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Cuellos Negros

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Cuellos Negros

Mensaje por kyonides-arkanthos el 2017-11-09, 05:31

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Cuellos Negros

Escrito por Kyonides

Capítulo Primero

Primer Escándalo

Una Revelación sin Consentimiento

Ser un periodista en el Reino de Gale es un pequeño reto, viajar largas distancias a caballo o a pie es lo que a veces me hace pensar si escogí el mejor trabajo que estaba disponible entonces. Tal vez no hayan notado esto justo después de encontrarnos en este lluvioso día en la taberna Ala y Tocino, pero soy un forastero. Es cierto, no se supone que yo está aquí porque provengo de una tierra muy distante donde la esgrima ya no son populares o eso es lo que debemos pensar al respecto.
Sin que lo supiera en su momento, algún extraño método debí de utilizar para llegar aquí, de hecho no fue tan malo, esto me permitió conocer a una amable joven con la que he salido desde el primer día. En aquel tiempo me sentí mal por destruir parcialmente su granero, así que me vi forzado a reparar eso antes de que ella perdiera lo que le quedaba de su tierna paciencia. De verdad la compensé por perdonarme y alimentarme hasta que pude encontrar un trabajo fijo.
Mi primera opción fue entonces la de ser el ayudante del panadero, no se rían de me cuando les cuento que fui sacado a patadas ese mismo día por quemar unos panes deformes y hornear alguna clase de queques carbonizados. Las reparaciones fueron mi siguiente objetivo, ofrecía mi ayuda como una especie de carpintero, la única casa en la que empecé a trabajar fue consumida por las llamas durante la noche. Ya se imaginarán a quién culparon de eso, aun si no fue mi maldita culpa, ellos solían encender candelas como una especie de ofrenda para los difuntos. Lamentable es que sus dueños también se hayan unido a los que ya no caminan entre nosotros…
Primero pasaron semanas, luego pasaron los meses y sus niños pasaban por una difícil situación, su tía simplemente aseguró que no los criaría más porque ella no podía darse el lujo de alimentar a niños tan inútiles mientras su esposo estaba cesante después de que finalizó abruptamente la temporada de cosechas, los granjeros habían perdido un cuarto de sus cultivos debido a una inundación imprevista, lo que arruinó algunos de sus verduras. La última vez que había visitado su pueblo natal había descubierto cuán mala era su pariente y me sentí mal por los pobres chicos, el invierno estaba a la vuelta de la esquina, lo que me hizo arriesgarme y adoptar de forma no oficial a los tres.
La mayor era una gran ayuda y muy bella, de veras terminé adorándola, aunque ella podía ser algo hipócrita en ocasiones. Cuando las cosas se pusieron más feas que nunca para nosotros, ellos como que se acercaron más a mí de lo que deberían de hacerlo con un completo extraño, quien desconocía todo sobre su cultura. Me las ingenié para alimentarlos una o dos veces al día, dependiendo de mis ganancias incluso podía comprar pollo asado una vez al mes. Sí, debo admitir que mi novia nos salvó de la hambruna y de congelarnos en la calle el mismo día que ella nos permitió quedarnos en su casa, durante varios meses pensó que de hecho éramos una familia, hasta que se dio cuenta de que yo no hablaba su lengua materna con propiedad.
Para serles honesto nuestra estadía no fue muy cómoda al inicio, mi amante se atrevió a acusarme de tener un amorío con la chica mayor, debí decirle que era demasiado joven y bajita para mi gusto, aun si en su cultura permitían que hombres como yo se casaran con quinceañeras como ella. Este fue el momento cuando comprendí lo importante que era que los chicos crecieron antes de permitirles que comenzaran a tener su propia familia. Los adolescentes solo creen que ya son lo suficientemente maduros como para lidiar con la vida de una pareja de recién casados, sin que haya evidencia que respalde sus afirmaciones. La verdad nos dice que la experiencia hace una gran diferencia cuando tratas de resolver problemas y de evitar discusiones estúpidas, capaces de destruir matrimonios que estén unidos por un débil lazo que casi no los ata.
Más tarde la chica y yo debimos hacer un plan para convencerla de mi inocencia de una vez por todas. Eso nos tomó como dos o tres semanas de luchas como si fuéramos padre e hija y así hacer que ella cambiara su perturbada mentalidad. Ahora saben cuán celosa ella puede ser, pero aún ignoran que ella también puede comenzar a golpearnos a mí o a los niños así de la nada. En serio debemos escondernos cuanto antes, una vez que ella empieza a quejarse de ollas o alguna paloma que defecara en su vestido. Tan solo no se le acerquen si ella se ha vuelto loca, ¡uno de mis jefes anteriores insistiría en pedirles que prestaran mucha atención a mi consejo!
Encontrar un a razón para su locura me tomó un año o algo así, ella tenía quince cuando se casó con un hombre en sus tardíos treinta. Después de tres años de no hacer gran cosa, además de chismear eventualmente con sus vecinas durante todo el día, le contó una amiga que un pariente había visto a un hombre que lucía justo como su esposo mientras cortejaba a una viuda algo adinerada, esa mujer era un poco joven, como de veintidós años. Como su testigo ocular vivía en otro pueblo, mi chica no le creyó ni por un segundo, ¡qué error más estúpido fue ese!
El hombre, una vez que fue atrapado en una infidelidad, solo prefirió desaparecer por su bien, lamentablemente eso significó que mi amante debía vivir de sus escasos ahorros hasta que sus amigos optaron por ayudarla al pedirle que cosiera ropa o fuera ayudante de cocina o trabajara como mesera a medio tiempo. Sí, le cambié la vida al caer en el techo de su granero y romperlo sin querer.
Me preguntarán ahora por qué sigo quejándome de ella y por qué me atreví a contarles su historia como lo venía haciendo durante este tiempo. Bueno, solo digamos que únicamente deben adivinar quién está a pocos pasos de mí, a la espera de que su descuidada pareja termine de escribir su supuesto artículo. Exacto, eso me hace temblar cada vez que tengo algo de tiempo libre para pensar en mi situación actual. Debo de ser el primer periodista que necesita llevar consigo a su amante a donde quiera que vaya a cubrir algún evento o intente develar algún trapo sucio del que la gente me quiera contar.
¿Qué sucedió con nuestro hijos adoptivos? Era obvio, incluso para el ciego que ronca en el cuarto de al lado, que mi chica nunca soportaría a nuestra hija mayor si se acercara demasiado a mí o me abrazara mientras dormimos. Hubo una ocasión en la que debimos traerla con nosotros porque una pariente de ella, no la bruja de su tía de seguro, solo quería quedarse con los más jóvenes mientras nosotros estábamos lejos de casa. Mi mujer de pronto la sacó a patadas de la habitación a mi pobre Susanne, mi linda chiquita no debía ser culpada por ser una inocente sonámbula.
El tiempo debería de sanar las heridas, supongo yo, pero eso no fue lo que me empujó a viajar a la capital, la ciudad de Aunis, ese fatídico o aburrido día, depende de su punto de vista actual principalmente. Hasta donde lograba recordar entonces, por un lado nada importante me había pasado a mí o a nadie alrededor, por el otro mi novia podría contarles una historia muy diferente sobre cómo la engañé descaradamente y me dio una paliza con sus sangrientos puños y sus gruesos tacones. Es verdad, había un rumor sospechoso que recorría las calles, se trataba de la hija de la reina, la adorable princesa Anna.
Las únicas cosas que aún recuerdo de esa semana eran el momento en el que mi jefe me pidió que consiguiera una entrevista con la canciller o la misma princesa para hablar de algunos hombres que se suponía que la venían cortejando, eso incluía a un poco conocido príncipe del reino vecino. De verdad que lo consideré excesivamente insípido, me regañó sin piedad por no comprender a nuestras pobres lectoras. Fue la primera vez que escuché que había alguna mujer que amara leer nuestra risible imitación de periódico de pueblo.
Nuestro viaje no fue malo de hecho, los caminos eran un dolor, pero los cuartos que conseguimos eran lo bastante buenos para una joven pareja. Tarde por la noche mi chica y yo podíamos jugar mucho hasta caernos dormidos, lástima que deba admitir que casi la engañé. Verán, Susanne tenía ya dieciocho y de alguna forma me las arreglé para hacer que mi amante estuviera de acuerdo conmigo en que no había más opción que traerla con nosotros, además ella se hacía grande y no tenía novio. Creo que aceptó solo porque en verdad deseaba que Sue se fuera si hallaba a un hombre que la hiciera enamorarse perdidamente de él.
Una mañana cuando aún seguía estando oscuro, Susanne entró en el baño justo después de mí, ella se la pasó besándome en mis atribulados labios y me confesó su amor por el dormilón de su servidor. No me besó como una novata como yo hubiera esperado de ella, aun así no planeaba dejar a mi pareja por Sue. Luego de arribar a la siguiente pensión, la chica mayor se veía preocupada por algo serio y me le acerqué para averiguar qué era eso.
–Sospecho que ya estoy esperando a un bebé…–afirmó con muchos nervios y a punto de estallar en desesperadas lágrimas.
No me sentí mal por Susanne, en vez de eso me reí de ella de la nada, ya que mi amante jamás me dejaría solo más de lo necesario, sospechábamos que alguno de los dos era infértil por alguna razón y Sue y yo nunca habíamos estado tan cerca como para aprovecharnos y pasar un rato agradable, ¿o sí lo hicimos?
En Busca De La Verdad Sobre La Canciller

Cuando mi dulce pero peligrosa Faye me había dado una paliza, sin que yo me hubiera percatado de lo que pasaba allí, terminé creyendo que esa estúpida chiquilla le había contado su idiota cuento de hadas. Fue sorprendente notar después que no había atado los cabos aún. Mi pareja a gritos se quejaba de mí, su imbécil candidato a esposo, que se citaba con la canciller o una mujer que lucía justo como ella y que yo hacía todo lo que me pedía como un pulgoso perro faldero que iba a donde ella se dirigiera. Me pareció extraño que yo hubiera obtenido una audiencia con esa noble en tan corto tiempo, mi jefe me había dicho que me tomaría más de tres días el encontrarla, esperar a la princesa duraría más de dos semanas.
He de serles honesto y decirles que yo olfateé unas noticias calientes que venían en mi dirección justo cuando me enteré de mi supuesto amorío. ¿Qué pudo usar para seducirme? No, esperen un poco, necesito corregir mi suposición previa, ¡ella debió de haberme embrujado de alguna forma! El problema era que no tenía idea de qué podría tratarse, ¿era una poción de amor ridículamente efectiva? ¿O ella usó magia conmigo para convertirme en su sirviente sin cerebro? Además no podría decir si era la verdadera canciller de Gale…
Algo aterrador, fue muy espeluznante darme cuenta de que me convertía en un verdadero reportero de la prensa amarillista por haber escogido esa experiencia como excusa para investigarla más a fondo. Se iba a convertir en mi peor pesadilla, bueno, la segunda peor, ¡la primera sería transformarme en un payazo maligno! ¿Cuál era mi tercera peor pesadilla? Sospecho que era ser mordido por un hombre lobo pulgoso y terminar viéndome como una bola de pelos que acecha a todos durante la luna llena.
Mi atribulada mente no podía descansar nada, debía averiguar quién se jactaba de sus encantos al punto de embrujar a los hombres y convertirlos en esclavos, simplemente no podía permitir que se saliera con la suya. Dirán que era menester que resolviera este misterio si realmente quería vivir otro mes, mi primera parada sería una tienda poco común. Hasta donde mis contactos sabían, un antiguo curandero pretendía ser algún tipo de médico brujo o herbolario y se esforzaba para venderles sus extrañas pociones o pomadas.
Ya que el término doctor fue solo introducido luego de que forasteros como yo comenzáramos a aparecernos por todo el reino, mucha gente no podía comprender de qué era capaz ni cómo podría curar a los enfermos la mayoría de las veces. Es por eso que lo escogí como mi primer víctima, digo, sospechoso con tal de obtener alguna información acerca de alguien más sospechoso que él, quien pudo haber preguntado por algunos artículos misteriosos últimamente.
El dueño era Bartolo Niente, obviamente era italiano, había trabajado en Nápoles como doctor, sin quererlo abrió su Tienda Misteriosa una vez que se percató de que ya no podía practicar la medicina. Su herencia gitana lo ayudó mucho a encontrar toda la mercadería que podía necesitar para ayudar a la gente a recobrar la salud, incluso en los peores casos. Sí, ¡qué propaganda tan barata!, pero ocultaba el hecho de que lo mezclaba con fármacos que realmente los podía ayudar de alguna manera. Me fue imposible saber por qué dejó Italia hacía más de una década, solo seguía cambiando de tema cuantas veces lo necesitara, solo pude imaginar que él había cometido algún error muy grave del que no quería acordarse más.
Al ser tan curioso y al empezar a convertirme en un reportero de prensa amarillista a un paso muy lento, me pregunté si él podía descender de gitanos, eso debía de ser imposible en un país tan católico como Italia. Bartolo me contó que no eran considerados unos verdaderos gitanos sino como un tipo de desertores por sus familiares y solo mantenían vivas algunas de sus costumbres por su propio bien, ya que no podían costear la compra de medicinas caras siendo solo una joven pareja. Aun así ellos se las arreglaron para atraer a la gente y hacerse famosos como sanadores como para venderles sus productos a algunos viejos sacerdotes. Claro está que ellos querían que su hijo tuviera una mejor vida y lo apoyaron hasta que se graduó como doctor.
–Pero eso no es la más impresionante historia que puedo contarte ahora, mi estimado forastero, por una modesta suma puedo revelarle el misterio que tanto ha querido resolver desde hace mucho tiempo, hasta donde puedo ver…–el doctor me dijo al ofrecerme un gran trato en su humilde opinón.
No estaba muy intrigado por su afirmación, pero siempre quería saber de qué se trataba. Sin muchas ganas le pregunté–¿y qué cosa cree que yo necesito más?
El falso médico brujo sonrió antes de decirme–nada realmente importante, solo un vía de escape de este mísero país lleno de retrasados–.
Realmente me hizo reír, ¿quién dijo que estaba interesado en viajar al exterior a estas alturas? Sin embargo él continuó diciendo entonces–de vuelta a tu antigua vida en tu país natal, supongo que sería en alguna parte de los Estados Unidos o Canadá en el peor de los casos–.
Una salida de ese país de ignorancia y carencia de todas las avanzadas tecnologías a las que me había acostumbrado durante casi toda mi vida, eso de veras sonó muy convincente, pero él debía de explicar por qué no había regresado a su propia tierra hasta el momento.
–No es que no pueda volver allá, tan solo creo que no es conveniente para mí y vivir en un país relativamente tranquilo como este no es tan malo después de todo–el señor Niente confesó parcialmente.
Así que había algo que lo hacía regresar cada cierto tiempo, entonces le pregunté–eso significa que compra su mercancías allá para venderlas en el reino, bueno, ¿eso también implica que de alguna forma usted, por alguna casualidad, tiene una prueba de embarazo de algún tipo?
Sin duda asintió, lo que me hizo sentir un poco aliviado porque tal vez podría resolver un pequeño misterio concerniente a la aseveración ridícula de Susanne.
Algo llamaba a la puerta de mi mente, pero no podía recordar qué era. Había leído en algún lado que cruzar umbrales podía hacer que la gente olvidara o recordara cosas debido a una extraña manera en que nuestros cerebros funcionan al tratar de acceder a memorias específicas. Así fue como abandoné la tienda brevemente, justo entonces dejé de ser tan despistado y me permití recordar lo que quería preguntarle sobre la mujer misteriosa que podía seducir a hombres con gran facilidad.
–¿Qué puede contarme sobre esa encantadora chica, señor Niente?–le pregunté pronto.
Se tomó una larga pausa para sentarse y visualizar a cada cliente que lo visitó en el último mes, Bartolo también revisó sus facturas en caso de que hubiera alguna pista allí, sin embargo, no pudo decirme si alguien se veía así de sensual o era tan buena conversadora como mi objetivo actual. Solo pensé que lastimosamente debía de acostumbrarme a esos retrocesos inesperados, mis puños deseaban que pudieran romperlo todo para liberar algo de tensión de ser posible.
Después de varios minutos le dije lo poco que mi novia sabía sobre la bruja como una forma tonta de lidiar con la frustración.
–Puedo asegurarle que no me atrevería a ofrecerles a mis clientes nada tan manipulador, de hecho me han preguntado por cosas así antes, pero siempre les he dicho que no venderé jamás cosas que puedan alterar mucho el comportamiento de la gente–el doctor Niente comentó sin darse cuenta de lo que sus palabras significaban realmente.
–Eso implica que había alguien que preguntaba por esas pociones después de todo… ¿Recuerda algo más como cuándo había sucedido o cómo se veía?–desesperadamente le pregunté, parecía ser mi única oportunidad de avanzar en mi rara investigación.
Los minutos pasaban, incluso tuvimos tiempo de tomar té, después solo pudo contarme–algo me hace creer que era un hombre el que usted está buscando, tal vez trabaje para la extraña mujer que conoció anteriormente–.
Eso era muy útil en serio, entonces sabía que debía acorralarlo para que revelara el paradero de la chica.
–Debe saber también que dejó mi tienda antes de ir calle abajo como si fuera a un lugar al que llamamos la Maligna Caldera Mágica, allí podría averiguar más sobre ellos–Bartolo aseveró entonces.
Al saber que yo había dado en el blanco por primera vez, me hizo pensar que no era tan poco suertudo como creía, aun si todavía ignoraba algunas cosas.
El tendero me advirtió–pero mejor hágale una visita primero a la sacerdotisa local para que ella pueda darle un talismán o medallón para su propia protección, solo sería una simple medida de precaución…
Su advertencia de último minuto me dio escalofríos sin duda, ¿qué clase de gente condenada trabajaría en el lugar conocido como la Maligna Caldera Mágica? ¿Arriesgaría mi vida por una estúpida información? ¿Podría el regalo de la sacerdotisa protegerme por al menos unos minutos?
De ir en serio con lo de meterme en graves problemas, debía hacer unos arreglos de primero, como comprar una prueba para Sue, besar a mi novia una última vez y comenzar a redactar un testamento. Posiblemente puedan pensar que estoy reaccionando exageradamente, pero la última vez que subestimé una situación peligrosa, estuve demasiado cerca de ser un difunto más. Eso no me pasaría por segunda ocasión, así que realmente quería dejar todo en orden. El miedo de veras recorrió cada centímetro de mi tembloroso cuerpo mientras iba a mi pensión, una intensa sensación de perder a mis chicas se apoderaba de mi pobre y llorona alma.
Ese día todo a tendero, vendedor y mercader les encantaba acercarse a mí, esperaban que escuchara sus aburridos discursos y comprara sus estúpidas mercancías que jamás utilizaría en mi vida. Uno de ellos incluso trató de venderme unos tomates podridos, ¡qué descarado fue él de veras! Pronto lo hice a un lado, se cayó de espaldas y simplemente siguió amenazándome. Realmente ignoraba cuán peligrosa debía de ser mi siguiente diligencia, sin embargo, una de sus risibles amenazas trataba de la mujer desconocida que se veía justo como la canciller.
La Sacerdotisa Más Adorable Que Podrías Conocer Jamás

Al arribar a la pensión finalmente no me sentí más tranquilo en lo absoluto, estaba por mi cuenta, las chicas se habían ido cada una por su lado para comprar cosas de mujeres que solo podrían encontrar en la ciudad capital. No era mi intención preocuparlas por ningún motivo, pero sentía que debía irme también, así que dejé allí una estúpida nota. A propósito me salté toda la información sensible y solo escribí sobre cosas sin importancia para no hacer que ella se pusiera excesivamente furiosa. Mi novia eventualmente me mataría si lograba sobrevivir a mi aterradora visita a la Maligna Caldera Mágica. Estos tontos ojos míos no pudieron evitar que mis condenadas lágrimas mancharan el piso de madera.
De camino a aquella infame tienda, me encontré con un sujeto extraño, su nombre era Vlad Hammer y provenía del reino de Fuente. Podría decirse que él era algo entre un espadachín y un mercenario porque no tenía casi ningún problema con trabajar para cualquiera por el precio correcto, lo que incluía algunas deliciosas y un poco costosas comidas. Estaba de visita en la ciudad luego de haber terminado un trabajo más o menos bien pagado, como pensé que no tenía nada qué perder, le cambié el tema a la espera de que pudiera arrojar alguna luz sobre aquel asunto.
–Una misteriosa mujer capaz de seducir a los hombres en un parpadeo… eso me suena como la mujer que intentó conseguir un almuerzo gratis en la taberna y se me acercó esperando que yo la invitara, al final solo le pagué un trago un poco barato–Hammer aseveró después de recordar cómo no le gustó la compañía de esa truculenta chica.
Hasta ese momento solo había confirmado su existencia, ya no parecía que fuera factible que obtuviera ningún dato de utilidad de boca de su sirviente, él podría no ser su mano derecha sino solo otra víctima descuidada como yo. Eso debía significar que ella debió de cambiar sus métodos o sus pociones con tal de conseguir algo útil como un incremento en sus poderes de seducción, pero ¿cuál podría ser su verdadero objetivo entonces?
Por cuanto no esperaba de él que me fuera a contar nada que valiera perder mi preciado y escaso tiempo restante, solo le dejé saber–gracias por compartir algo de información conmigo, pero ha llegado el momento de que yo me dirija a la llamada Maligna Caldera Mágica, donde se supone que averiguaré lo que ella ha adquirido para seducir a los hombres con tan increíble facilidad–.
Me miró fijamente como él si ya hubiera escuchado montones de horribles historias sobre ese lugar, debía de ser famoso por alguna maligna razón después de todo. ¿Realmente era menester que yo fuera allí en persona?
–¿Está seguro de que no necesita alguna clase de guardaespaldas?–preguntó él–esa tienda no un jardín de juegos para novatos, a menos que usted se haya convertido en un temerario mago negro o incluso en un diabólico nigromante de la noche a la mañana…
Vlad Hammer me advirtió eso como si creyera que era buena idea que lo contratara de inmediato. Normalmente yo lo habría considerado seriamente, aun así no tenía dinero para desperdiciarlo allí. Además mis chicas ya debían de haber derrochado una pequeña fortuna en las tiendas locales para ese entonces.
El mercenario me detuvo para decirme–no sé por qué no quiere buscar el respaldo que tanto necesita, pero no sería malo que le hiciera una breve visita a la sacerdotisa Claudia Sophie, de veras insisto, señor Bodkin, ¡es por su propia seguridad!
Mientras seguía en media confusión le comenté–me pregunto por qué la gente sigue contándome la misma clase de cuentos de hadas una y otra vez…
Si ambos, el dueño de la tienda y el espadachín me aconsejaron que no fuera a la tienda de magia sin algún amuleto, debía de implicar que era un lugar realmente peligroso y hacer preguntas extrañas sobre sus clientes no dejaría una buena impresión en la gente de mal carácter. Era muy probable que ellos prefirieran mantener en secreto sus identidades hasta llegar al punto de deshacerse de aquellos que no parecieran formar parte de su grupo exclusivo. El nerviosismo extremo pronto me llevaría al borde de sufrir un letal ataque al corazón, si no hacía algo para apaciguar mi aterrada alma.
Hammer me escoltó hasta el Blanco Santuario de la Pureza, uno de sus muchos lugares sagrados, estaba dedicado a una entidad femenina. Sí, aún sigo rehusándome a llamarla una deidad, siempre he creído que sus religiones parecían ser muy sospechosas para mi gusto, ella debía ser solo otra estafa de su clero. Allí su asistente Gia Melissa me mostró sus bellos jardines como un método natural que me recomendaron para calmarme en un tiempo prudencial. ¿Quién se podría calmar si él sabe de antemano que su celosa novia lo haría trizas por sostener una linda conversación con una hermosa sacerdotisa?
Mi querido amigo Vlad entonces me informó que ser una virgen y soltera no era obligatorio para esas sacerdotisas y esa Gia de veras lucía asombrosa con su vestido blanco, tanto como para hacer que los dos babeáramos en nuestras tontas mentes, sin embargo, debía enfocarme en mi misión. Así fue como le pedí que me ayudara, pero ella no tenía permitido discutir tales temas tan serios conmigo. Ella me llevó a la Oficina del Blanco Puro donde la sacerdotisa en jefe me esperaba, esa mujer era todavía más hermosa que su humilde asistente, me fue difícil empezar a hacer preguntas.
–No acostumbró a decir este tipo de cosas, aun así usted no me deja más alternativa, ¿acaso se volvió completamente desquiciado?–Claudia Sophie me gritó de la nada.
De verdad pensé que ella evitaría hablar como una persona ordinaria, estaba claro que la provoqué en serio al contarle de mi intención de visitar la Maligna Caldera Mágica en cualquier momento.
Las cosas parecían que se complicaban, ya que ella permaneció en silencio por varios minutos, entonces la sacerdotisa en jefe aseveró–no puedo terminar de comprender por qué alguien en este mundo querría entrar voluntariamente en un lugar tan terrible y por su propia cuenta, a estas alturas solo puedo ofrecerle una bendición de protección temporal contra las fuerzas del mal o prestarle uno de nuestros más poderoso amuletos–.
Realmente traté de explicarle mis motivos, pero ella me interrumpió para decirme–parece que usted no puede percatarse de cuán serio es esto, señor Bodkin, normalmente le sugeriría que fuera escoltado por una de nuestras aprendices más avanzadas–.
Eso me sonó un poco prometedor, obtener una bendición, un amuleto y una linda sacerdotisa como respaldo era lo que yo había estado buscando, mas debía preguntarle–¿por qué sería una aprendiz?, ¿por qué no le asignará esta misión a alguna de sus aprendices?–.
Claudia Sophie todavía no podía creer lo que había escuchado, de malísima gana me dijo–bueno, señor Bodkin, no podemos decir jamás que ella es nuestra aprendiz más confiable, de hecho ella luce muy competente hasta que ella intenta lanzar un hechizo–.
Le escuché con mucha atención, pero siempre le pedí–no me importa, todos aquí sabemos cuánta ayuda necesito si al menos quiero resolver este caso y prevenir que más gente se convierta en esclavos, así que preséntemela ahora, por favor.
Su apariencia me llevó a pensar que ella no podía ser tan mala, la chica nueva no era tan linda como Gia y aun así ella podía hacer que me enamorara con su tierno rostro y cuerpo esbelto. Debía de tener casi la misma edad de mi pequeña Sue, no podía hallar ninguna razón para hacerme creer que ella no era capaz de protegerme con su conocimiento de la magia que ella aprendiera allí.
La sacerdotisa en jefe finalmente la presentó–caballeros, esta es nuestra torpe estudiante Silvia, es mejor conocida por arruinarlo todo en el último minuto–.
Quedó claro entonces que sus maestras ya no confiaban en ella ni por error, ni así pude dejar de añorar que se mantuviera cerca para poder observarla sonriendo todo el día.
–Es un placer conocerlos, chicos, ¡me encantaría trabajar con ustedes!–mi querida Silvia afirmó alegremente, hizo que mi corazón se derritiera como barras de chocolate caliente.
Vlad Hammer no perdió la oportunidad para hacerme saber que él tenía que ser parte integral de mi equipo, ¡qué sujeto más aprovechado!
Luego de que su superior le hubo informado todo sobre mi situación, ella se me acercó para decirme–no te preocupes, cariño, estoy muy segura de que haré mi mejor esfuerzo para traerte de vuelta a salvo, ¡tan solo nunca me digas ninguna mentira, dulzura!–.
Esas palabras de apoyo y su hipnotizante guiño de veras flecharon mi corazón, sentía que definitivamente podía confiarle mi vida, Vlad se puso celoso por mi condenada buena suerte.
Recordar que ese era el tipo de cosas que me hicieron meterme en líos con Faye y sus duros golpes, no era divertido, de verdad pero de verdad quería salir con Silvia por alguna misteriosa razón… ¿Podría ser ella la misma chica que me sedujo la primera vez? Al mismo tiempo tenía la rara impresión de que ya había conocido a la señorita Claudia Sophie hacía algún tiempo y ella debía de ser la sospechosa perfecta, porque me hacía sentir que ella era culpable de hacer algo malo y aun así lograba distraer nuestra atención hacia cualquiera a nuestro alrededor. ¿Era un truco de ella para convencerme de su falsa inocencia? Mi mente ya no sabía más qué pensar al respecto, de la nada solo quería hallar sospechosos en todas partes.
–Hay algo que me encantaría saber acerca de ti, Silvia, ¿por qué no tienes un segundo nombre como el de las otras sacerdotisas?–repentinamente le pregunté.
Luego de unas risitas me respondió–eso es porque no me ha graduado de nuestra academia aún, dulzura, pero ten por seguro que no dejaré de trabajar duro para obtener mi título mágico–.
Así me di cuenta que su segundo nombre, de alguna manera, representaba alguna clase de título, ese era un descubrimiento inesperado en mi embrujada opinión.
Dejamos atrás el santuario sin ninguna prisa, les había pedido que me permitieran escribir y enviarle una carta a mi jefe allá en mi nuevo pueblo para contarle todo lo que había descubierto últimamente, excepto la parte sobre el embarazo de Susanne. Ellos con gusto me mostraron el camino al edificio de correos.
También noté que no le había entregado la prueba de embarazo a mi querida Sue y comencé a sospechar que había pasado mucho tiempo en ese extraño mundo, lo que me hizo desear que pudiera regresar al mío. Mi principal preocupación era que yo no sabía si era un viajero del tiempo o de los planos, lo que hacía más difícil de averiguar cuál sería la mejor manera de retornar a casa de una vez por todas.
La Tienda De Magia Más Peligrosa Que Podrías Visitar Jamás

–Esto le costaría unos… cincuenta cents si escoge la opción de entrega lenta, la inmediata le saldría en cinco monedas de plata y veinticinco centavos–el empleado de la oficina postal aseveró con calma.
Era un verdadero robo, ¿cómo podía creer él que desperdiciaría alguna moneda de plata solo para enviar una estúpida carta? ¿Quién dijo jamás que él enviaría un paquete pesado a un distante país como China o Australia? Definitivamente elegí la opción más lenta, sin importar si se tomaba más de una semana en arribar a Lorry Town.
El señor Hammer sugirió entonces–tal vez sea tiempo para que ambos nos bebamos unas ale o unas cervezas para olvidarnos de esa maldita oficina postal, unas buenas alitas de pollo frito con salsa barbacoa te levantarán los ánimos!–.
Al principio me sonó ridículo, mas después eso realmente no importaba y así fuimos directo al lugar favorito de Vlad, la taberna Ala y Tocino. Ese fue el primer día que le hice una visita a esta amistosa imitación de restaurante con deliciosa comida y un par de lindas meseras, eran una humana y una elfina.


Última edición por kyonides-arkanthos el 2017-11-11, 04:33, editado 1 vez (Razón : Actualizado)
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Re: Cuellos Negros

Mensaje por Gacoro el 2017-11-09, 20:13

Buena historia, un poco confusa en la parte de las brugerias y eso pero esta muy bien, voy a esperar las siguientes partes.
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Re: Cuellos Negros

Mensaje por kyonides-arkanthos el 2017-11-11, 04:35

Bueno ya actualicé el primer capítulo de mi historia, pero no entiendo cómo puede ser tan confuso lo de las brujerías si casi ni las había mencionado XP
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Re: Cuellos Negros

Mensaje por Gacoro el 2017-11-11, 05:47

No te preocupes por eso, no significa que esté mal redactado, es como que dijeran que no le gusto a alguien el final del señor de los anillos y por eso no van a hacer de vuelta el libro, simplemente se me mezclan un poco las cosas de quien era quien y eso.
Creo que abría que separar un poco mas el texto entre cada subtitulo o titulo para que se distinga un poco mas pero esta bien. Espero la siguiente parte.
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Re: Cuellos Negros

Mensaje por kyonides-arkanthos el 2017-11-12, 19:13

No fue idea mía, el archivo ODT sí permite ver dónde termina un párrafo y empieza otro, pero al pegarlo aquí se desacomoda...
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