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Crónicas de SoD: El Infortunio

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Crónicas de SoD: El Infortunio

Mensaje por Danryu el 2015-10-03, 21:30

Buenas a todos,
quiero dejarles con un pequeño trozo de una novela. En ella se narran los hechos acontecidos en uno de mis proyectos desde una perspectiva totalmente diferente, y dado que soy nuevo escribiendo, quisiera saber su opinión al respecto.
Espero que os guste.

El Infortunio


Silencio.

Fueron pocos minutos de silencio antes de que el Infortunio llegara, unos minutos en los cuales sentí cómo la vida desaparecía de la tierra lentamente, cómo todo aquello que quería iba a dejar de existir consumido por la oscuridad. No había vuelta atrás, era el final para todos, pero, de algún modo, mi corazón latía con fuerza, como si se negara a desaparecer, en un burdo intento de librarse de ese fatídico Destino al que ahora todos estábamos condenados.

¿Qué somos nosotros los humanos más que meros peones en el juego del Destino? La tierra tembló, el cielo oscureció, sólo pude atisbar por última vez la Luna, una Luna llena como jamás la había visto. El sonido de las aves  fue lo siguiente que se oyó aquella noche, animales testigos del fin que huían también lejos del reino, volando, libres, por lo alto de la ciudad. Me detuve en ese momento entre la multitud que también huía sin sentido, sin ninguna dirección. Entonces lo vi. Se acercaba volando, dejando un rastro de oscuridad, muerte y destrucción, un rastro tras el cual se elevaba un oscuro mar helado lleno de oscuridad. Era el falso Dios que regresaba a Palacio, a su amado Reino, para la Batalla Final.

El Infortunio estaba aquí.

El silencio reinante se transformó en un agónico y desesperante  bullicio, sólo roto por el sonido de las campanadas de Palacio. Eran las campanadas que indicaban el final de todo para mí, pero por alguna razón, dieron la sensación de esperanza. La gente empezó a correr ahora en una dirección, en una carrera absurda por llegar al Palacio, el único lugar donde siempre habíamos estado a salvo, y donde una vez más, nos reclamaban para protegernos. El Corazón de Seiryu, esa emblemática piedra, brillaba en lo alto del Palacio, con su cálida y hermosa luz azul, el Cristal aún transmitía la sensación de que nuestro Dios no nos había abandonado, de que, de algún modo, nos protegería una vez más. Imaginé que las campanadas significaban que la Orden de Seiryu había tomado el Palacio, y que de algún modo, nos iban a proteger a todos del Infortunio. Una gran estampida de gente se abalanzó sobre mí.

No pude moverme ni correr. Sólo sentía como aquella multitud me golpeaba, así que intente proteger con mis brazos a mi pequeño Dylan. Vi  cómo se abalanzaban unos sobre otros para llegar antes a las puertas del Palacio y refugiarse –Ilusos- pensé;  pude ver una vez más como el instinto humano de supervivencia aflora en los momentos más difíciles. El bullicio empezó a ser ensordecedor, roto por el llanto de los niños arrastrados por las masas, aquellos desgraciados que no podían seguir el ritmo eran aplastados por su propia gente.  La naturaleza humana es cruel, y en los momentos donde nuestra vida peligra, nuestros corazones se vuelven oscuros, pues solo la oscuridad nos permite obtener la fuerza necesaria para salvarnos a nosotros mismos. El Infortunio no era diferente. Una luz cegadora en lo alto de Palacio silenció los gritos. El silencio reinó de nuevo unos segundos. Dirigí mi mirada a lo alto del Palacio, y comprobé que el Cristal brillaba con fuerza.  Como un nuevo Sol, sus rayos iluminaban la ciudad herida por la batalla de ese mismo día.

Fue entonces cuando los guardianes de la ciudad se levantaron. El Corazón de Seiryu latió e impulsó a los titanes de piedra a defender el Reino.  Los Guardianes del Reino permanecían durmientes como símbolo de la grandeza de Seiryu desde tiempos inmemoriales, pero ahora, habían sido despertados para cumplir con su deber para con el Reino. Colosos de más de cien metros de alto se elevaban por el reino, bordeando la zona exterior de la ciudad, protegiendo el Palacio y el Cristal del falso Dios bajo el comando de la Sacerdotisa que se debía encontrar en lo alto del Palacio. De alguna manera sentí de nuevo en mi corazón esperanza. Estaba confusa -Si los Dioses han escuchado las plegarias de la Sacerdotisa, si de algún modo nos ha otorgado la protección de los Guardianes, quizás esto no sea el fin, quizás exista esperanza-Pensé. No quería morir. No quería que Dylan muriese.

Mi corazón volvió a latir con fuerza.

Mientras la gente volvía a darse cuenta de lo que realmente estaba pasando y reanudaban su camino al Palacio, yo no pude dejar de observar aquella escena. Colosos de piedra se enfrentaron al enorme Dragón negro que llamábamos  “Falso Dios”. Dos guardianes se adelantaron a detener al dragón, y con cada pisada, el suelo temblaba bajo mis pies. El dragón atacaba con fuego helado, un fuego oscuro que olía a muerte. Tras él, dejaba un cielo roto del cual emanaba una oscuridad que jamás había visto, fuego negro y extrañas criaturas de oscuridad a los que los Guardianes se enfrentaban ahora. No tardó mucho en caer el primero Coloso. Un ruido estrepitoso envolvió la ciudad al caer. Sin embargo, los Guardianes no se rindieron y siguieron luchando, varios colosos cayeron, sí, pero muchas criaturas oscuras también. Y fue entonces cuando me di cuenta que debía intentar avanzar hacia el Palacio si quería sobrevivir, que, quizás, esa fuese mi única salvación.

                                                                         
Busqué con la mirada un camino entre la multitud, un camino donde no hubiese mucha gente y pudiese atravesar con Dylan en mis brazos sin que nadie me golpease. Aún me dolían los golpes de la gente por todo el cuerpo. Me di cuenta entonces de los estragos de la primera avalancha. Varios cuerpos sin vida se encontraban ahora en el suelo. Pequeños cuerpos sin vida y otros heridos cuyos gemidos de dolor se entremezclaban con el  sonido de la batalla de los Guardianes.  Podría haber ayudado a alguno de esos heridos, pero no lo hice. Me dirigí por una calle junto a varias personas, niños y mujeres que como yo buscaban la manera de llegar a Palacio evitando la multitud y los cadáveres y heridos. Quizás era una excusa para no verlos y sentirnos mejor. El ambiente era extraño, se sentía el pánico en las calles, el miedo, pero los colosos habían devuelto algo de tranquilidad y falsa esperanza a la gente. Mi mirada se cruzó con una joven que como yo llevaba a su hijo. El niño tendría cuatro o cinco años, y aunque el pequeño Dylan era un bebé, me sentí identificada con aquella joven.  Lo llevaba de la mano, como si nadie ni nada pudiese romper esa unión entre ambos, una unión que llenaba sus corazones de tranquilidad. Todo irá bien- le decía, pero cuando vi sus ojos, ambas nos dimos cuenta de que nada iría bien. Que pasara lo que pasase aquella noche, nuestras vidas ya no volverían a ser las mismas. Seguimos adelante dejando atrás a heridos. A niños. A ancianos. Ella me miró con esa mirada de culpabilidad, como si estuviese buscando algún tipo de consuelo en mi mirada. Yo le sonreí, a lo que ella me devolvió una sonrisa afablemente. Sería la última vez que sonreiría. Mi corazón es oscuro, quiero sobrevivir. No puedo quedarme atrás ayudando a la gente.
Un gran rugido heló mi alma entonces.

Me volteé en ese instante, y fue en ese momento cuando el dragón cayó víctima de un ataque y lo perdí de vista. Sin embargo, los temblores no paraban de sacudir la tierra, y el Infortunio avanzaba como un muro de agua helada como la muerte, lenta pero inexorablemente hacia la ciudad. Sólo veía llamas heladas a lo lejos, varios colosos heridos, y aquel enorme muro de fondo. Me apresuré a llegar a la plaza y salir de aquella calle, temerosa de una nueva estampida. La confusión se instauró entre todos los que estábamos allí parados- ¿Ha caído el Falso Dios?- Me pregunté. Una nueva luz emanaba del Cristal en lo alto del Palacio, y como de  una llamada se tratase, los colosos cambiaron su rumbo hacia el Palacio. El sonido de los pasos de los colosos acercándose al Palacio retumbaba ahora en toda la ciudad. Pisaban a la vez, estaba segura de ello, como si de una sola fuerza se tratase, avanzaban al mismo son. ¿Por qué vienen?- me pregunté -¡Van a crear a crear una Barrera!- escuché. Eso tenía sentido. Quizás iban a parar el Infortunio de algún modo. Entendí entonces que el sonar de las campanas del Palacio era para acercar a la gente a la zona central del reino, cerca al Palacio, que tal y como quería pensar en ese momento, nos iban a proteger. Mi corazón se inundó de alegría al saber que finalmente  iba a sobrevivir. Los Colosos empezaron a acercarse y bordear el Palacio de forma circular. Si me hubiese quedado ayudando o rezagada, hubiese quedado fuera del límite seguro, pero ahora estaba dentro y a salvo, pensando, ilusa de mí, que todo aquello iba a acabar pronto.

Un segundo gran resplandor iluminó los cielos y, como uno solo, los colosos extendieron sus brazos. Tras eso, empezaron a dar una gran palmada de la cual se creaba una gran barrera. El sonido de esas palmadas se unía a los destellos del Cristal, y parecía que la noche se había vuelto día. Yo estaba justo en el límite, cerca de uno de esos grandes colosos. Por un momento pensé que ese sonido me mataría, pero me di cuenta que a pesar del gran estruendo, era ese sonido lo que aliviaba el temor de mi corazón. Poco a poco, las barreras de cada coloso se unían en una sola, fuerte y grande, que poco a poco envolvió el palacio y la zona central. Era una barrera de color azul, hermosa, cálida y llena de esperanza, que también protegía mi corazón y el de todos nosotros, una hermosa cúpula de cristal azul como la mar. Nadie se percató de aquellos que quedaron tras la barrera, de aquellos que dejamos atrás para llegar a una zona segura, ni tan si quiera de aquellos que intentaban cruzar la barrera y desaparecían en el intento. Sólo nos sentimos felices por poder sobrevivir bajo el amparo de Seiryu.
Hubo unos instantes donde nadie sabía exactamente qué iba a pasar, nos mirábamos unos a otros buscando respuestas. Hubo un grupo que se adelantó al Palacio,  los demás nos quedamos en la plaza, intentado recobrar el aliento. Sabíamos que las puertas estarían ya colapsadas de gente, y que sería imposible entrar en el Palacio. Pude ver como la joven que me había cruzado momentos antes en la calle se quedó hablando con el niño. Otro muchacho preguntaba por su esposa, temeroso de haberla perdido para siempre en el otro lado de la barrera, y muchos otros intentaban entender que estaba pasando mientras rezaban. Nadie hubiese imaginado lo que iba a pasar. Nadie jamás podría haber pensado que nuestra última esperanza iba a desaparecer.

La tierra volvió a temblar.

Un rugido de venganza, de poder, de supremacía, atravesó la barrera y entró en nuestras cabezas. Era el rugido del dragón, pero esta vez no era de dolor. Lo vimos bien desde la plaza. La joven se levanto atónita mientras miraba al cielo al otro lado de la barrera. Yo seguí su mirada. No quería comprobar lo que ya sabía. No quería ver al Falso Dios. Pero allí estaba, sobre lo alto de una de las torres de la ciudad. Majestuoso. Temible. Pude ver la muerte en aquellos ojos brillantes. Entonces el mundo entero tembló. Una oscuridad envolvió al dragón negro. En ese momento pude verlo con claridad. Tras despejarse esa oscuridad, allí estaba. El Rey en su forma humana empuñaba la Espada del Destino contra nosotros.  Y elevando esa espada, el cielo sobre él se abrió, y bajo la cúpula que nos protegía pude ver la Luna. Una luna que ya antes había visto. Y sabía lo que significaba. Siempre lo supe.

El Rey exigía su trono tomado por La Orden de Seiryu y por la Sacerdotisa que momentos antes había conseguido derrotarlo con la ayuda de los colosos Guardianes. Y elevando la espada preparó su ataque final contra la Orden. Su espada se tornó como el hielo, con un resplandor parecido al Cristal que se alzaba sobre el Palacio, y tras ese resplandor, una fuerte luz de muerte iluminó la tierra. La cúpula entera se iluminó, protegiéndonos de aquel poderoso y temible ataque. Pude ver como acudían a la espada las almas de aquellos que quedaron fuera de la barrera, de cómo los cuerpos se abrasaban en fuego helado y sus almas eran arrancadas para acudir a la llamada de la Espada del Destino, de cómo el mundo temblaba ante aquel poder. Nosotros permanecimos a salvo tras la barrera, pero por poco tiempo. Lo llamaban el falso Dios, pero su poder era mayor que cualquier otro. Así quiso demostrarlo.

Empuñó la espada contra nosotros, y usó ese poder que tanto temíamos. Un gran halo de luz cegadora salió de la espada que empuñaba el Rey. No recuerdo exactamente cómo fue, ni cómo se oyó. Hubo un silencio total antes de un estruendo tan fuerte que hizo el suelo resquebrajarse. Sólo recuerdo que, como un cristal, la cúpula fue destruida en miles de trozos. Abracé fuertemente a Dylan esperando protegerlo, intentando evitar que fuera herido. Pero no nos pasó nada. Cuando recuperamos la vista y el oído, trozos de cristal caían del cielo, como un lamento de los dioses. Algunos estaban en el suelo, de rodillas, rezando. Otros empezaron a correr, pero la mayoría, como yo, nos quedamos inmóviles, sin decir palabra, observando.

Pude ver como el Falso Dios, envuelto en oscuridad helada, se lanzó al cielo mientras se transformaba en dragón y se dirigía a lo alto del Palacio, dejando tras de sí un rastro de muerte y oscuridad que pronto envolvió todo el cielo de nuevo. Bajo él, la tierra se abría, engullendo las calles y almas de aquellos que allí se encontraban. La gente dejó de correr, no había donde ir. Como un torbellino, nubes oscuras abrazaban el Palacio mientras la cúpula acababa por destruirse. Los colosos no pudieron hacer nada por evitar al dragón,  y la última batalla empezó en lo alto del Palacio, bajó la luz azul del Corazón de Seiryu.

El Infortunio estaba ya en la ciudad, sentíamos la vibración constante de la tierra. Y el pánico estalló. Abracé a Dylan de nuevo, mi corazón aún latía con fuerza y ardía en deseos de sobrevivir. Si derrotan al Rey, puede que todo acabe…- me decía. Ilusa de mí. De algún modo, todos esperábamos que alguien solucionase aquello. Todos pensábamos que la batalla sería ganada por la Orden de Seiryu, que el Rey sería destruido y su maligno poder se desvanecería, evitando el Infortunio y librándonos del Destino al que habíamos sido condenados por el falso Dios. Siempre ha sido así, ¿no?- me dije. Después de todo, son los héroes los que siempre evitan la destrucción. La esperanza aún brillaba en mi interior. De algún modo, quería sobrevivir al Infortunio, lo deseaba con todas mis fuerzas.

Oí un cantar que me despertó de mis pensamientos. Me di cuenta que procedía del centro de la plaza, junto a la estatua de Seiryu, el dragón azul que el reino adoraba. La joven le cantaba una antigua nana al niño, que lloraba desconsoladamente bajo la estatua de Seiryu. Era una canción que se llevaba recitando en el reino desde el principio de los tiempos, una canción plagada de esperanza y luz. Y en cierta manera, ese cantar avivaba la esperanza en mi corazón también. Pronto otros se unieron al cántico, y cuando me di cuenta, yo misma estaba cantando. La ciudad herida se envolvió en un cantar poco a poco que fue acallando los gritos de agonía de la gente. La esperanza de volver a ver el amanecer inundó mi corazón, y lágrimas empezaron a humedecer mis mejillas. Recordé todo lo que había pasado para llegar a este punto, toda mi vida, mi felicidad y mi sufrimiento. Dylan se quedo dormido inesperadamente. Era sólo un bebé. Entonces dirigí mi mirada al Palacio, y con el corazón envuelto en un sentimiento confuso de esperanza y tristeza, le rogué a los dioses que me dieran una oportunidad para sobrevivir. Y así fue como lo vi. El Corazón de Seiryu, el hermoso cristal azul que nos bendecía con su luz, se apagó.

La sacerdotisa ha muerto.

Una gran onda salida de lo alto de Palacio acalló el canto de la ciudad, despejando las oscuras nubes que cubrían el cielo. La Luna asomó por última vez justo encima del palacio, una Luna llena roja, la Luna de Sangre. Los colosos se desvanecieron, como rocas inertes, y cayeron al suelo, dejando columnas de humareda y polvo que llegaron hasta la plaza. Su conexión con la Sacerdotisa desapreció, y supe que entonces ella también había perecido. Hubiésemos muerto aplastados si el coloso hubiese caído hacia atrás, pero el Destino quiso que siguiéramos con vida. Una segunda onda más fuerte que la anterior dejó tras de sí un extraño sello grabado en el cielo, y aquella poderosa espada flotando en el centro, bajo la Luna Roja. Nadie la portaba.
Auroras aparecieron en el cielo mientras el viento empezaba a hacerse oír junto al temblor de la tierra. Mi corazón se unió a ese temblor, y el miedo empezó a inundar mi alma. El primer rayo fue el aviso. Agarre fuertemente a Dylan en mis brazos y empecé a correr sin sentido.  El pánico se extendió por la ciudad. El sonido de los cristales acompañaba a los rayos. Los edificios empezaron a caer mientras la tierra se abría soltando fuego del interior, y piedras se abalanzaban sobre nosotros desde lo alto de las torres que se desmoronaban como construcciones de arena. La calle por la que llegamos pronto se lleno de piedra y humo, colapsándose, mientras algunos intentaban salir de ella corriendo. Me paré de nuevo evitando las rocas que aplastaban a aquellos sin suerte, y regresé mi vista hacia atrás. La estatua de Seiryu cayó tras un rayo que la destrozó por completo, y la joven que momentos antes cantaba al niño, lo llevó corriendo de la mano lejos de allí, justo cuando el suelo se abrió ante mis ojos y los engulló a ambos. Cayeron juntos y no se soltaron jamás. El abismo de fuego se extendió de la plaza hasta varios metros, cayendo en él decenas de personas que intentaban cruzar en ese momento la zona. Miré a los lados en busca de un modo de salir de allí, pero me di cuenta rápidamente que me costaba caminar sobre la tierra temblorosa. Mi corazón temblaba de terror y sólo pude observar el cielo. El Infortunio estaba a pocos metros. La Oscuridad helada engullía los edificios, destrozándolos como castillos de naipes. Pronto la calle se despejó de polvo y pude ver como el Infortunio avanzaba sobre mí como una gran ola de oscuridad helada. Algunos aún corrían cuando el Infortunio los engulló. No pude apartar la mirada de cómo arrasaba y engullía todo, de cómo cuanto más se acercaba a mí, mi corazón más se helaba. Dylan empezó a llorar, y mi corazón se rompió en mil pedazos. No podía moverme. No pude correr. Justo cuando nos engulló, cerré mis ojos y abracé a Dylan, como si de algún modo, pudiese protegerlo de aquel fatídico Destino.

Mi corazón es oscuro. Incluso en el último momento, quise sobrevivir. Intenté seguir escuchando el llanto de Dylan, pero no pude. No sé qué fue de mis brazos, no sé si lo solté o si sigue conmigo en mi pecho. No siento nada. Sólo siento un vacío total y sólo una cosa reina;

silencio.


Última edición por Danryu el 2015-10-22, 13:07, editado 2 veces (Razón : Capítulo completo.)
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Re: Crónicas de SoD: El Infortunio

Mensaje por Mackton el 2015-10-04, 00:51

Excelente, Danryu! Está muy bien escrito y la situación que narras es muy vívida. Me gusta que empiece así, en el medio de la conmoción, revelando la situación a medida que se va desencadenando. Y que termine dejándonos con la intriga de lo que va a suceder. Felicitaciones! Fue una lectura fluída, ineresante, y mientras, con la imaginación, iba recreando lo que relatabas, completando los detalles con cada párrafo. Espero la continuación!
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Re: Crónicas de SoD: El Infortunio

Mensaje por Danryu el 2015-10-22, 13:09

Muchas gracias por tu opinión, he intentado narrarlo de tal manera que la imaginación complete los detalles y conseguir el sentimientos que me cuentas, así que me alegro mucho. He subido el resto del capítulo. Espero que te guste!
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Re: Crónicas de SoD: El Infortunio

Mensaje por Seba el 2015-10-22, 23:33

¿Qué tal, Danryu? Me he dado una leída también de tu texto :D. La verdad que desde el inicio podríamos decir que re junta muchos clichés, pero ya empieza de forma muy épica y la narración hes genial. Me he enganchado desde el principio y ha sido muy fácil de leer, una lectura ligera y bien estructurada, aunque recién hasta la mitad ya va tomando un rumbo más fijo saliendo de los tópicos fantásticos.

Igual admito que en las primeras líneas, antes de que se introdujeran datos concretos del mundo, pensé que se trataba de algo contemporaneo (al estilo la guerra de los mundos), se genera mucha tensión en el primer párrafo, y eso me ha gustado, después todo se va volviendo épico y ya el tramo final es más sentimental, y de cierto modo se va logrando emocionar, porque también has sabido llevar los datos que se van soltando, me ha gustado.

Se espera la continuación al igual que Mackton :D, aunque viendo ese final, no predigo mucho futuro para la pobre mujer xD... aunque Dylan ya va perfilándose a futuro héroe ¿quizás?

Muy lindo todo (Y). Siga así!

Saludos
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Seba
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Re: Crónicas de SoD: El Infortunio

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