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Es Lame - La historia jamás contada

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Es Lame - La historia jamás contada

Mensaje por silvanash el 2017-05-29, 11:02

Que empiece la fiesta. Relatos inspirados en “Es Lame”, el juego de orochii protagonizado por UNA JODIDA PUERTA.

====

Tres puertas en un pasillo.

Gerome:
Gerome tenía una vida sedentaria. Había pasado más de una década desde la última vez que sintiera el sol en su cara, y nunca salía de su habitación. No había lugar para él en el mundo que quedaba más allá de los confines de su habitación, no había nadie que le necesitara en otro sitio.

Porque Gerome era un pomo de puerta. Pero no era cualquier pomo de puerta. No, Gerome no era una baratija producida en serie en una fábrica. Gerome, que ya tenía un buen número de años a sus espaldas, conservaba todavía el lustre de su juventud, el brillo del barniz con el que lo habían rematado al terminar de tallar los infinitos detalles de su faz. Era único, tan único como sólo puede ser un copo de nieve, y no había otro pomo que fuera como él, que tuviera sus facciones, sus ángulos, sus aristas, las pequeñas imperfecciones que había dejado el artesano que lo hacían diferente a sus congéneres.

Vivía en una puerta que tenía más años que él y que necesitaba una remodelación con urgencia. La tabla de madera, esculpida por una sierra sin sentimientos en una línea de producción, se limitaba a dejarse empujar por los demás, demasiado cansada para resistirse. Se quejaba constantemente, arrastrándose sobre sus bisagras, pero no hacía nada para cambiar su situación. Gerome, en cambio, se oponía a todos los que se atrevían a ponerle una mano encima, y sólo cedía cuando tras un tenso intercambio de fuerzas y tras aplicar el principio de palanca.

La puerta, su puerta, estaba instalada en un pasillo, en el mismo lado del muro que la ventana, de modo que nunca le daba el sol. Compartía esa pared con Federico, un pomo de madera cubierto por una fina capa de aluminio y pintura, y que nunca se callaba. No paraba de hablar del cambio generacional, de que el futuro estaba en la industrialización, y de que los viejos cascarrabias como Gerome pertenecían al pasado. Después de pasar un año junto a él, Gerome decidió que ni siquiera valía la pena darle los buenos días. Federico era un jovenzuelo que no sabía nada sobre el trabajo duro.

Enfrente de su puerta había otra, una lámina de madera en la que vivía Silvia. Oh, dioses, Silvia. Esa chica era especial, otro pomo artesanal hecho con los métodos de antaño. Era una chica callada, que le saludaba todas las mañanas y que apartaba los ojos si la miraba durante más de cinco segundos. Los días en los que el clima acompañaba y las cortinas no bloqueaban la ventana, los delicados rayos de sol se deslizaban sobre sus curvas, arrancando reflejos dorados de ella que la convertían en un trozo de ámbar recubierto de miel.

Sin embargo, el cruel destino y la arquitectura los habían puesto en mundos opuestos, en los que nunca podrían encontrarse. No importaba el día, no importaba la estación, no importaba la posición de sus puertas; siempre quedaría un trecho insalvable entre ellos, ese pasillo cubierto de listones de madera sobre el que bailaban motas de polvo, casi como si se estuvieran burlando de Gerome y de sus sentimientos.

¡Oh, dioses, lo que haría por estar con Silvia!

Federico:
La lluvia golpeaba la ventana con fuerza, poniendo a prueba los marcos en los que estaban montados los paneles de cristal. Era una señora tormenta, una tormenta que pasaría a la historia. Era la mejor tormenta que recordaba Federico en los tres años que llevaba viviendo en su puerta.

- Un día estupendo, ¿eh?- dijo Federico.

Gerome no respondió. Federico suspiró y se apoyó contra la puerta. Ese carcamal ni siquiera estaba dispuesto a responder a un chiste. Bueno, qué se le iba a hacer. Todos los viejos de la generación anterior eran así. No paraban de hablar de lo distintas que eran las cosas en su juventud, de que los críos de ahora no respetaban nada, de que antes los pomos eran de verdad, no las réplicas que hacían en masa en una nave industrial. ¿Pero qué habían conseguido con su estúpido elitismo, su “soy único y tú no”? Nada. No habían hecho nada por la sociedad. Federico sabía que había cientos de pomos como él, pero era gracias a ellos que las puertas funcionaban. Sin ellos, las puertas se tendrían que abrir a golpes, esperando, a saber cuánto, a que alguien hiciera un pomo, oh, “artesanal”.

Federico sacudió la cabeza y contempló el pasillo, oscuro y frío. Contó los listones del suelo que se separaban de la puerta de enfrente y después barrió la puerta con la mirada. Sus ojos se toparon con la mirada de Silvia, el pomo que adornaba esa puerta.

- Buenos días, Silvia.

Silvia esbozó una tímida sonrisa y desvió la mirada. Federico intentó contener una sonrisa de felicidad, pero no fue capaz de evitar que sus emociones escaparan de él. La chica, el pomo artesanal, despertaba ideas y pensamientos dentro de él que Federico no conocía. Sus días habían estado teñidos con el barniz dorado de Silvia desde el instante en el que la instalaron en la puerta de enfrente puerta. Aquella chica era un pomo artesanal, pero, gracias a los dioses, no tenía la arrogancia de Gerome. Silvia era la razón por la que Federico pensaba que las tradiciones, quizás, no deberían desaparecer todavía.

Federico contó una vez más los listones de madera que le separaban de Silvia, la distancia que nunca podría recorrer y que mantenía a Silvia fuera de su alcance.

Fuera del pasillo, la lluvia repiqueteaba contra los cristales de la ventana.

Silvia:
– Buenos días.

Silvia reunió todo su coraje para pronunciar esas dos palabras. Gerome le devolvió el saludo y luego la taladró con la mirada. Silvia sabía lo que estaba haciendo ese viejo: la estaba poniendo a prueba. Quería comprobar si podía usar la Patriarquía para someterla, para hacer lo que se le antojara con ella. Silvia apartó los ojos, incapaz de enfrentarse a él. ¿Qué podía hacer ella, una chica rodeada de hombres, en una sociedad donde lo que se esperaba de ella era que se dejara usar por los demás?

Vio a Gerome sonreír por el rabillo del ojo, y supo que se estaba regodeando en su victoria, consciente de que Silvia no tenía la fuerza, ni física ni mental, para oponerse a él. En el taller en el que la habían construido le habían hablado de cómo eran los hombres, advirtiéndole de los peligros a los que se exponía sólo por estar en el mismo pasillo que ellos. Al principio, Silvia había ignorado esos consejos, pensando que eran ridículos y que los hombres no serían de esa forma. Ah, qué joven e ingenua era. Gerome había aprovechado la primera oportunidad que había encontrado para saludarla sin su permiso, invadiendo su espacio personal y mirándola con esos ojos lascivos.

Al lado de Gerome estaba ese jovenzuelo, un tal Federico. Ese niño estaba siguiendo los pasos de Gerome, intoxicado, poco a poco, por el potente veneno de la Patriarquía. Todavía era joven, pero ya creía que tenía derecho a desnudarla con los ojos y a tratarla como un objeto. Silvia quería decirle que ella era un pomo, no una puerta; quería llevarlo por el buen camino, uno que acabara en un mundo mejor para todos los pomos. Silvia maldijo otra vez su mala fortuna, el hecho de haber nacido siendo una mujer en lugar de un hombre, y su falta de fuerza de voluntad. Si fuera como los otros pomos, si tuviera su valentía, se habría rebelado contra la Patriarquía, en lugar de permanecer callada y a la merced de los hombres como Gerome y el tal Federico.

Silvia contempló la distancia que la separaba del otro muro, desde el que Gerome y Federico estaban demostrando los beneficios de la Patriarquía, y deseó que los listones de madera que cubrían el suelo se hicieran más anchos.

La segunda mitad de Federico y la totalidad de Silvia tienen menos calidad porque los he escrito con falta de sueño. Y porque me ha costado horrores meterme en la personalidad de Silvia. Mother of God, creo que ha sido de los personajes más difíciles que he tenido que hacer en mi vida. Sin recurrir a exagerar estereotipos y montar un personaje ridículo, quiero decir.
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Re: Es Lame - La historia jamás contada

Mensaje por orochii el 2017-05-29, 20:25

Bueno, ya me lo he leído todo. Y efectivamente nunca ha sido contada. Pero puedo imaginar a Lame siendo la puerta de Silvia xD. Quiza dentro de las crónicas de Es Lame, podría existir el momento en que Lame decide arrancarse (con todo y marco) e irse de aventuras, quiza con la influencia de su pomo Silvia, quiza por ventura propia.

En un futuro Es Lame podría encontrarse a las puertas de Gerome y Federico stalkeándola porque sus pomos quieren estar con Silvia. Por alguna razón eso me ha sonado sexual xDD.

No sé, como la historia de Es Lame es tan extraña podría convertirse en cánon xD. Pero también creo que tiene mucho sentido comparativamente. xD

Salut!
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