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Consulta por escrito

Mensaje por Seba el 2017-05-08, 19:01

Buenas a todos, espero que estén bien.

Sé que no me paso mucho y menos por la zona de escritura, pero en ésta ocasión tengo algo para compartir y de paso solicitar opiniones al respecto.

Es una nóvela que llevo escribiendo últimamente y que he recomenzado en varios intentos.

Me gustaría pedir si alguien tiene interés de  comentar qué les parece (más allá del argumento) el manejo de descripciones, narración y la sintetización de ideas. Esas son mis dudas en general de como se perciben.

Solo son 2 "capítulos"

______________________________________________________________________

Spoiler:


               La ciudad estaba tranquila, callada, era el silencio previo a la muerte. Todos habían acudido eufóricamente a la plazoleta central, pero una vez allí la respetaron como al sepulcro del más querido de los seres. El lugar estaba repleto, un conglomerado que no distinguía de procedencias; artesanos, granjeros, soldados, ladrones y nobles, todos por igual aguantaban expectantes la respiración.
            Ganzel había llegado tarde pero no tanto como muchos otros que quedaron atrapados detrás de él, apenas pudo encontrar lugar en una de las muchas callejuelas que serpentean hasta el amplio espacio, templo de todo rito público.  Trepó sobre un carro desplomado aún cargado de paja que incómodamente compartía como palco con otros allí presentes. Su vista solo divisaba un mar de cabezas y aún más allá el estrado poblado de soldados reales con sus uniformes rojos de detalles dorados en botones y hebillas junto la guardia armada de oscuras armaduras. Los estandartes de Setihfen se desplegaron todo a lo largo de la enorme plaza, la fiera espada rompiendo el cristal negro se veía colgada de cada ventana, en cada pared, en todo rincón, enmarcando con claridad el orden que regía a los pobladores sureños.
            Aún era temprano y a pesar de ser un día perdido de otoño, el sol en lo alto pegaba con fuerza, plegando en la frente de muchos un sudor insoportable oportuno para quienes no podían controlar su nerviosismo o ansiedad.
            En la plebe la paciencia no era uno de sus dotes más notables, poco a poco el silencio se transformó en un susurro constante repleto de especulaciones. ¿Otro mugroso? ¿Un infiel? ¿Un traidor de la nobleza?  ¿Quién sería ésta vez? Mucho no importaba, todos deseaban consumar su morbo por la muerte que pronto actuaría frente a ellos. Solo para rellenar ese espacio en el fondo de sus corazones vacíos, para simplemente poder regresar a sus hogares y reirse de ella. Disfrutar un instante y sentirse superiores en la falsa aclamación de que otro día han escapado de sus garras.
            Pronto una conmoción amenguante barullaba desde el centro hacia los alrededores. Subieron al estrado dos guardias armados con un tercer individuo vistiendo viejos trapos y  atado de manos, apenas podía distinguir si era un hombre ya que su rostro estaba tapado por un costal. Su único distintivo era el collar que llevaba puesto, llamativo por el engarce de un zafiro rojo muy vivaz en su color, que parecía guiñar con los constantes reflejos del sol. Ganzel lo reconoció, sabía su uso pero no su nombre, era común para aprisionar magos, para inhibir sus dotes naturales y así relegarlos a la simple mortalidad.
            Siguiente a ellos también se sumó otro hombre rubio de impecable apariencia, al menos desde la distancia * se podía ver que vestía de soldado real pero no de rojo sino de  vivo color azul y su capa vinotinta extensa hasta el suelo bailaba con la suave brisa. Relucía en su cintura un largo sable enfundado y en sus manos enguantadas inmediatamente ensanchó la proclama que estaba a punto de recitar. Los guardias expusieron de rodillas al aprisionado en el límite del estrado, la primera fila repleta de sonrisas se apagó de inmediato.
            -¡Querido compañeros que valerosamente han respondido al llamado de las campanas, requiero de su total atención! – el hombre de azul tenía una poderosa voz, magnificada por el cuerno de latón que un ayudante escurridizo sostenía frente a él - ¡Nuestro señor y guardián Sain Gurius Xletmikios II, siempre ha rogado por el bienestar y  la paz de nuestras tierras libres y su pueblo libre!
            Más de un bufido de desaprobación entre risitas y maldiciones resonaron por lo bajo, ninguno con la suficiente valentía para hacerse al oído de los tantísimos soldados entreverados en la multitud. Muchos rostros demostraban total indiferencia, algunos tanta que era evidente su malestar oculto en un confuso desentendimiento que podría llegar a ser aceptación.            
-¡Nuestro pueblo siempre ha luchado! ¡Luchado por purificar las tierras que siempre nos han pertenecido sobre los herejes y todo secuaz del mal! ¡De todo seguidor de lo místico y la desgracia que esto atrae! ¡De los infieles a su propia gente que hacen culto a los opresores de nuestra raza! ¡Pero ya no más! – el orador levantó su puño al cielo en el torbellino pasional que predicaba, sin leer, sin mirar, solo dejándose llevar por un fatídico fanatismo.
            Aquel mar de personas no dudaron en responder con los suyos, todos alzados, firmes. Ganzel titubeó con poco disimulo, un escalofrío le recorría de pies a cabeza. No quería ser parte de aquel rebaño ¿Acaso alguien notaría un puño bajo entre miles? No podía permitirse el riesgo, simplemente se unió como otra oveja, por más que lo odiase, por más que aquel gesto careciera de todo sentido.
            -¡Nosotros somos la espada! ¡Jamás nos dejaremos arrastrar por la oscuridad y sus artimañas! – hizo una abrupta pausa para retener su extrema agitación, todos los brazos volvieron a ceder en perfecta sincronía – Hoy, en otra prueba de la supremacía de nuestro reino, haremos juicio justo sobre el último de su calaña en nuestra querida tierra.
            Los guardias removieron el costal orquestando un centenar de suspiros de sorpresa. Ganzel solo podía pensar de qué tan tonto se era para soltar semejante exclamación por tan poco. El prisionero era un simple hombre, golpeado y magullado, embarrado de las uñas hasta la nariz, de largo cabello castaño que le caía en el rostro y una frondosa barba canosa que cubría el resto. Aun viendo su cara era irreconocible, pero no incitaba ningún tipo de temor, no valía ninguna sorpresa, sino más bien una profunda pena, un hombre doblado por vaya a saberse cuántas torturas, frágil y dolido.
            -¡Que se haga la ley! – retomó el hombre de azul – Ha llegado tu hora, la hora de tu castigo, de tu juicio final. Ya se acabaron los días de tus incursiones en las artes mágicas, en las artes del mal.
            Con gesto de manos solicitaron al verdugo que se acercara con su típica y absurda indumentaria, cargando su hacha afilada. Avanzaba tosco y macabro haciéndole a más de uno tragar sus salivas como a otros tantos perpetuar solemnes caras de idiotas. Muchos de los presentes en un futuro no muy lejano de sus vidas enfrentarían aquel rostro tapado de negro, muchos lo sabían, muchos otros ni lo imaginaban, pero les pasaría.
            -Aún así, como nuestro señor es bondadoso –esa frase le hizo a Ganzel soltar una sonrisa sarcástica, sin duda era el mejor chiste que había escuchado en días – Bendice a todos aquellos que pisan sus dominios por igual y de tal modo, aún a un ser vil como vos, te otorga unas últimas palabras. Habla ahora bellaco o calla para siempre.
            El suspenso era tangible aún para el menos perspicaz. Solo aullaba el oscilar de los banderines y hasta pareciera que si uno se esforzara podía escuchar el cantar de las avecillas de los bosques. Tanta calma levantaba más de una mirada de preocupación pero no la suficiente para que alguien se atreviera a decir una palabra, nadie en su sano juicio interrumpiría aquel sagrado ritual adepto al más antiguo de los dioses.
            -Yo… - el prisionero  y sus piernas tambaleantes le dificultaron ponerse de pie. Su voz pesaba en cansancio pero se oyò con claridad en aquel silencio mortífero- Yo Cefrius Morhim. Hijo de la sagrada y primera sangre. No deshonraré mi dinastía ni pediré clemencia, pero si demando un último deseo por mis antepasados. Demando morir de pie ¡Honorablemente!
            Los susurros volvieron a despertar de su corto letargo, una rabia inminente se contenía de escupir insultos a mansalva, ningún ser despreciable merecía clemencia y menos hablar de honor. Y aún en el rechazo y desprecio palpable,  aquel ser enjuiciado se erguìa con el semblante en alto, observaba a todos por igual y todos por igual se acobardaban de mirarle a los ojos.  El hombre de azul quedó totalmente descolocado, su mirada saltona buscaba con preocupación la aprobación en el fondo del estrado, donde los rostros eran tapados por las sombrillas, donde la alta nobleza disfrutaba del espectáculo. La obtuvo, el orador se llenó de satisfacción solo por un instante, su semblante enseguida se transformó en algo excelso de temor enmascarando goce. Aun así desenfundó el largo sable sin vacilaciones, el verdugo se hizo a un lado con decepción infantil y * cabeza gacha.
            -Alto – la voz irrumpió desde la sombra. El hombre de azul tomó ágilmente su postura militar, recto y con el sable al ras de su pecho. Se acercó a paso de hojalata otro hombre de armadura blanca como el mármol. Cargaba aires señoriales rozando indicios de superioridad. Su cabello era rubio y muy corto, su rígido rostro no parecía inmutarse, Ganzel creía ver que ni siquiera pestañeaba, pero a tal distancia era imposible confirmarlo.
            -En honor a ti y a tus antepasados te daré la muerte que mereces – el corpulento hombre de la armadura blanca estiró la mano sin girar la mirada. El orador de azul le cedió su arma. – Que el mundo de los muertos te reciba en su gloria.
            El filo traspasó el corazón sin ningún tipo de resistencia. El prisionero cayó de bruces tiñéndose de rojo y la muchedumbre estalló en festejos, cantos e insultos. Un falso ambiente de felicidad espontánea se hizo dueño de la plaza, y esto a Ganzel le repugnaba, le repugnaba esa gente y por estar allí se repugnaba de sí mismo. Pero aún sofocado por esa indignación, encontró consuelo dentro de aquel bazar de perdición que se consumía a sí mismo en su doble moralidad…  Sólo bastó mirar con atención un simple detalle para repeler por un segundo aquel malestar en el caos de almas.
Sin remordimientos ni redenciones, solo queda una única cosa por hacer en el último respiro y el mago lo supo hacer… sonrió.



II

                El sol descendía de su cúspide deseando curiosear en las profundidades del bosque, escurriéndose con suaves estelas entre el espeso follaje de los viejos robles. Ganzel se sentía inquieto en la soledad del templo natural. No dejaba de pensar en el mago, en sus últimas palabras y la forma en que afrontó sus últimos instantes. No podía dejar de imaginar lo lejos que estaría de ser tan valiente, de preguntarse de si sería capaz de reclamar algún tipo de honor en vida si es que alguna vez lo hubo. Con los pasos desganados arrastraba la vestidura de hojas marchitas que alfombraban todo el bosque. Respiraba con grandes bocanadas aunque no estuviera cansado y se dejaba abordar por el intenso olor a savia boscosa mientras el manantial  al que se acercaba le farfullaba con simpatía.
            Parecía un sitio sagrado, el agua cristalina era adornada con la luz del sol que encontraba en aquel claro un espacio para explayarse sin contratiempos. Avanzó perdido en un solo pensar que se repetía constantemente, en el nombre de una persona que no conocía pero aun así le incitaban deliberadamente un montón de cuestionamientos que creía sepultados. Sus pies se refrescaron en la humedad de la orilla y su completo estado meditabundo se interrumpió abruptamente.  Bajó la mirada y se encontró con su propio reflejo, un reflejo que hacía mucho tiempo que no veía, tanto tiempo que ya no podía reconocerlo. Paseó su mano por sus cabellos, rubios y opacados, desparejos y despeinados, nunca los había visto tan largo en sus sienes ni a sus mechones cubriendo tanto su frente. Estupefacto tampoco pudo evitar detenerse en sus ojos, totalmente apagados, un azul sacado del más profundo de los mares, una mirada desdichada y certera, de esas que provocan escalofríos a primera vista. Su piel que había sabido relucir exquisita pureza ahora estaba reseca y curtida, fruto del campo abierto. Con delicadeza posó el índice en su nariz ancha que le ardía de las continuas congestiones en los últimos días, y le pareció ver su boca más torcida que nunca, o quizás fuese una simple ilusión de la calmosa corriente. Rascó su barba descuidada que asomaba algunas tempranas canas y no pudo contener su sonrisa de parejos dientes, se le escapó tras ver a un hombre que le era desconocido y eso le regocijaba enormemente. Se había enamorado de su nuevo ser, libre de todo código de decencia o de imagen. Un ser muy lejano a lo que alguna vez fue una adepta figura de nobleza y las implicaciones de la perfecta apariencia. Veía el rostro de un hombre común y corriente, de uno que podía amar tanto como odiar, y eso le encantaba.
            Empapó su cara con el agua helada que le asestó un cachetazo despabilador. No había mucho más que hacer allí, por si acaso miró a su alrededor desconfiado, pero al bosque lo adueñaba la tranquilidad musicalizada por el canto de las aves entre intermitentes silencios. Rellenó los pellejos de cuero sin ningún apuro mientras fantaseaba con cazar algún animal. Quizás una liebre, o un ciervo ¿por qué no? Ya podía imaginarse peleando con un oso a cuchillo limpio, cuerearlo para hacerse un abrigo y luego festejar victorioso con un festín de carne hasta saciar su hambre mientras sus ropajes aún se mantenían manchados con la sangre de la bestia. Hasta se imaginaba un glorioso zarpazo en su pecho, una brava cicatriz, el trofeo tras el esfuerzo, la marca de un guerrero mata fieras. Pero ni en su imaginación podía sostener la farsa, nunca había cazado nada, no sabía tirar con arco, es más, ni siquiera tenía uno. Su cuchillo a duras penas podría apuñalar un trozo de mantequilla y su tolerancia por la sangre era muy limitada, una gota salpicada era un vómito asegurado. Además ¿cómo iba a quitarle la piel cuando apenas se cortaba las uñas con éxito? La idea del oso era fantástica siempre y cuando no apareciera ninguno.
            Regresó por donde vino siguiendo el camino de hojas removidas. Solo un paso bastó para que Cefrius gritara “¡Honorablemente!” una y otra vez. Hoy no era un buen día, lo odiaba por culpa del mago, quisiera no haberlo visto, quisiera no haber visto el rumbo caótico que el mundo estaba tomando. Los pueblos sureños llevaban décadas luchando en busca de una libertad tan ficticia como los cuentos para niños. Los cultos surgidos de nuevas corrientes drásticas y fanáticas se consumaban en el simple anhelo de la soberanía del hombre arrastrando a la ignorancia del poblado a baños de sangre. El orden se sumía en la nueva era errante que no diferenciaba el honor del deshonor, la justicia de la injusticia, donde los hombres sin conciencia martillaban los pilares fundadores del mundo Pero eran muchas las conveniencias de estos nuevos dogmas que se ensañaban con el impero mal de la magia. Desde entonces los granjeros han dejado de linchar a sus señores y los señores se han dejado de revelar contra sus lores. Los mercantes habían encontrado una fructuosa vía comercial en éstas nuevas tierras libres del imperialismo industrial de la magia. Los beneficios habían sido muchos y el conflicto no escapaba de las tierras de los hombres, cosa que siempre llamaba la atención. La sangre de magos se derramaba de forma trágica día a día pero nunca en tierra de magos y a estos en cambio parecía no importarles que todo se mantuviera así. Ese equilibrio caótico y violento profanaba una nueva paz y eso le inquietaba a Ganzel con recelo ¿cuánto duraría antes de que todo estallara? Ese futuro no tan lejano y poco certero le martirizaba y con tal de escapar deseaba regresar tiempo atrás para detener a quién blandió la espada por primera vez… Y con solo rememorar el filo del sable susurró su nombre, “el caballero de blanco”. Un temor que no comprendía del todo le raspó la garganta al mencionarlo, también le hubiera gustado no haberlo visto, no haber visto ese otro camino caótico ¿desde cuándo el blanco hacia la muerte?
            -Oh mierda… - Ganzel soltó los pellejos perplejo ante la sorpresa. Se refregó dos veces antes de mirar otra vez. Dos personas estaban frente a él, aunque más bien estaban frente a su mula, mejor dicho, estaban tocando su mula... la verdad era que le estaban robando.
            La sorpresa fue igual para ellos que exclamaron con la misma ingenuidad que el hombre de barba. Se giraron por completo enfrentándose los rostros, los tres titiritaban las piernas. Eran dos mujeres, una muchacha joven y una niña, No vestían como damas sino todo lo contrario, sus ropas eran vulgares y de hombres, malgastadas y descoloridas. La niña tenía un saco que usaba prácticamente de vestido y las botas bajas le hacían ver ridículamente patona. La otra en cambio tenía un remache de dos túnicas distintas que juntas improvisaban una extraña combinación de rojo y blanco. El pantalón de dura tela le holgaba y las botas oscuras rebasaban  las rodillas. No parecían estar armadas; no habían fundas de cuchillos, ni hachas ni martillos y por lo visto tampoco cargaban equipaje, bueno, no otro que no fuera el de Ganzel.
            -¿Acaso están intentando hacerse de mis chucherías? – Ganzel se movía de extraña manera hacia ellas, pausado y tanteando el suelo como con miedo a caerse. Sus manos solicitaban calma constantemente.
            -Ahora son nuestras cosas. ¡Vete! No te haremos daño si te pierdes entre los árboles ahora mismo. – la muchacha con el ceño fruncido fallaba al expresar brusquedad, su voz era armoniosa y primorosa, incapaz de imponer ningún tipo de rigor.
            -No tengo nada de valor. Soy solo un vagabundo, un maldito y sucio pobre, un desgraciado sin suerte. Poco tengo para lo mucho que me queda todavía andar. ¿No podrían perdonar a ésta pobre alma? – Ganzel en tono lastimero buscaba penetrar en la famosa sensibilidad de las mujeres, si no lo habían matado aùn es que todavía quedaban posibilidades de conversar, pero no vislumbraba ningún tipo de compasión. Se acercó otro poco. La niña se escondía detrás de la mula y apenas asomaba los ojos por encima de su lomo. La muchacha en cambio se mantenía muy seria, hasta un poco enojada. En ese silencio la observó con detalle. No es que Ganzel conociera a muchos vándalos y vándalas, pero no creía que aquellos que se dedicaran a tales oficios tuvieran la apariencia de la joven ladrona. No era hermosa, pero tampoco podía decirse que fuera fea, tenía un encanto en la figura de su rostro y la línea de sus labios. Era delgada, quizás demasiado delgada, su rostro estrecho, y sus muñecas que bailaban en las anchas mangas terminaban de confirmar esa figura. Eso sí, sus ojos eran muy bellos, no por su color, el cual era un marrón tan común como un roble en aquel bosque, sino que eran grandes y luminosos y sus cejas gesticulaban con una soltura que convertían esa mirada en algo hipnotizaste.
            -¡Atrás! – la muchacha se impulsó con ímpetu recortando distancia, amagando un puñetazo pero sin acercarse por completo. Ganzel retrocedió con el mismo ímpetu sin quitar su gesto de manos levantadas, tenía miedo pero más que miedo estaba totalmente avergonzado por la situación, avergonzado de su miedo. La mujer en el sacudón revolvió sus largos y finos  cabellos  oscuros que le taparon el rostro.
            -¡Aaaaah! – el chillido era fino, la voz de un infante. La escena del robo había perdido todo síntoma de seriedad, y en la confusión Ganzel solo miraba. La mula había mordido la cabellera de la niña mientras que la muchacha luchaba para remover la suya de su rostro entre diversos ahogos y toses. Estaba más que claro a su vista que no eran verdaderas bandidas, a no ser que en aquellas tierras sean muy distintas a las de los cuentos del resto del mundo; pero no tenían lastimaduras, ni les faltaban dientes, ni marcas de viruela, ni suciedad en sus rostros, hasta tenían el cabello limpio.
            La morena ayudó a la pequeña escapar de las garras de la malvada mula come cabezas que la niña no paraba de insultar de tal modo. La chavala no alcanzaría los doce ni once inviernos. Era de rostro dulce e inocente con ojos pequeños y celestes, cachetona a pesar de su delgadez. Su nariz puntiaguda daba cierta ternura chistosa y su cabello era ondulado con indefinidos rizos, llamativo por su  rojizo tono de tenue fuego poco habitual en los pelirrojos.
            Ganzel en la distracción aprovechó a sacar con muy poca agilidad y algunas dificultades su cuchillo de trinchar oxidado.
            -Dejen mis cosas en paz y por favor váyanse – intimidaba con el filo masticado. Realmente no se creía capaz de apuñalar a esa mujer con voz digna de una cantora, pero tampoco permitiría que se llevaran lo poco de su equipaje, en especial su última adquisición; la mansa mula baya.
            -knö ri-setz-jar – la voz de la morena se desprendió en un susurro metálico mientras sus dedos bailoteaban apuntándole. Por un instante pareció la brisa  arremolinarse alrededor de ellos. En un pestañar Ganzel se sintió sofocado, aprisionado y rígido. Soltó el cuchillo sin opción a resistirse. Todo sucedió en un soplido sin poder percatarse de nada, solo sintió un cosquilleo creciente y cuando miró ya estaba totalmente atrapado. Desde el suelo se ramificó una dura raíz verdosa que desde los pies hasta su cuello le habían cubierto como una enredadera.
            -¡¿Qué es esto?! – las palabras no le surgían con fluidez. Las raíces le apretujaban por doquier, era un dolor molesto pero no intenso, estaba en el punto medio entre el desagrado y el sufrimiento. Su cabeza era tensada hacia atrás constantemente y a duras penas la mantenía erguida sintiendo el roce lizo de las verdosas raíces inmaduras, flexibles y resistentes.
            -¡Esperen! Podemos negociar… - las mujeres disponían a irse pero le dieron un último vistazo compasivo. Como quien mira un perro lastimado sin gustarle los perros. – Llévense mis cosas, pero por favor déjenme al animal… es mi único amigo.
            -Si ese bicho feo y oloroso es tu único compañero, das lástima… - increpó la morena sonriendo con malicia.
            -Más lástima daría no tener ninguno.
            -Tal vez podemos dejar al burro, Zamasha. Es malo. –  Susurró la niña sin despegar los ojos del animal que torpemente buscaba darle otro bocado a sus radiantes cabellos.
            -Nos llevaremos todo y listo. Vamos, Pyra.
            -¡No es justo! – gritó en tono quejoso impropio de un hombre adulto.
            -La vida no es ni será justa, y menos para el que cree en ello – ambas figuras se alejaron rodeando los árboles, lentamente desapareciendo como espíritus.
            Ganzel quedó desolado en el abismo sonoro del recinto que le rodeaba, y estaba contento de forma inexplicable como la alegría de un loco.
            Era cierto, Zamasha tenía razón.

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Re: Consulta por escrito

Mensaje por silvanash el 2017-05-09, 10:58

Creo que nadie te ha comentado porque nadie ha tenido la paciencia para leerse toda esa parrafada.

¡Pero para estas cosas está el tito silva, que hace de todo menos lo que debería! ¡Procrastinación como orochii manda!

Lo primero que hay que decir es que hay que arreglar la narración. El ritmo de las frases hace que sea muy difícil leer la historia, incluso desde el primer párrafo.

@seba escribió: La ciudad estaba tranquila, callada, era el silencio previo a la muerte. Todos habían acudido eufóricamente a la plazoleta central, pero una vez allí la respetaron como al sepulcro del más querido de los seres. El lugar estaba repleto, un conglomerado que no distinguía de procedencias; artesanos, granjeros, soldados, ladrones y nobles, todos por igual aguantaban expectantes la respiración.

tito silva escribió:La ciudad estaba tranquila, callada, sumida en el silencio previo a la muerte. Una muchedumbre se había congregado en la plazoleta central, trayendo consigo el ruido de centenares de personas, pero, una vez más allí, había enmudecido, incapaz de pronunciar una sola palabra que pudiese interrumpir el espectáculo que iba a tener lugar. El lugar estaba repleto, invadido de personas sin distinción de clase ni procedencia. Había granjeros, había artesanos, había soldados y nobles, y, seguramente, había ladrones y prostitutas. Toda la ciudad estaba allí, aguantando la respiración y esperando a que empezara la función.

Creo que el problema está en que intentas usar frases demasiado complejas, "que suenen bien", pero el resultado queda muy forzado y es extremadamente difícil de leer. En lugar de intentar buscar esas expresiones "cultas", elaboradas y un largo etcétera de sinónimos, usa una prosa más simple y con un ritmo más fácil de seguir. Para comprobar si la prosa es demasiado farragosa, lee el texto tú mismo. Llegará un momento en el que dirás "vale, ahora puedo leer todo seguido sin tener que pausar cada frase para averiguar qué demonios intentó hacer aquí".

Con respecto a las descripciones, nunca he estado a favor de dedicarle un párrafo específico a describir un personaje, pero eso son cosas del estilo de cada uno. Soy de los que prefieren repartir la descripción en varios párrafos, diciendo un poco cada vez para que el lector se monte su imagen a medida que lee. O no hago descripciones en absoluto y arreando que es gerundio.

La historia en sí es interesante, pero repito que la prosa le hace daño.
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Re: Consulta por escrito

Mensaje por Tha_Borza el 2017-05-09, 15:47

Me tomo dos sesiones de lectura pero lo pude leer. Ciertamente el texto tiene una dificultad en la fluidez y parte de ella radica en el uso de palabras complicadas para situaciones sencillas. La web de escritores sinjania, por ejemplo, señala que esto lo delata a uno como escritor aficionado. Esto surge al creer que necesitamos enriquecer lo que decimos con palabras que se vean profesionales o refinadas, pero lo único que estamos haciendo es evidenciar nuestra falta de confianza en lo que estamos contando. Sin embargo esta perfecto, porque ahora nos lo mostras en el foro, te damos la devolución y de ahí podes hacer los cambios que creas necesarios, no te desanimes que la escritura es un camino empinado.

La primera oración de una novela (O incluso de cada capitulo), es de vital importancia para captar la atención del lector, esta tiene que ser algo explosivo y, quizá, con un poco de foreshadowing (Presagio). Como veras, tu caso lo desarrolla correctamente. "La ciudad estaba tranquila, callada, era el silencio previo a la muerte." es atractiva, sin embargo pierde fuerza precisamente por ser la primera frase. Puede sonar mejor como el fin de una reflexión acerca de la tranquilidad de la ciudad. Ademas, como señalo tito silva, puede mejorarse cambiando pocas cosas.

Me genera curiosidad la personalidad que le planteaste a Ganzel, como critico del mundo. Mira y cuestiona todo, opina contra la masa y le irrita hasta un gesto involuntario de sorprenderse cuando sacan el costal del prisionero. Que se acerque curioso pero observe en silencio en lugar de preguntarle al primero que ve habla también de su forma de pensar. A futuro habría que ver de tener eso justificado con una educación de algún tipo, es raro que a un plebeyo común se le prenda la lamparita como a el. Bah, quizá sea solo a mi que me parecería poco verosímil.

Es todo lo que puedo recordar ahora, si noto algo mas te lo agrego. Espero que te haya servido ¡Mucha suerte y que fluyan esos ríos de tinta! Cool

PD: Me llamo un poco la atención que tanto Ganzel, el caballero blanco y el caballero azul fueran rubios. Hasta que no aparecieron las ladronas pensé que tenias un fetiche o algo (?

EXTRA:
De paso, y esto lo publico aca porque creo que si lo hago en el post del juego es necroposting, ayer le pegue una probada a la demo del swoul. Me gusta el tono humorístico que tiene y que, a pesar de los limitados recursos que puede dar el programa, creaste una experiencia con personalidad.
Lo que si, un pequeño planteo: Si el juego va a tener su centro en la mecánica de combate (Como lo estimo por la trama del juego) deberías poner una introducción a esta cuanto antes. Jugar casi 1 hora para que aparezca el primer combate es demasiado (De nuevo, si es que es verdaderamente la mecánica principal).
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Re: Consulta por escrito

Mensaje por rigel2 el 2017-05-09, 20:15

burrooooooooooo! jajajaja secuestralon al burrooooo

no ya enserio me parece muy buena , mi a diferencia de silva y borz me gusto mucho la narracion te mete bastante al mundo que quieres describir y eso me gusta mucho en esta clase de historias fantasticas

sobre estos 2 capitulos creo que es una introduccion que presenta al personaje protagonista como esta plantado en este mundo me gusta el diseño de este pues creo que pose una linea comun nada fuerade lo normar ni fantastico en lo personal estoy algo canasado de los personajes forzados y situaciones irreales creo que gazel como personaje tiene potencial de creser sera interesante mira como se desarrolla un poco mas de esta historia ademas esta intrigante esas 2 hechiseras que por la descripcion que manejas poco deben tener de plebeyas seguro una historia trajica se esconde detras de ellas
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Re: Consulta por escrito

Mensaje por Seba el 2017-05-09, 23:51

Primero agradecer las molestias tomadas por leer lo que he compartido y más aún por tomarse la molestia de dar los comentarios que han sido de mucha utilidad!

Silvanash
Gracias por el comentario. Soy consciente del fallo narrativo que tengo y que es muy pesado de leer en ocasiones, pero admito de igual forma que en muchas otras partes está hecho adrede ya que singularmente es la forma en que me gusta expresar ciertas cosas… eso no quita que puedan ser complicadas de entender o de leer fluidamente excepto para mí.

Por lo que consta de vocabulario, sinceramente desde lo personal no lo considero forzado pero es muy importante saber que puede sentirse como tal. Lo tendré en cuenta y cuidaré que palabras uso.

Me mantendré re leyendo para encontrar ese punto de narración fluida como tú dices, porque tienes toda la razón, en las correcciones que he aplicado hasta el momento he tenido varias ocasiones esas trabas sobre lo escrito, así que falta seguir puliendo.

Tha_borza
Gracias por el comentario.

¡Juro que las palabras salen por si solas! No puedo darme cuenta de si en verdad complico las situaciones simples, puede ser, he notado fallos aunque en muchas frases considero las palabras certeras. Entiendo lo que sugiere el artículo que mencionas, pero también decir que tengo bastante confianza de lo que escribo y como lo escribo, de corazón digo que no hay intentos de camuflar ni dar aires cultos, simplemente ha sido la forma en que me expreso y me gusta.

Por otro lado, desde mi punto de vista me gusta variar el vocabulario en la medida de lo posible, en especial para omitir cualquier redundancia. Ha sido una elección personal que se adapta a “mi estilo”, quizás demasiado de aficionado, pero realmente muchas de las cosas cuando las re leo me gustan como están, obviamente hay muchas otras en que acepto los errores y busco la manera de cambiarlos o mejorar.

Tu consejo para el inicio me ha gustado, lo tendré en cuenta. De momento intento avanzar más de lo que me quedo corrigiendo, en especial para saltar ese temprano estancamiento. ¡Cuando dé otra mirada más a fondo tendré que volver a pasarme por el post!

Con respecto a Ganzel supongo que se irá justificando con el correr de la historia como personaje, no sabría decir muchas cosas más sobre él ahora.

PD: si tengo cierto fetiche con el rubio, pero en las mujeres :P

Por otro lado, comentar juegos nunca está fuera de lugar mientras se haga con criterio (no se debería considerar necroposting, al menos si el autor sigue “activo”… aunque quizás no aplique mucho en mi caso jaja) Pero gracias por darle la probada y que te de esas sensaciones positivas. Sin duda el sistema de batalla es el gran fallo del proyecto y no es un apartado prioritario, pero sigue siendo complicado resolver ese apartado. Aún existe la posibilidad de que no haya ninguno…

Rigel
¡Gracias por comentar! Y pobre burro 

Es igual de bueno que para unos le gusta la forma como está escrita. Igual admito que hay graves fallos de narración que hacen la lectura un tanto complicada, y quizás algunas situaciones pudieran expresarse de mejor manera, pero estoy contento con el resultado actual y ante cualquier cambio solo puedo prometer que serán mejoras. Pero gracias por comentar que te gusta el estilo actual.

Ojalá los personajes puedan ser distinguibles y no caer en ningún cliché y mucho menos en una forzosa falsedad. Y bueno, sobre las dos mujeres no puedo tampoco decir mucho más porque no tendría gracia, ojalá pueda develarlo con más capítulos algún día.
Muchas gracias por los comentarios/opiniones/criticas. Me son muy útiles para seguir generando una idea general de la visión de otros sobre la obra, ayuda un montón saberlo. Ahora queda encontrar el punto medio entre lo que quiero y lo que no tengo que querer ja.

Muchas gracias por tomarse las molestias de leer.

Saludos
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Seba
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