataba de un tipo de distracción. Uno de ellos pudo haber escapado con la intención enfermiza de atacar a mis camaradas o a los mineros por sorpresa. Una espada común era incapaz de causarle verdadero daño al bicho, lo que me confundió. Nada lo mantenía atrapado en el interior de las cuevas. ¿Habría otra criatura a la que le temía en extremo? ¿Sería preferible habitar en las minas que salir a tomar aire fresco de vez en cuando?

Algo me recordó una lección que traté de saltarme cuando aún era un tonto escudero. Me habían dicho que eventualmente me enfrentaría a enemigos fuertes a los que nunca podría derrotar, pero mi instructor hizo un comentario curioso del que de veras me reí. Afirmó que esos monstruos podrían ser muy engañosos o incluso algún tipo de espejismo, una ilusión muy compleja. Si su teoría estaba en lo correcto como yo lo esperaba, mi verdadero enemigo no era uno llamado regateadores. Podía ser menester que fuera en busca de otra criatura, algo a lo que podríamos llamar el titiritero.

Las metas básicas de los enemigos podrían ser comernos y multiplicarse en un tiempo prudencial, sin embargo, también podría haber una meta ulterior. Eso implicaba que debían de proteger a su amo a toda costa. Parecía ser bastante imposible que hallara alguna pista que me dirigiera justo a la guarida de su jefe, entonces me imaginé que me había enfocado en el lugar incorrecto. Había confirmado que los regateadores no producían el olor terrible que percibimos en los túneles. ¿Acaso el enemigo más peligroso se escondía a plena vista?

Al tratar de recordar cómo fue que supimos lo que ocurría en las condenadas minas, noté que había algunos detalles que habíamos pasado por alto sin ninguna razón válida. Una de ellas era la persona que entregó el informe que sus siervos compilaron por él, hablo del mismísimo Sir Howard of Windkeep. Aparentemente era un verdadero camarada, ¿y si solo pretendía serlo? ¿Acaso no me dejó atrás hacía un rato? Después de sugerir que debían de volar el túnel, fue él ese primer caballero en abandonar el sitio y no nuestro respetable capitán. Para semejante guerrero tan valiente, eso realmente fue raro. Se esperaría que él fuera el único compañero en apoyarme, al punto de que prefiriera quedarse para luchar a mi lado.

Mi segundo sospechoso era uno de los mineros o su propio jefe. Es normal que los civiles se asusten luego de que escucharan sobre extrañas criaturas que merodean el lugar y se los comen vivos. Aun así nuestro guía no dijo nada sobre sus colegas, los que habían sido capturados recientemente por los regateadores. Ese era un detalle que un hombre preocupado nunca omitiría, pero él lo hizo sin sentir culpa alguna por ello. Podría haber escondido algo importante desde el inicio o él era un verdadero monstruo o un mago disfrazado.

Dejé de pensar en ello, tomé un largo respiro y comencé a buscar a otros sospechosos. Cualquiera diría entonces que mis teorías eran ridículas, así que debía de pensar en algo que solo podría imaginar una mente perturbada. La señorita Faintlit, ella estaba en mi mente y no sabía el por qué. Al rato la relacioné con algo que debimos de traer a las minas hacía mucho tiempo, un condenado perro. Si pudiera regresar al pueblo y traer aquí un perro o incluso un gato, de inmediato sabríamos quién no es humano del todo o quién es un brujo. Solo digo que un gato negro podría sentir alguna clase de conexión con un mago, lastimosamente no habíamos visto ninguno hasta el momento.

Bueno, si estaba en lo cierto en lo que respecta a mis primeras sospechas, Cherry sería capaz de decirme quién no se suponía que fuera a trabajar ese día. Tendríamos la ventaja de utilizar su sentido felino del olfato de alguna manera, además de que esa característica en especial pudo ser la causa probable para que capturaran a su hermano días atrás. Pudo haber aprendido mucho sobre algún personaje sospechoso que rondaba por las minas, así pudo llegar a contarle todo lo que sabía a su hermana mayor, alguien a quien bien podría ver como a una figura materna.

Me harté de ese asqueroso monstruo, así que solo envainé mi espada y me di la vuelta, me dirigí a la zona común de la mina. Había una gran probabilidad de que no me siguiera hasta allí, ya que se suponía que debía de matar a todo testigo ocular como una medida de prevención. Cada vez que el bicho me atacó, simplemente lo golpeé muy duro con mi guantelete. Luego de varios minutos confirmé que ya nada me venía persiguiendo. De seguro eso no significaba que fuéramos capaces de rescatar a sus víctimas, pero aún no teníamos motivos para abandonar toda esperanza. Algunos camaradas me veían como si observaran a un fantasma que atravesaba objetos sólidos, pronto les hice saber que ese no era mi caso.

Pronto me les acerqué para informarles sobre mi nuevo plan, debían asegurarse de que hubieran mezclado el olor de la criatura y el de la pólvora como forma de neutralizar el de la primera. Yo iría a salir al exterior a traer nuestro respaldo, una herramienta útil que podría resolver este patético misterio de una vez por todas. Cuando me preguntaron qué era, les expliqué que no era conveniente que lo supieran. De otra forma nuestros enemigos lo habrían descubierto y pronto cambiarían su estrategia para nuestra desventura.

Podrían pensar que solo escapé de una situación peligrosa porque soy un mero cobarde, bueno, tal vez tengan algo de razón al respecto. Aún así todavía tenía algo qué hacer y necesitaba a la señorita Faintlit con desesperación para que me ayudara a encontrar un buen sabueso que pudiera hallar al monstruo por nosotros. Más de hora y media después pude cruzarme con ella finalmente, no estaba trabajando en la taberna como lo esperaba, en vez de eso visitaba a un vecina. Poco después descubrí que ella había pasado por una crisis porque imaginó que no solo perdería a su hermano menor sino también al hombre de quien se había enamorado. Debo ser completamente honesto con ustedes, eso me perturbó un poco, pero me las arreglé para convencerla de ayudarme.

–Sabe, Sir Julius, le dije que no había encontrado ningún ajo anteriormente, pero otra vecina después se acordó de que tenía algunos y me trajo este…–me confesó mientras se sentía totalmente avergonzada.

Una corazonada me dijo que eso había pasado porque yo me acercaba a resolver este caso dentro de poco. Mi alegría me abrumó, hizo que la abrazara y la besara en sus labios atribulados. Sospeché que cada músculo de su corazón se había derretido porque ella se alejó pronto de mí para preguntarle a los vecinos si me podían prestar a su sabueso por algunas horas. Creo que había encontrado a una buena asistente en el lugar más extraño de todos.

Cherry me llamó después para presentarme al perro que le había pedido prestado a un cazador, su nombre era Oloroso. Solo pude reírme de él por tener un nombre tan raro hasta que sin quererlo averigüé la verdadera razón detrás del nombre. Tuvimos que ignorar sus defectos y llevarlo a las minas cuanto antes, la mesera recordó que debía llevar una de las camisas de su hermano para que lo rastreara más tarde. Le recomendé que le pidiera a un vecino que la acompañara a las cavernas porque yo estaría muy ocupado. Debía lidiar con el monstruo que hechizaba las minas. El bueno y viejo Oloroso y yo nos dirigimos a la entrada, esperaba que fuera suficiente para desenmascarar a mi verdadero enemigo en un parpadeo. Ya empezaba a saborear nuestra futura victoria.

Todo lucía normal cuando entramos en las cuevas, solo minutos después pude escuchar algunos gritos. Normalmente hubiera corrido en dirección al punto donde ocurría todo, pero no era conveniente para nosotros, podía agotar a Oloroso demasiado pronto. En el área común pude mirar cómo los mineros se asustaban al ver los mismos ojos rojos y escalofriantes que habíamos visto antes. Era curioso que los bichos no se aproximaran lo suficiente como para atacar a los trabajadores. Mis sospechas parecían ser correctas, aún así no era tiempo de bajar la guardia.


–¡Ve, Oloroso, ve ya a buscar al bicho!–le dije al perro en su larga oreja. De veras parecía que me comprendía lo que le decía porque comenzó a olfatear a todo mundo. ¡Era mi día de suerte sin duda! Bueno, no era tan simple como lo había previsto, faltaban muchas personas y los trabajadores no podían contarme qué camino habían escogido. Nos habían advertido que era como una mazmorra y era fácil que nos perdiéramos al poco tiempo. Además yo ya estaba algo cansado luego de caminar largas distancias y también debía de cuidar al sabueso. ¡Estaba tan cerca pero tan lejos de resolver el misterio!


Había algo que podíamos intentar solo en caso de que funcionara, debíamos de revisar cada una de las recámaras y oficinas hasta que encontráramos al monstruo maligno. Por cuanto esa era una operación a gran escala, eso podía llevarnos horas antes de que hubiéramos terminado de olfatear cada pieza de tela. Decidía que era mejor empezar a revisar aquellos camarotes que no pertenecían a ninguno de los presentes e ingresamos en varios de ellos sin tener éxito. Las cosas pronto cambiaron cuando uno de los trabajadores regreso al área común de imprevisto, iba a recoger el almuerzo de un amigo, Oloroso me dejó saber que él olía muy raro. Para mi más reciente infortunio, solo era un minero que se acercó demasiado a los regateadores hacía algunos días. No había tenido tiempo de bañarse y realmente lo necesitaba entonces.


En algún punto me cansé de ese trabajo tan patético, por lo que cambié de opinión y fui directo al primer cruce de la mina. Parecía ser la decisión correcta porque encontramos a unos mineros que estaban de pie allí, un momento, su jefe también estaba con ellos. Todo empeoró cuando su jefe y un camarada, Sir Howard, pensaron que sus disfraces ya no les permitirían seguir escondidos a plena vista. Nunca habría adivinado que otro caballero tiraría su armadura y se convertiría en un hombre lobo temible.


–Acaso eso significa que usted es todo un vampiro, maldito jefe de los mineros?–le pregunté a su jefe.


–Supongo que es inútil pretender que solo soy otro humano…–respondió él antes de que sus colmillos confirmaran mis sospechas.


Última edición por kyonides-arkanthos el 2017-11-16, 05:03, editado 5 veces (Razón : Corrección menor)
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